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José Cueli

El tiempo

El tiempo, en su posible articulación con el espacio y el ser ha sido motivo de profundas disertaciones en diferentes ámbitos de las ciencias y las humanidades.

Quizá debiéramos empezar interrogándonos acerca de la forma en que fechamos el origen de nuestra historia. ¿Por qué privilegiamos un evento acaecido hace dos mil años para cifrar el devenir de nuestra historia? ¿Por qué soslayamos lo acontecido previamente si contamos con datos científicos que comprueban la existencia del hombre sobre la tierra muchos años atrás? ¿Qué pasa con ese fragmento de historia perdido?

Los judíos empiezan su cuenta a partir de la creación del mundo, los latinos a partir de la fundación de Roma, los musulmanes a partir de la Hégira o marcha de Mahoma de La Meca a Medina. Sucesos históricos relevantes más cercanos en el tiempo como lo son las revoluciones francesa y la rusa, ocurridas en nuestro siglo intentaron ser utilizados para modificar el calendario cuantificando el tiempo a partir de lo que consideraron el centro de la historia moderna, que según ellos se vería signado por la caída del antiguo régimen. Estas reflexiones conducen a una convicción muy seria, que rompe con los cánones establecidos. El tiempo fluye sin meta y sin sentido si no tiene algo que le brinde referencia y que le otorga entonces orden, finalidad y credibilidad. El tiempo sin el ser es insensato, salta de sus goznes.

La idea de una temporalidad lineal representada por la secuencia presente, pasado y futuro es una tentación que siempre nos acecha, pues brinda un fundamento a todas las certezas del pensamiento que no sabe más que de las certezas que ofrecen las experiencias conscientes. El asunto se torna aquí una aporía ya que no hay consciencia de lo inconsciente.

El sicoanálisis freudiano coloca el dedo en la llaga con su descubrimiento del inconsciente ya que a partir de ello, espacio y tiempo, yo y sujeto ya no pueden ser pensados en la misma forma. El concepto de nachträglichkeit rompe la ilusión de una temporalidad lineal. Los sueños nos demuestran la existencia de un "tiempo fragmentado", es decir, de un tiempo que no tiene que ver con la idea de una sucesión tripartita ordenada en presente, pasado y futuro. En el sueño todo es presente puro. Si el contenido de los sueños puede estar influenciado por el soñante, el trabajo del sueño escapa a esta intención. Esta fragmentación del tiempo es el resultado de un trabajo inconsciente.

El sicoanálisis contemporáneo buscó soluciones útiles e ingeniosas para teorizar sobre los espacios síquicos, pero se descuidó lo concerniente al tiempo. Winnicott, por ejemplo, acuña la noción de espacio transicional; Bion teoriza el modelo de las relaciones entre continente y contenido; Bouvet propone la figuración fantasmagórica de una relación pulsión-objeto a partir de la clínica de la transferencia; Viderman, desde una perspectiva constructivista, describe un espacio analítico donde se forjan significaciones. En contraste con esta riqueza conceptual en cuanto al espacio encontramos un vacío significativo en cuanto a las teorizaciones sobre el tiempo hasta ese momento.

 
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