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Jorge Camil

Calderón: entre la espada y la pared

Con ayuda del presidente saliente, el IFE, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y los consejos empresariales, entre otros, Felipe Calderón tomó la Presidencia de la República en medio del peor conflicto electoral de nuestra historia contemporánea.

Débil, apoyado únicamente por un tercio del electorado, y con una cuestionable victoria de medio punto porcentual, tuvo sin embargo oportunidad de legitimar su mandato accediendo al recuento de votos que reclamaba la oposición. Pero como eso podría significar la derrota prefirió aferrarse al poder bajo una nube de sospecha, convirtiéndose en rehén del Ejército, los cuerpos de seguridad, las televisoras, las cúpulas empresariales y el gobierno de George W. Bush, el presidente más desprestigiado del planeta. Soslayó las justificadas sospechas provocadas por la conducta del IFE, la intervención ilegal de Vicente Fox, la alianza con Elba Esther Gordillo, la tibia sentencia del TEPJF y la participación también ilegal del Consejo Coordinador Empresarial. Hoy está pagando las consecuencias. Por ambición personal, o colmado de compromisos ineludibles, asumió el poder por la puerta trasera, aunque fuese con una tramposa aparición en el Palacio Legislativo, mientras los señores legisladores escenificaban un zafarrancho que fue ampliamente difundido en la prensa internacional.

Hoy Calderón está entre la espada y la pared: en manos de las televisoras y de los empresarios, y obligado a dormir con el enemigo (el Partido Revolucionario Institucional) para sacar adelante sus programas de gobierno e iniciativas de ley. El costo inmediato de esa alianza inconfesable fue mantener en el poder al gobernador de Oaxaca, una vergüenza nacional que le valió las violentas protestas sufridas durante su gira por Europa. Siguiendo las recetas monetaristas de su secretario de Hacienda, presentó con orgullo al Congreso un Presupuesto de Egresos que podría resumirse con la frase "cero, déficit, cero deuda", hasta que "los mercados", que viven eternamente en el discurso calderonista, dispusieron zarandear el barco bajando el precio del petróleo, y subiendo el de la tortilla y los demás satisfactores de la canasta básica.

Accediendo al recuento de los votos hubiera tenido margen de maniobra y capacidad para transitar a lo largo y a lo ancho del territorio nacional con protección mínima del Estado Mayor. Hoy, en cambio, su debilidad exige una cercanía cada vez más estrecha con las fuerzas armadas, y una extraña comunidad de miras con el gobernante más ignorante y malintencionado del planeta. Así, mientras el resto del continente latinoamericano (Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Nicaragua y Venezuela) se aparta de Estados Unidos, cansado de los espejismos de la globalización, la economía neoliberal, y las democracias de aparador que no se traducen en beneficios tangibles para el pueblo, Calderón se refugia en la derecha recalcitrante, pareciéndose cada vez más a Alvaro Uribe, el terrateniente del siglo pasado que gobierna Colombia bajo la sombra de los cárteles de la droga, y atrapado en la encrucijada de la guerrilla, el ejército, las fuerzas paramilitares y la ayuda militar y económica de Estados Unidos.

¡Qué triste posición para México!, después de haber sido faro de luz continental por nuestra política de no intervención, y de respeto sacramental a la autodeterminación de los pueblos. Hoy, en el marco del foro de Davos, Calderón lanzó un revelador e inusitado reto a Hugo Chávez y Evo Morales, atacando públicamente a los países de la región que "fomentan las expropiaciones y las dictaduras vitalicias". Es difícil creer que actuaba motu proprio y no le estaba haciendo el juego a Estados Unidos, porque en forma casi simultánea John Negroponte, ex embajador en México y flamante subsecretario de Estado, declaraba en el Congreso de Estados Unidos que Hugo Chávez es "una amenaza para las democracias de América Latina"; especialmente, añadió paternalista este pistolero del imperio, cuando la democracia "se porta bastante bien" en el continente, y tiene "buena aceptación en la región". (Alguien debería informarle que mientras él gobernaba la invasión de Irak y se encargaba de la inteligencia nacional de Estados Unidos, "la región" dio un democrático vuelco hacia la izquierda.)

El predicamento de Calderón es más grave aún, cuando el presidente de su partido saboteó su visita a España y la pareja presidencial, en la mejor tradición de los ex presidentes priístas continúa atrayendo los reflectores e intentando gobernar mediante ex secretarios incrustados en el gabinete calderonista y el consejo del partido.

La multitudinaria protesta contra la carestía lo obligó a recular, reiterando el vaivén de un pasito pa' delante / y un pasito para atrás, que parece ser el ritmo del sexenio. En medio de lo que fue una comedia de errores, Calderón respondió los últimos comentarios de Chávez con una copla que festeja el tamaño de nuestros "corazones", refiriéndose con eufemismo a una parte menos altruista de nuestra anatomía.

 
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