Usted está aquí: viernes 19 de enero de 2007 Opinión El rector De la Fuente

José Cueli

El rector De la Fuente

Juan Ramón de la Fuente, rector de la UNAM, recibió el domingo pasado en la Plaza México una ovación clamorosa. El torero Ignacio Garibay le brindó la muerte de un toro y el público estalló en una ovación unánime, cerrada. En los años que tengo de asistir al coso de Insurgentes, desde su inauguración, no recuerdo un reconocimiento semejante a un personaje de nuestra vida pública.

No en balde el rector De la Fuente ha llevado la UNAM de forma sosegada, a ritmo y a compás para propiciar el clima adecuado para el estudio, la investigación y la difusión de la cultura, pese a que el presupuesto de nuestra máxima casa de estudios es raquítico y lleva a realizar milagros y difíciles negociaciones. Sólo el ideal universitario permite su funcionamiento

Como bien dice el editorial de nuestro periódico de este miércoles, hay una brecha entre el "gasto destinado a sueldos exuberantes, aparatos burocráticos ineficaces y transferencias económicas al capital financiero internacional vía los pagares al Fobaproa-IPAB", mientras las instituciones académicas, científicas y culturales ven cada año disminuidos los recursos presupuestales destinados a sus respectivas tareas.

Todo esto redunda en atraso de nuestro país frente a las naciones desarrolladas. Así, el rezago de los países que descuidan su desarrollo científico y tecnológico se incrementa de manera exponencial en pocos años. Tanto, que nuestro atraso es hoy mayor que hace 50 años. Pienso en el rubro de ciencia y tecnología, en el cual el problema se agudiza.

René Drucker, en su artículo "La ciencia no tiene quien la defienda", comenta: "La actividad científica de este país siempre ha tenido que trabajar con escasos recursos. Ni el Ejecutivo ni la Cámara de Diputados han tenido para la ciencia algún interés real. De hecho, esto se puede comprobar fácilmente echándole un ojito histórico al porcentaje del PIB que se destina a ese rubro, digamos desde 1980 (o sea, un cuarto de siglo), y vemos que ha estado fluctuando entre 0.3 y 0.4 por ciento. En otras palabras, mientras en otros países la inversión en ciencia y tecnología fluctúa entre 1.0 y 4.0 por ciento del PIB (véase Suecia, Estados Unidos, Francia, Alemania, España, Corea, Japón...), México se aferra a mantener la inversión sin grandes cambios presupuestales y, más bien, dándonos el cambio que sobra en el presupuesto.

"Un dato sobre el efecto que esto tiene es que en México hay un científico por cada 8 mil 660 habitantes, aproximadamente. En Estados Unidos hay un científico por cada 237 habitantes, en Francia un científico por cada 184 habitantes y en Brasil un por cada 2 mil 237 habitantes. Por cierto, Brasil ya invierte casi uno por ciento de su PIB en ciencia y gradúa con doctorado a cerca de 10 mil estudiantes cada año, mientras nosotros graduamos poco más o menos mil 500."

Esto da idea de la poca importancia que el Estado confiere a la ciencia. Una y otra vez escuchamos a los científicos reclamar un presupuesto que nunca llega. Y si llega, es menguado.

Ha sido la del rector De la Fuente la voz que se ha escuchado en diferentes ámbitos culturales y políticos, llamando la atención sobre esta problemática que nos desplaza de la globalidad. Pese a lo que se diga, el número de marginados aumenta, engrosando las filas de la mano de obra no calificada.

La voz del pueblo es la voz de Dios. El pueblo aplaudió al rector De la Fuente, defensor a ultranza de la educación, la universidad pública y mayor presupuesto para la investigación científica y tecnológica, puntal del desarrollo del país. Políticas que no parecen entender los políticos ligados a los hombres del dinero. Al fin cada día estamos más a merced de los tiburones internacionales del dinero y sólo nos queda la mano de obra no calificada.

 
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