Usted está aquí: lunes 22 de enero de 2007 Espectáculos En Rumania y en el resto del mundo los médicos viven en cámara lenta: Cristi Puiu

La muerte del señor Lazarescu, crítica a los deficientes servicios de salud, se exhibe en México

En Rumania y en el resto del mundo los médicos viven en cámara lenta: Cristi Puiu

JUAN JOSE OLIVARES

Ampliar la imagen Fotograma de la multipremiada cinta, que narra la odisea de un enfermo que muere por falta de atención. En la imagen: el actor Ion Fiscuteanu

Poco se sabe en México respecto de cinematografías como las europeas orientales si no es por festivales de cines, ciclos o muestras internacionales. La muerte del señor Lazarescu, de Cristi Puiu, ganadora de varios premios (uno de éstos en Cannes, Una cierta mirada) y estrenada en México el pasado viernes, es uno de estos casos de buen cine que puede llegar a las pantallas nacionales.

La muerte del señor Lazarescu, distribuida por Tarántula Films, es la odisea ­en muchos casos con resultado fatal­ que tienen que vivir personas enfermas, que van de un hospital a otro sin recibir la atención adecuada, debido a los deficientes servicios de los nosocomios, algo común. Rumania no es la excepción. "Al principio me pregunté: a qué clase de historia nos llevaría un E.R. al estilo rumano. Cuando uno ve las series de televisión estadunidenses hay movimiento hacia todas las direcciones, la escenografía es impresionante, pero yo no me las puedo creer. En mi país los doctores y el resto del mundo viven en cámara lenta, como si hubieran tomado Valium y tuvieran 500 años más para vivir. Hay tiempo para todo, ¿por qué la prisa? Sin embargo, yo quería explorar este mundo porque me proveía de material para crear suspenso. Extrañamente esta típica lentitud rumana refuerza la construcción de la tensión", comenta el realizador rumano, cuyo primer largometraje Staff and dough fue seleccionado en la Quincena de Realizadores, también del Festival de Cannes.

Una serie sobre Bucarest

Ahora, Puiu (ganador en el festival de Berlín por su corto Café y cigarrillos) con La muerte... comienza una serie de seis largometrajes sobre Bucarest. La terminó en 2005 y la segunda entrega, Escena del crimen, está en posproducción.

Puiu explica la génesis de esta serie: "Soy un gran admirador de Eric Rohmer, quería responder a sus Seis cuentos morales con mis Seis historias de los suburbios de Bucarest: seis historias de amor. Por muchos meses buscamos el tono exacto para la primera parte de esta serie, que narra la historia del señor Lazarescu y su lenta desaparición. La cinta habla de un mundo en el que el amor por el compatriota no existe, acerca de cómo la necesidad de ayuda de alguien es ignorada por todos los que lo rodean".

Simbolismo especial

Para el cineasta, la muerte de Lazarescu tiene un simbolismo especial, ya que en la cinta "los nombres Dante, Anghel, Virgil o Remus son indirectas simbólicas. Todo el mundo sabe que Jesús resucitó a Lázaro, pero nadie sabe de qué murió. Nuestra película podría ser la hipotética muerte de Lázaro en el siglo XXI en Rumania, en la indiferencia general, en un contexto marcado por la falta de comunicación".

No obstante, el cinematografista plantea una disyuntiva en esos espacios desolados que son los nosocomios: "Los doctores deben cuidar a los enfermos. En el hospital ellos deben permanecer fríos y distantes. Se enfrentan a alguien que sufre y ellos deben inspirar seguridad. Los doctores atienden entre 30 y 50 pacientes por noche. Enfrentarse con el sufrimiento a esa escala, ¡Inclusive hasta un ángel caído del cielo comenzaría a endurecerse! Un hospital con todo este movimiento ofrece el escenario perfecto para una comedia humana: quería dar a Lazarescu, las imágenes finales del mundo que está dejando. Al final, llaman a un doctor Angel, pero éste se mantiene invisible".

Puiu refiere que su trabajo viene de ese cine gringo alejado del mainstream. "Hoy, creativamente, me siento cerca del estilo de Raymond Depardon y John Cassavetes. Amo la economía de significados de Rohmer, su ética". Pero La muerte del señor Lazarescu muestra ese interior oscuro, un cine que, al final, se muestra lóbrego.

Se justifica: "Tengo miedo de morir. Cuando mi primera película Stuff and dough fue seleccionada para Cannes, en 2001, caí en una profunda depresión que duró dos años. En ese momento comenzó a acentuarse mi hipocondria.

"Inclusive aún tengo fuertes crisis, miedos y la ansiedad ataca. Inconscientemente tenía el sentimiento de que mis células iban a desaparecer."

 
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