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Alejandro Nadal

BRIC se escribe sin M

En 2003 la correduría Goldman Sachs publicó un estudio sobre el futuro de la economía mundial en el que hacía referencia a cuatro países claves: Brasil, Rusia, India y China. La tesis principal era que hacia el año 2050 estas naciones serían potencias dominantes y eclipsarían a las economías ricas de la actualidad. De aquí salió el acrónimo BRIC para designar a esos cuatro países.

La premisa básica del informe es que en cuatro décadas el BRIC tendrá un papel preponderante en las finanzas, comercio, industria, ciencia y tecnología a escala mundial. Su producto interno bruto será de unos 15 billones de dólares (calculado en paridad de poder de compra), magnitud superior al PIB del G6 actual (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Inglaterra e Italia). De acuerdo con esas proyecciones, cada uno de los integrantes del BRIC dejaría atrás a las economías del G6, salvo la de Estados Unidos (que sólo sería superada por China en el año 2045).

Durante su visita a Davos, Felipe Calderón descubrió el BRIC. Y en un arranque se atrevió a sugerir que de hoy en adelante, la sigla BRIC debería incluir una M de México. Pero entre el alarde y la realidad hay un abismo: el voluntarismo de Calderón sólo es comparable con su ignorancia del modelo matemático que sustenta las proyecciones del estudio de Goldman Sachs.

¿Es comparable la economía mexicana con la de los miembros del BRIC? Por muchas razones la respuesta es negativa. Para comenzar, las proyecciones de Goldman Sachs descansan en una premisa básica: el BRIC debe mantener instituciones y políticas favorables al crecimiento a lo largo de todo el periodo. Las modalidades pueden cambiar, pero el apoyo del BRIC a los componentes de educación y desarrollo científico debe ser constante. En México es al revés: el gasto per cápita en educación ha tenido un desempeño patético durante 20 años y el presupuesto de 2007 presentado por Calderón no anuncia cambios.

Para Goldman Sachs la estabilidad macroeconómica es importante, pero sin el esfuerzo científico-tecnológico endógeno el BRIC no llegaría muy lejos. En esos países, las instituciones para el desarrollo científico y tecnológico endógeno tienen larga historia. En Rusia y China los antecedentes están en su etapa de economías centralmente planificadas.

India y Brasil son caso aparte. El subcontinente asiático siempre mantuvo centros de desarrollo científico y tecnológico muy importantes. La industria nuclear en ese país no es un caso aislado y hay ejemplos en casi todas las ramas de la actividad económica, desde la agricultura hasta la industria automotriz y de máquinas herramientas.

Por su parte, Brasil siempre protegió la base industrial que México perdió hace dos décadas. La industria de máquinas herramientas, para poner un ejemplo, se fortaleció y diversificó en los años en que nuestro país entregaba todo al proyecto maquilador del TLCAN. Brasil también supo cuidar sus centros de investigación públicos que han sido claves para crecer y absorber tecnología extranjera. El gobierno mexicano los destruye. Hoy Brasil tiene tecnología de exploración petrolera a grandes profundidades que México ya no desarrolló porque hace años el gobierno prefirió asfixiar al Instituto Mexicano del Petróleo.

En el BRIC hay un común denominador: el Estado es factor clave para la adquisición de capacidades científicas y tecnológicas endógenas. Por eso destaca en industrias críticas para el crecimiento: desde el sector aeroespacial hasta la industria de maquinaria y equipo, farmacéutica, y electrónica.

El sector privado en India y Brasil también fue importante, pero los subsidios, el crédito y la protección fueron el almácigo en el que fructificaron las empresas privadas. En aeronáutica Brasil tiene la tercera fabricante de aviones en el mundo, pero Embraer comenzó como una empresa estatal y si pudo consolidarse en el mercado de aviones de pasajeros para rutas alimentadoras fue porque el Estado brasileño le entregó durante años el mercado doméstico.

En Brasil e India, la defensa de las empresas en materia de propiedad intelectual significó fuertes batallas en la Organización Mundial de Comercio. Si esos dos países hubieran abrazado el TRIPs de la OMC, como lo hizo México en los tiempos gloriosos de la Secofi, su industria farmacéutica estaría en el piso.

El informe de Goldman Sachs es engañoso. Los miembros del BRIC hicieron todo lo que el Consenso de Washington condena. México, en cambio, siguió las recetas del neoliberalismo y no sólo desmanteló su industria, sino que abandonó al sector ciencia y tecnología. Las políticas de Salinas y Zedillo, que con tanta zalamería ensalzó Calderón en Davos, implican renunciar a adquirir una capacidad científica y tecnológica endógena.

A Calderón le gusta el voluntarismo con iconos militares. Eso me recuerda que una vez Benito Mussolini dijo que todo lo que se necesitaba para transformar Italia era voluntad. Pues no, también se requería inteligencia para no acabar en el basurero de la historia. Eso sí, Mussolini lleva M. Pero, guste o no en Los Pinos, BRIC se escribe sin M.

 
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