Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 28 de enero de 2007 Num: 621


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Hacer mella, cicatrizar, construir
JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
Sentir un dictado
OCTAVIO AVENDAÑO TRUJILLO
entrevista con ENRIQUETA OCHOA
Dos poemas
ENRIQUETA OCHOA
Economía y cultura. Botella al mar
ANDRÉS ORDÓÑEZ
Esperemos lo mejor, Ryszard
RICARDO BADA

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemolsostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Leer
Reseña de Gabriela Valenzuela Navarrete sobre Más allá de latitudes y poesía


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 


HUGO GUTIÉRREZ VEGA

PERSPECTIVA MEXICANA DE MAX AUB (X Y ÚLTIMO)

Lanzaba sus piedras y enseñaba la mano. Aceptaba alegremente todos los desafíos civilizados. Max Aub representa uno de los mejores aspectos del exilio español en México: la entrega generosa al país que abrió los brazos fraternales a un grupo de intelectuales, políticos, líderes sociales, artistas y periodistas que se habían quedado sin tierra que pisar y cuyas vidas, talentos y capacidad tenían mucho que ofrecer. Max se entregó sin restricciones.

En medio de su actividad cultural y viéndolo desplegar tantos esfuerzos, nos olvidábamos de que no era mexicano, en el sentido burocrático de la palabra. Se inscribió en una serie de luchas culturales y se involucró de tal manera en los proyectos y actividades críticas que, muy pronto, perdió su condición de extranjero y entró en polémicas, planes y discusiones por derecho propio y ganado con amor y entusiasmo. Insisto: no estoy haciendo un panegírico. Me limito a dar el testimonio de una deuda que México tiene con Max Aub, el hombre bueno y honesto, el artista, el intelectual, el crítico, el promotor cultural.

Ahora, mientras preparaba estas columnas, me puse a releer los artículos publicados por Max en El Nacional, La Revista de la Universidad y otras publicaciones. En ninguno de ellos encontré el deseo de halagar, en ninguno hallé concesiones o el tono protector del paternalismo. En todo se hace patente el rigor intelectual, la voluntad de llevar la crítica hasta sus últimas consecuencias para realizar así una labor de verdadero servicio a la cultura. Algunas almas pequeñitas no entendieron esta noble y ardua actitud de Max y, para atacarlo, esgrimieron los más baratos argumentos del nacionalismo elemental. Afortunadamente, estos argumentos y la obra de los que se sintieron agredidos, eran tan pequeños como sus personas y, en el balance final, triunfó la vida limpia y se impuso el rigor intelectual de nuestro compatriota. Max decía que uno es de donde ha hecho el bachillerato. Tiene razón. Y no le disputo a Valencia el honor de ser el lugar de nacimiento de Max, sólo quiero dejar constancia de que su vida, su obra y, fundamentalmente, su cátedra, enriquecieron a mi país y, en alguna medida, lo hicieron mejor. Este era el proyecto vital de Bertlot Brecht: "Dejar al mundo mejor de lo que lo encontramos al llegar." Max lo hizo. Aquí están los testimonios de su obra y de su vida para probar mi afirmación. El resto, como decía Shakespeare, es silencio.

Muchos personajes de sus novelas, obras de teatro y cuentos son valencianos asediados por el deseo de volver. Las vueltas de Max, a través de sus seres de ficción, se dieron en tres fechas: 1947, 1960 y 1964. Su Rodrigo "regresó a España el 24 de enero de 1964 y falleció de un infarto, exactamente dos meses después, acababa de cumplir sesenta y tres años". Max regresó a España varias veces y en sus visitas la suerte le fue a veces adversa, a veces favorable. El lo decía cuando hablaba de la muerte de José Carlos Becerra: "Edítese. Sólo así podremos rescatarlo de la muerte." Eso es "desamordazarlo y regresarlo", como quería hacer Miguel Hernández con Ramón Sijé, como lo exige una obra apasionada, llena de amor por la literatura: "a dentelladas secas y calientes".

jornadasem@jornada.com.mx