Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 4 de febrero de 2007 Num: 622


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Jóvenes poetas españoles
Un ejercicio de libertad total
EDGAR ONOFRE
Entrevista con VILA-MATAS
Esperar lo inesperado
PAUL VIRILIO
Carpe Mare
JORGE VALDÉS DÍAZ-VÉLEZ
Belleza pide soneto
HJALMAR FLAX

Columnas:
Jornada de Poesía
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Reseña de Jorge Alberto Gudiño Hernández sobre Del exilio a la memoria


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GERMAINE GÓMEZ HARO

XAVIER ESQUEDA EN EL MUSEO DE ANTROPOLOGÍA


Estela de los sacrificios, basalto y obsidiana

Una de las características del arte postmoderno es su vinculación e interrelación con estéticas y formas provenientes del pasado, reinterpretadas y recontextualizadas en lenguajes plenamente contemporáneos. En nuestro país, en la década de los ochenta surgió el llamado neomexicanismo –término acuñado por Teresa del Conde que sigue provocando polémica–, que fue un movimiento predominantemente plástico que buscaba, en primera instancia, reivindicar el ejercicio de la pintura-pintura frente a los conceptualismos de los Grupos de los setenta, pero también proponía la revaloración y rescate de los valores emblemáticos de nuestras tradiciones antiguas, tanto del mundo prehispánico como de la imaginería colonial y popular. En este contexto destacaron numerosos artistas relevantes como Marisa Lara y Arturo Guerrero, Adolfo Riestra, Rocío Maldonado, Germán Venegas, entre muchos otros. Xavier Esqueda, nacido en 1943, pertenece a una generación anterior a la antes mencionada, pero su trabajo se asocia, de alguna manera, con el que desarrollaron los neomexicanistas ochenteros. Actualmente se presenta en el Museo de Antropología la exposición titulada Xavier Esqueda. Imaginarios: Años de peregrinar , una selección de una treintena de pinturas y cinco esculturas realizadas a lo largo de los últimos quince años.

El lector se preguntará qué hace un artista contemporáneo en las salas del museo dedicado al arte de nuestras culturas antiguas y de los pueblos indígenas, pero resulta que no es ésta la primera vez que entra el arte moderno a este recinto. En los últimos años se han presentado pintores como Ricardo Mazal, Francisco Toledo, Manuel Felguérez y ceramistas como Javier Marín, Paloma Torres, Maribel Portela, Marcos Vargas, entre otros. Lo que tienen en común estos artistas, y la razón por la cual han desfilado por las salas de este museo, es su interés por las formas estéticas de nuestros antepasados que, de una u otra manera, toman prestadas para desconstruirlas y adaptarlas a sus propios lenguajes.

La curaduría de esta exposición se realizó desde una mirada abierta y fresca que ofrece al espectador ciertos guiños que le permiten hacer lecturas paralelas de las obras plásticas con objetos de las colecciones arqueológica y etnográfica del museo, propiciando las asociaciones libres más que el diálogo forzado de las formas antiguas y las contemporáneas. Al contemplar las pinturas de Esqueda acompañadas por las portentosas esculturas mesoamericanas en piedra, las sugerentes figuras antropomorfas y zoomorfas en barro, o por las encantadoras piezas de origen artesanal como los diablitos de Ocumicho, los xicaltepetl o guajes laqueados con decoración de flores de Olinalá, Guerrero, el espectador intuye que el espíritu “mexicanista” de su arte no reside en la mera recreación de formas existentes, sino en la posibilidad de plasmar, con colores, texturas y una factura impecable, una esencia cercana a lo que Bonfil Batalla llamó “el México profundo”.

Las pinturas de Esqueda plasman espacios imaginarios, de índole surrealista y fantástico, asociando en una sola composición los objetos o referencias más disímbolos. La presencia de monolitos semejantes a los prehispánicos –porque nunca son copias fieles a las originales– produce una gran atracción por la calidad pictórica de las texturas, en especial de las piedras volcánicas, en contraste con entornos exuberantes de selvas tropicales o, por el contrario, entre la aridez y desolación de atmósferas que se antojan apocalípticas.

Desde mi punto de vista, la gran sorpresa en esta exposición son las esculturas en mármol, bronce y obsidiana. Estela real es una magnífica talla en mármol negro que presenta en su superficie bajorrelieves que evocan glifos prehispánicos, sutilmente dispuestos en una composición estilizada y elegante que recuerda una estela maya, cubierta en su parte superior por un paño de tela realizado en bronce que cae sutilmente sobre la pieza imprimiéndole un cierto misterio surrealista. En Estela de los sacrificios , el autor creó una especie de nicho en basalto negro, también cincelado con motivos semejantes a los glifos, y en su interior colocó dos corazones en obsidiana roja que derraman unas espesas gotas de sangre. Estas obras sintetizan el interés de Xavier Esqueda por fusionar la tradición y la vanguardia en un lenguaje poético de raigambre surreal, en el que predomina una profunda carga simbólica.