Usted está aquí: domingo 21 de enero de 2007 Opinión La Morelos

Angeles González Gamio

La Morelos

Así suelen referirse los capitalinos a la colonia Morelos, que hace unas semanas cumplió 124 años de su fundación, aunque realmente es el aniversario de la colocación de la estatua de José María Morelos, el héroe independentista, misma que había sido instalada originalmente en una pequeña plaza, situada frente a la mansión de los marqueses de Guardiola, en la avenida Madero. Mandada hacer por el emperador Maximiliano, la escultura fue trasladada por instrucciones de Porfirio Díaz, a la entrada de la entonces flamante colonia De la Bolsa. A los pocos años, durante una división política delegacional, fue rebautizada como colonia Morelos y en su seno quedaron incluidos tres de los barrios mas añejos y castizos de la ciudad de México: La Lagunilla, Peralvillo y Tepito.

De ello nos platica el culto y apasionado de su barrio, Alfonso Hernández, cronista de Tepito, quién hace años fundó y continua dirigiendo el Centro de Estudios Tepiteños de la Ciudad de México, que tanta información nos ha brindado sobre ese debatido enclave, que en muchos sentidos ha marcado la personalidad capitalina.

De La Lagunilla nos recuerda que en la época prehispánica existió una pequeña laguna, con un desembarcadero cercano al tianguis de Tlatelolco, donde, al decir de los cronistas hispanos, en los días de mercado acudían más de 20 mil vendedores. Su nombre original fue Atezcapan, que quiere decir "espejo de agua"y se encontraba entre las islas de Tenochtitlan y Tlatelolco.

La zona conservó su nombre a pesar de la desecación de la lagunilla que la bautizó y desde el virreinato se fue tornando en un barrio pintoresco, que funciona como bazar de antigüedades y sorpresas para coleccionistas de lo insólito, quienes encuentran "desde una pulga vestida hasta un camello disecado", comenta el cronista, quien pasa a hablar de Peralvillo, al que considera "el barrio padre metropolitano", cuyo nombre original fue Atenantitech, que significa "bordo de piedra".

Durante el virreinato en su calzada principal llamada de Santa Ana, había una ermita que servía de "humilladero" para los viajeros que daban gracias, por llegar con bien a esta entrada de la ciudad, o que salían de ella rumbo a la Villa de Guadalupe. Peralvillo fue el precursor del crecimiento urbano durante el virreinato, ya que fue aquí en donde los criollos que ya no tenían cabida en la primera traza de la ciudad, edificaron casonas y palacetes, algunas que aún sobreviven y hablan de las glorias pasadas del actual barrio popular.

Ahora hay preocupación de los habitantes, porque por ahí va a pasar el corredor turístico Catedral-Basílica, lo que seguramente provocará la especulación inmobiliaria en el vecindario y sus accesorias comerciales.

El cronista concluye con Tepito, barrio emblemático de la ciudad, "debido a la fuerza, bravura y resistencia con la que defiende su solar nativo y su pedazo de cielo". Su primer nombre fue Mecamalinco, o sea "barrio de los mecapaleros" del tianguis de Tlaltelolco, para luego ser llamado Tequipeuhcan, que quiere decir "lugar donde comenzó la esclavitud" pues aquí fue hecho prisionero Cuauhtemoc, lo que dio fin al imperio azteca. Del origen del apelativo Tepito hay muchas versiones, pero la que mejor lo explica es la descripción del cronista Hernández: "En la historia de la ciudad, Tepito lo ha sido todo: modesto barrio indígena, miserable enclave colonial, arrabal de la ciudad de los palacios, tianguis y tendajón de sobrinas, lunar y lupanar metropolitano, ropero de los pobres, abrevadero cultural de los chilangos, reciclador de conciencias e inconsciencias y tendedero existencial de propios y extraños".

Siempre en la lucha, ahora nuevamente los tepiteños la van a emprender, para protegerse de la construcción de un puente sobre el Eje 1 Norte, que pasaría sobre Tepito, así es que por lo pronto sacan a la luz, hoy en DVD, el documental que realizaron tres años antes del sismo de 1985, en el que se abocaban a la defensa del barrio que se pretendía arrasar, en aras de la "modernidad". Se va a presentar en la galería José Maria Velasco, situada en Peralvillo 55, que dirige con profundo compromiso Alfredo Matus. Por cierto hasta el 11 de febrero, ahí se puede admirar una formidable muestra de fotografías sobre Tepito, del gran artista de la lente Francisco Mata Rosas.

Como barrios de prosapia, los tres tienen buenos sitios para comer. Hoy vamos al Jorullo, en la calle de Libertad 119, en La Lagunilla, para saborear unos sopecitos de la casa para acompañar el tequilita y después compartir un buen molcajete, o si prefiere, las carnitas que preparan ahí mismo, acompañadas de su chicharrón crujiente y una cerveza bien fría, al fin que luego se calienta con un café y un rico arroz con leche.

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