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El original se desarrolla en un barrio peligroso de Londres; en nuestra versión, en Neza

Virgencitas, un esbozo de la chavas banda; aman y odian intensamente

"No es un documental, se trata de ver el lado humano, el dolor y lo que este provoca"

ARTURO CRUZ BARCENAS

Ampliar la imagen La actriz Griselda Contreras dice que en Virgencitas se trata de "ver las cosas desde el lado humano. Hay dolor y éste hace que sean agresivos. La obra no denuncia ni pretende ejercer un ejercicio documental sobre la realidad de los personajes" Foto: Jesús Villaseca

La vida de las chavas banda, difícil y a la vez tan fuerte en términos de amistad, es el tema central de la obra de teatro Virgencitas, escrita por Rebecca Prichard, adaptada por Hugo Abraham Wirth y dirigida por Enrique Singer. "Originalmente, la historia se desarrolla en un barrio muy peligroso de Londres. En nuestra versión, es en un barrio de Neza de la colonia Virgencitas, donde aparecen chavas de la calle", expresó en entrevista la actriz Griselda Contreras.

Contreras además es la productora. Desarrolla los protagónicos junto con Mariannela Cataño; entre ambas representan a 14 personajes, "a través de los cuales describimos a la banda, su líder, su forma de ser, cuál es la más guapa, la más entregada y por qué nos peleamos con una banda enemiga, pero más allá de esto contamos la historia de dos amigas que se aman profundamente y que dan la vida la una por la otra.

"Es una obra que sitúa a los personajes al borde del abismo, muy cruda respecto de la realidad y, sin embargo, entretiene por ser también divertida, con humor negro; la gente se ríe, pero sí, es fuerte", añadió.

Esta idea se desenvuelve en una hora y cuarto, sin intermedio. "Usamos multimedia, un video; no hay escenografía. Usamos una pantalla blanca y todos los manejos de espacios son atmósferas, donde el público se debe dar el ejercicio de imaginar los personajes que no están, El Eclipse, que es un antro donde ocurren cosas duras, a la patrulla donde las chavas se meten a hacer algunos favores".

Es, precisó, una propuesta diferente, "para acordarse de los olvidados. Esta obra ganó una beca del Fondo Nacional de Cultura, en 2006. Hicimos un estudio de campo y Hugo Abraham se fue a meter a Neza para convivir con los chavos de barrio, para saber cómo viven, qué piensan, cómo hablan. Fueron dos meses los que trabajó de incógnito.

"Por eso el texto es tan real, vivo y actual. Fuimos los domingos a filmar; tenemos imágenes del Bordo de Xochiaca, de los jacales, del basurero, de los grafitis ­que son una obra de arte­, que están en el Deportivo de Neza. Fue un análisis de la gente de barrio, que es intensa: aman y odian profundamente, y se defienden, se cuidan entre ellos.

"Mari y Dona ­sus personajes centrales­ hacen eso; de pronto es como una relación madre-hija, donde acaban por hacerse mucho daño sin querer. No hay un punto de vista femenino, sino de cómo viven, cómo se ganan la vida. En el caso de Mari, su padre abusa de ella desde pequeña; Dona es huérfana.

"Recuerdan cómo han sobrevivido y cómo ven la vida, pero no hay una postura feminista. Ser mujer u hombre, la cosa da igual. A mí esta obra me ha dejado libertad; creo que uno juzga desde un punto de vista particular. Son chavos que roban y se drogan, pero son gente libre y franca, que dicen las cosas como son; se expresan como sienten.

"Se trata de ver las cosas desde el lado humano. Eso está en la obra; hay dolor y éste hace que sean agresivos. Virgencitas no denuncia ni pretende ejercer un ejercicio documental sobre la realidad de los personajes; lo único que pretende es que suceda el teatro, ese acto de pensar que sólo puede darse en el aquí y ahora de la escena", añadió.

Narración real

Dijo que la puesta la han visto chavos de la calle. "hay momentos en que ven situaciones por las que han pasado. La narración es cruda y real. De los personajes, Pamela es la líder, a quien describimos como muy gorda, prieta, como muy macha y violenta.

"Los personajes tienen los dientes amarillos, o están chimuelos; Carmela tiene la cara chupada y a sus 25 años parece de 40, es flaca y le apestan las patas. Sandra es la bonita del grupo y se pone mucho gel, y se arregla y se pinta el pelo güero. Sí, es triste ver sus condiciones y que tratan de estar quietas por medio de la droga. No es una adicción por el placer, sino para sedar un poco el dolor por la vida que les tocó".

Virgencitas se presenta en breve temporada, los viernes, a las 20 horas, y los sábados, a las 19, en el teatro La Capilla, ubicado en la calle de Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán. El costo del boleto es de 120 pesos. Para maestros, estudiantes e Inapam, 50 por ciento de descuento. Hay servicio de valet parking.

 
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