Usted está aquí: domingo 4 de febrero de 2007 Opinión Esta película aún no ha sido clasificada

Carlos Bonfil

Esta película aún no ha sido clasificada

Una de las secciones más interesantes en la segunda gira de documentales Ambulante 2007, que se presenta en 15 ciudades del país del 2 de febrero al 29 de marzo, es la titulada Dictator's cut, cuyo tema central es el ejercicio de la censura, aquella que se ejerce abiertamente y esa otra que no se atreve a decir su nombre y que procede por clasificaciones (en realidad, descalificaciones) capaces de limitar o de frustrar por completo la salida comercial de una cinta.

El documental de Kirby Dick, Esta película aún no ha sido clasificada (This film has not yet been rated) es una incursión en el sistema de censura embozada que ha venido operando en Estados Unidos la Motion Pictures Association of America (MPAA, por sus siglas en inglés) a lo largo de las cuatro décadas en que la dirigió, sin contrapeso alguno, el magnate Jack Valenti. A la censura abierta, amparada en el Código Hays vigente en Hollywood desde los años 30 hasta mediados de los 50, le sucede un sistema de clasificaciones cuyo propósito inicial es orientar a los padres de familia sobre las películas que sus hijos pueden ver sin perjuicio alguno a su desarrollo emocional sano, y sobre aquellas que, por su contenido, pudieran representar algún peligro para la sensibilidad juvenil. Quienes determinan las clasificaciones son personas refugiadas en el anonimato y sus decisiones son temidas por los realizadores que nunca saben, a ciencia cierta, qué elemento de su cinta propiciará una clasificación desfavorable. El documentalista Kirby Dick no presenta una perspectiva histórica sustancial de este sistema ni establece comparaciones con reglamentos similares en otras partes del mundo, su propósito es simplemente desmontar y exhibir su funcionamiento local y develar la identidad de quienes actúan desde la impunidad y el anonimato.

Con entrevistas a diversos realizadores, actores y críticos de cine, así como con fragmentos de cintas censuradas (Los muchachos no lloran, Regreso sin gloria, Sicosis americana), el documentalista expone la hipocresía de quienes se ostentan como defensores de la moral pública para señalar las contradicciones en sus argumentos y sus posturas. Una constante del censor: la condena sistemática al placer sexual y su complacencia frente al ejercicio de la violencia. Un orgasmo femenino demasiado prolongado o una escena erótica entre varones, le resulta mucho más censurable que una clara incitación al odio o a la agresión. En el primer caso, la clasificación No apta para menores de 17 años (NC-17) condena a la cinta a no tener publicidad ni acceso a las grandes cadenas de exhibición, ni a ser promovida en dvd comercial. En caso de no obtener clasificación alguna la suerte es la misma: la cinta queda totalmente marginada. En el segundo caso, la clasificación Restringida (R) todavía le permite gozar de una distribución limitada. Concluye el crítico David Ansen (Newsweek): "Al intentar proteger a los niños nos convierten a todos los adultos en niños". Un cuerpo desnudo o el placer sexual libre de culpas es algo mucho más peligroso que la violencia, y este criterio lo comparten los clérigos y militares también presentes en las sesiones de la censura soterrada. La práctica del chantaje al cineasta es evidente: si bien la clasificación es voluntaria y se tiene la libertad de presentar o no la cinta a esta comisión calificadora, una cinta sin clasificación está condenada de antemano en los circuitos comerciales. Esto propicia, en muchos casos, la autocensura o la mutilación del trabajo propio por el deseo de no tener en contra a los distribuidores y a los circuitos de exhibición. El documental de Kirby Dick es ingenioso y audaz, maneja con humor el trabajo de infiltración y espionaje para exhibir a los censores, recurre a la animación cuando sólo dispone de la voz de personajes que se esconden; exhibe las moralinas ramplonas y el miedo a la sexualidad que prevalece en Estados Unidos, en contraste con lo que sucede en Europa. Sería deseable una investigación más documentada, menos complaciente en su denuncia lúdica, con más elementos de análisis. Hay, sin embargo, material suficiente para la reflexión. Se recuerdan, por ejemplo, las clasificaciones en México impuestas a Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, y a Perfume de violetas, de Marysa Sistach, como intentos burdos para impedir que los jóvenes vieran películas esencialmente dirigidas a ellos.

Ambulante presenta una treintena de documentales en diversas salas Cinépolis. La programación y las sinopsis están disponibles en www.ambulante.com.mx y en www.cinepolis.com.mx

carlos.bonfil@gmail.com

 
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