Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 21 de enero de 2007 Num: 620


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Tres poemas inéditos
de Hölderlin
La cita
CLAUDIA GUILLÉN
Los traidores
(farsa circular)

JUAN TOVAR
Los perros de Estambul
RICARDO BADA
Alta infidelidad: bovarysmo a la inversa
ADRIANA CORTÉS
entrevista con ROSA BELTRÁN

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

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Reseña de Jorge Alberto Gudiño Hernández sobre Un canto pletórico


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MORALINEANDO (I DE III)


Ana de la Regue

Vaya usted a saber si sus cometedores tienen plena conciencia de los resultados que alcanzan pero, sea que se den cuenta o ni siquiera se aperciban, hay dos películas mexicanas recientes que, además de ser algo así como un compendio de los tics, las manías y los facilismos con los que acostumbra perpetrarse aquello que la sabia cinefilia popular conoce por los nombres de bodrio o churro, llevan implícita una carga tal de moralina que parecieran concebidas específicamente con el propósito de darle al público lecciones no solicitadas de aquello que --desde la muy particular y limitada perspectiva de productores/guionistas/directores-- es lo correcto.

Una de ellas, clasificada como C, continuaba en cartelera cuando estas líneas fueron escritas, mientras la otra, clasificada como B, entraba en su segunda semana de exhibición.

POR POQUITO

El título de la primera de ellas, dirigida por Teresa Suárez y con Ana de la Reguera en el papel principal, es obvio de tan explícito: Así del precipicio, que es como decir "a punto de que te lleve la chingada", es un poco el clásico esquema dramático de raising and fall pero al revés, ya que esta cinta –en la que algunos despistados han querido ver una localísima versión de Réquiem por un sueño--, ha sido armada argumentalmente en lo que se supone un cuesta abajo continuo de la protagonista, una joven mujer asistente de publicidad que cada vez consume más cocaína y, por consecuencia, cada día se mete en más problemas directamente originados en dicho consumo, hasta que un día toca fondo, frena la caída y alcanza a redimirse.

En términos argumentales no hay más, pues el resto consiste en un par de subtramas a cargo de otros dos personajes femeninos. El primero de ellos, con todo y representar un importante refuerzo del esquema de redención, sufre un desdibujo que se corresponde con lo que a fin de cuentas es su lugar secundario en la cinta, terminando por demostrar su inutilidad fundamental y su papel si no de relleno, sí de desperdicio. Se trata, ni más ni menos, que de las tentaciones lésbicas de una de las dos mejores amigas de la protagonista. El principal problema aquí no es la previsibilidad y el maniqueísmo con el que son manejadas dicha tentación, el cortejo al que es sometida la tentable, ni las dudas, los temores y las reticencias iniciales poco a poco vencidas, a fuerza de miraditas cruzadas con la tentadora y pláticas que se quieren francas y desabrochadas con las amigas. El mayor problema es otro y consiste, como ha sido y es costumbre en el cine de pretensiones edificantes, en descalificar todo tipo de preferencia sexual que se aparte de la heterosexualidad, lo cual sucede en Así del precipicio precisamente con el hecho mismo de proponer la práctica del lesbianismo como una de las formas posibles de "caer". Para colmo de confusiones morales, el guión permite inferir que si a fin de cuentas la tentable se arrepiente a tiempo y "endereza" el camino, se debe solamente al hecho de darse cuenta de que no está siendo sino una conquista más de la cazamujeres que supo engatusarla en un principio.

Mientras sucede todo lo anterior, es de suponerse que el tercer personaje femenino debería ser visto como la antítesis de la heroína del cuento, en el sentido de que a esta otra mujer sí se la lleva la chingada. Lo cual, desde luego, tendría que ser uno de los más poderosos motivos para el enderezamiento conductual de la protagonista, aunque Paradoja haya decidido que no tanto, ya se verá más adelante por qué. Se trata aquí de una mujer a la que se le ha querido dotar de aquello que sus amigas sí tienen, aunque no en cantidades suficientes: desfachatez, extroversión, aliviane, un sitio propio donde entregarse a sus posmodernos aquelarres de adicción a los opiáceos, relaciones personales basadas en la búsqueda y el intercambio de proporcionadores de placer, etecé. Más edificancia: de las tres amigas ella es la única que muere, víctima de sus vicios, al caer desde las alturas a las que torpemente –torpeza idéntica en la realización de la secuencia-- subió para no perder una mochila repleta de droga.

Cubra usted ambas subtramas con la pátina chocante de quien habla desde un podio de corrección moral, como no deja de sentirse ni un minuto en el tono de la cinta, y tendrá el marco adecuado para mejor ensalzar el trayecto descendente-ascendente de la protagonista, a través de cuya historia Todomundo deberá entender, supongo, que como dice la sabiduría popular, "al que obra mal se le pudre el tamal"…

(Continuará.)