Usted está aquí: lunes 22 de enero de 2007 Opinión Aprender a morir

Aprender a morir

Hernán González G.

De karmas y otras vainas

Dos correos aluden a recientes entregas de esta columna ­Italia, también, del 26 de diciembre de 2006, y ¿Aprender a qué?, del 10 de enero de 2007­, que por su planteamiento y duda respectivos transcribo.

"Noto superficialidad y precipitación ­escribe Angelina Villar­ cuando en su artículo califica de cínico al Tribunal Civil de Roma por haber rechazado la petición del paciente paralizado completamente hacía nueve años para que se le aplicara la eutanasia o el suicidio asistido, no tengo clara la diferencia. Hasta donde sé, todo sufrimiento es provocado por una ley de causa y efecto a la que se denomina karma, mismo que debemos pagar en subsecuentes encarnaciones, según haya sido nuestro comportamiento en la anterior.

"Entonces un sufrimiento, por insoportable que sea, si es interrumpido, interrumpe también el pago obligado, por así decir, de las faltas cometidas por esa persona, a la vez que impide su progresiva liberación, ya que deberá volver a pagar, pero sin interrupciones. Contra las leyes cósmicas nada se puede, excepto cumplir y aprender", acepta Angelina.

Respecto al karma y demás creencias religiosas hay que hilar muy fino a la hora de querer anteponerlas al ejercicio de una libertad individual, responsable e intransferible que le dé alguna dignidad a nuestra existencia. En este sentido, los ricos sin imaginación ni sensibilidad que creen cumplir con su responsabilidad humana y social generando empleos de salario mínimo pero acumulando más y más capital, ¿tuvieron antes una existencia virtuosa o tantos excesos y tanta frivolidad en esta vida les servirán de abono para la próxima?

Las religiones hace tiempo dejaron de aportar respuestas inteligentes o siquiera interesantes a la problemática existencial de los individuos, problemática reforzada por un sistema social suicida y estimulada por una televisión tan estúpida como su doble finalidad: embrutecer y acumular dinero. Ante esas falsas opciones de sentido de vida la libertad de cada quien, Angelina, sigue teniendo la última palabra.

Por su parte, Jorge Silverio dice: "Tengo la inquietud con respecto a unas líneas en la columna del 10 de enero: 'desaprender las incontables tonterías asimiladas en el hogar, la escuela, el catecismo o la sociedad'. ¿A qué te refieres con esta afirmación; sería posible que me dieras algunos ejemplos concretos sobre esto? Saludos".

Hogar, escuela, catecismo y sociedad no se sustentan en un piensa y actúa por ti mismo sino en el "si te portas bien..."; en echar a perder la existencia de sus miembros; en pasar papas calientes que desde siempre fueron rancias y frías; en machacar información inútil a los más pero muy provechosa a los menos; en asustar con diversos petates; en someter, heredar y premiar el sometimiento; en un torpe creced y multiplicaos, aunque no se tenga la menor idea de nada; en unos "valores" que proscriben la libertad, excepto para trabajar, reproducirse y consumir; en el aprendizaje temprano de depender y manipular, etcétera.

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