Usted está aquí: lunes 29 de enero de 2007 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega

Historia y hechos desmienten al gerente Calderón

Las nacionalizaciones nunca fueron tan dañinas como los saneamientos y rescates

Sin duda Felipe Calderón ha tomado muy en serio su papel como gerente en turno de la venta de garage (Mexico for sale) inaugurada 25 años atrás, pero alguien debió informarle sobre los resultados de la política privatizadora en el país porque, de tener el detalle, no se hubiera animado a sostener que "expropiación y nacionalización han causado un daño terrible" a México y América Latina. Pero nadie tuvo la cortesía, y lo dijo en Davos, Suiza.

De entrada, por una expropiación ­la cardenista de 1938­ es que el país y las finanzas nacionales no han terminado de hundirse, pero si los genios de Los Pinos echaran cuentas y sumaran lo que al país le ha costado, le cuesta, 25 años de "saneamientos", "salvamentos", "rescates", asunción de pasivos, subsidios y exenciones fiscales, ventas, compras, recompras y demás gracias de y asociadas a las privatizaciones, concluirían que por estos conceptos el erario ha gastado, gasta, más de lo que supuestamente obtuvo por el desmantelamiento de la infraestructura productiva del Estado.

Un segundo comentario presidencial, igual de ligero que el citado, fue lanzado en Davos: los mexicanos "votaron a favor del libre mercado". Difícilmente los mexicanos habrán sufragado como lo asegura Calderón. En el mejor de los casos, lo hicieron ­como cada elección­ por compromisos con la generación de empleo, salarios justos, combate a los monopolios, concentración del ingreso y demás mentiras que suelen decir los candidatos durante las campañas electorales, es decir, en sentido contrario de lo que el libre mercado les ha causado en los últimos 25 años. Necesitarían los mexicanos una carga brutal de masoquismo para votar a favor del libre mercado, como lo libremente lo interpreta el inquilino de Los Pinos.

Que los mexicanos, como los latinoamericanos en sus respectivos países, no han votado por el libre mercado ni las privatizaciones, lo ha documentado la organización Latinobarómetro desde 1995, cuando comenzó a sondear y encuestar el sentir de los habitantes regionales sobre varios temas, entre ellos los señalados. Así, en dicho año ­primer levantamiento­, 43 por ciento estaba en desacuerdo con las privatizaciones y el libre mercado; en 2005, 69 por ciento, lo que no parece fortalecer la tesis calderonista.

Y en el balance, esta organización concluye, con base en las opiniones de los habitantes de la región, que la insatisfacción de los latinoamericanos se incrementa como producto "de las falsas expectativas creadas en torno a las bondades que producirían las reformas económicas como las privatizaciones, y su impacto en la población", lo que ha producido "fatiga y frustración".

La onerosa experiencia privatizadora en México y América Latina tendría que ser más que suficiente para evitar nuevas aventuras "desincorporadoras" (léase energía), porque el erario no está como para iniciar una nueva temporada de "rescates", pero en vía de mientras va un rápido paseo sobre las privatizaciones, que ya hemos manejado en este espacio.

Miles de millones de pesos y una creciente factura social, entre otras muchas cosas, le ha costado al país la política privatizadora iniciada casi 25 años atrás. Prácticamente todo lo privatizado reventó, pero con el mismo equipo de "reformadores" el quinto gobierno de la temporada, el de Calderón, se apresta para transitar por ese mismo camino, tal vez hasta que el estallido social nos alcance.

Contrario a lo prometido por los "reformadores" cuando en el sexenio de Miguel de la Madrid se dio el banderazo de salida a tal política ("liberación" de recursos públicos para fines sociales, generación abundante de empleo con creciente remuneración, elevados niveles de bienestar, mayor crecimiento económico, etcétera, etcétera), cinco lustros después el panorama es deprimente.

Lejos de "liberarlo", el erario carga un peso cada vez mayor por el festín de los beneficiarios ­empresarios y funcionarios­ de la ola privatizadora, mientras el costo social y económico de los "rescates" privados con recursos públicos alcanza niveles verdaderamente pantagruélicos. Y la comilona no concluye.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, comenta que "al contrario de lo que supuestamente iba a lograr, la política de privatización ha empeorado tanto las cosas que en muchos países ya se le conoce como la política de sobornización; la retórica del fundamentalismo del mercado afirma que la privatización reducirá la búsqueda de rentas por parte de los funcionarios, (pero en los hechos) o bien se quedan con parte de los beneficios de las empresas públicas o conceden contratos y empleos a sus amigos". El "nuevo" gobierno mantiene la ruta de la privatización, en un país en el que dicha práctica no ha sido más que sobornización. Y la mira fija está en el sector energético.

El informe Sue Hawley, publicado en 2000 por la organización no gubernamental The Corner House, ubicó las raíces del pernicioso fenómeno de la corrupción en los procesos de privatización, desregulación y reforma del servicio social, impulsados por las mismas instituciones financieras internacionales y gobiernos donantes de Occidente que tan elocuentemente predican al Sur sobre el buen gobierno. El aumento de la corrupción en el planeta es en gran medida resultado de la rápida privatización de las empresas públicas. Las "reformas" han sido impuestas a los subdesarrollados por el Banco Mundial, el FMI y los gobiernos occidentales que apoyan a sus trasnacionales, las cuales pagan sobornos por alrededor de 80 mil millones de dólares anuales. Aún así, de lo que más se habla es de los sobornados, no de quienes sobornan.

Las rebanadas del pastel

Felicidades: Vincelipe Foxderón ya armó su primer pleito en gira internacional... ¿Fue chiste?: Zedillo y Fox lo hicieron de maravilla, asegura el inquilino de Los Pinos... ¿Cuál es el balance? crecimiento económico raquítico, desempleo creciente, pobreza galopante, concentración del ingreso, etcétera, etcétera.

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