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Los inviernos con poca nieve retrasan la siega, lamentan los viticultores

El cambio climático amenaza la cosecha de uva helada en Quebec

Con el fruto se produce vino de hielo, considerado por EU y Asia "oro líquido"

Se recoge a menos 8oC para desarrollar aromas de miel

Canadá exporta anualmente 120 mil litros en el mundo

AFP

Ampliar la imagen A causa de las heladas, las uvas de Dunham aportan al paladar sabores dulces y frutales Foto: Ap

Dunham, Canada, 17 de enero. En un campo tapizado con una fina capa de nieve, los vendimiadores recogen con cuidado uvas heladas, joyas para la base del vino canadiense helado, "oro líquido" apreciado por los estadunidenses y los asiáticos, pero cuya producción está debilitada por los cambios climáticos recientes.

"Prueben esto, es caramelo", dice Charles-Henri de Coussergues, copropietario del viñedo L'Orpailleur, en Dunham, en la "ruta de los vinos" de Quebec, unos 100 kilómetros al sudeste de Montreal.

La joya helada calienta el fondo del paladar para depositar aromas insospechados. "En noviembre y diciembre la viña está durmiendo, no aporta nada más a la uva, pero a causa de la helada y el deshielo el vino desarrolla aromas de miel, de chabacano y de lichi", explica este hijo de vinatero francés, de unos 40 años.

Las uvas son cosechadas por primera vez en otoño, y luego dispuestas sobre redes al aire libre. El agua se evapora y aumenta la concentración de azúcar del fruto.

Cuando la temperatura baja entre menos ocho y 12 grados centígrados, la uva se exprime durante las siguientes 24 horas para dar vida a este oro líquido, apreciado por los aficionados de los postres y el foie gras.

Como primer productor mundial, Canadá exporta unos 120 mil litros al año, cuyas botellas se venden a precios muy elevados, según datos del Ministerio de la Agricultura y de la Industria Agroalimentaria.

Taiwán recibe un cuarto de las exportaciones de vino canadiense, seguido de Singapur, Japón y Estados Unidos.

"Los estadunidenses están fascinados por nuestras cosechas de uva a menos de ocho grados en pleno invierno. La confección misma tiene algo romántico, salvaje, inhabitual", explica Deborah Pratt, del viñedo Innskillin, situado en Ontario, en Niagara-on-the-Lake, corazón de la industria vitícola canadiense.

Europeos también buscan el "oro líquido"

Si en los mercados estadunidenses y asiáticos crece la demanda de vino de hielo canadiense, Europa también se abre a este artículo de lujo que se aloja cada vez con más frecuencia en las maletas de los turistas junto con el tradicional jarabe de maple.

"Me fui de Francia en 1980 y ninguno de mis colegas creía que se podía hacer esto en Quebec. Hoy es mi venganza: tengo pedidos de Francia. Esto halaga el ego del vinatero", se jacta De Coussergues.

Pero los inviernos registrados el año pasado en el este de Canadá provocaron dolores de cabeza a los cultivadores, porque retrasan las vendimias y la uva corre peligro de secarse.

Las cosechas generalmente se efectúan en diciembre, pero este año están previstas para mediados de enero.

"Es completamente loco", dijo De Coussergues sobre los cambios climáticos.

"El último año nos confiamos, pensamos que era excepcional. Este año, aquí vamos de nuevo."

De Coussergues "es prudente" frente a esta evolución inquietante del clima, pero reconoce que desde el próximo año podría verse forzado a "considerar muy seriamente" su futuro como vinatero del frío, si el invierno deja poca nieve otra vez.

 
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