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La banda de CA no ha logrado expandirse, revela un estudio

Los maras, sin nexos con el crimen organizado de México

''Pese a la retórica alarmista estos pandilleros no son un problema mayor''

JOSE GALAN

Ampliar la imagen Miembro de la Mara Salvatrucha, detenido en Tapachula Foto: José A. López/Archivo

Un equipo de investigadores de la Oficina para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), encontró que, sorprendentemente, las pandillas formadas por inmigrantes centroamericanos, o conectadas a la Mara Salvatrucha o la Barrio 18, no se han esparcido en México.

Sin embargo, el análisis hecho público ayer precisa que existen maras mexicanos, aunque el principal problema delictivo son los grupos criminales de tráfico de drogas. Asimismo, el estudio sostiene que, pese a la retórica alarmista, las bandas de maras centroamericanos no son un problema mayor en este país.

Agrega que las recomendaciones sobre cómo actuar ante la presencia de estos grupos delictivos deben basarse en un análisis serio sobre la naturaleza del problema en vez de mitos, anécdotas o especulaciones. Las bandas maras, dice, son dinámicas, cambian, crecen, se encogen y no deberían ser tratadas como si fueran un problema estático que se mantiene igual en todas las regiones y a través del tiempo.

El Triángulo del Norte

Financiado por el Centro de Programas y Estudios Interamericanos del ITAM, y las fundaciones Kellogs y Ford, el documento titulado Maras en Centroamérica, México y Washington: un examen trasnacional, sostiene que en los últimos años las pandillas de jóvenes centroamericanos (maras) han llamado la atención de medios de comunicación, gobiernos, investigadores, académicos y sociedad civil. Los reportes de algunos expertos en seguridad nacional y en medios han caracterizado a estos grupos como creciente amenaza social; también analizan la seguridad pública en Guatemala, El Salvador y Honduras, región conocida como el Triángulo del Norte, así como en el sur de México y en algunas partes de Estados Unidos.

''Esta idea acerca del crecimiento y la seriedad del problema se alimenta por los frecuentes informes, sensacionalistas y sin fundamento, sobre la expansión trasnacional de la violencia de los jóvenes pandilleros, y de sus vínculos con el crimen organizado en actividades como narcotráfico, terrorismo, tráfico de inmigrantes e inclusive trasiego de armas'', advierte.

Funcionarios judiciales mexicanos han dicho que en las pugnas entre narcotraficantes en territorio nacional han participado integrantes de la Mara Salvatrucha, que han sido ''importados'' por las organizaciones delictivas. En agosto del año pasado, José Luis Santiago Vasconcelos, entonces titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada y hoy subprocurador jurídico de la Procuraduría General de la República, señaló que los maras ''se distinguen por su crueldad desmedida''.

No obstante, el documento de investigación detalla que las indagatorias actuales muestran que si bien se trata de un problema muy complejo, la naturaleza criminal y trasnacional de los jóvenes pandilleros ''es bastante limitada''. Además, considera que los esfuerzos por enfrentar el problema desde un punto de vista sólo de seguridad nacional rinde menos frutos que encararlo como un fracaso estructural de los estados, sea en materia de derechos humanos o como problema de salud pública, en términos legales y económicos.

Añade que estas pandillas representan un grave problema de seguridad en El Salvador, Honduras y Guatemala, aun cuando su naturaleza es diferente en cada país. Pero advierte también que este pandillerismo juvenil, aunque requiere de atención, es mucho más pequeño y no presenta una amenaza tan grande en Nicaragua y en México. Además, la violencia relacionada con esta actividad no tiene mayores vínculos con el narcotráfico o el crimen organizado.

''A pesar de toda la retórica alarmista resultó sorprendente encontrar que las pandillas de maras centroamericanos no se hayan expandido hacia México de forma organizada. Sin embargo, existen numerosos grupos sin vínculo con esas organizaciones (Mara Salvatrucha) compuestas por jóvenes mexicanos, así como organizaciones criminales relacionadas con el narcotráfico, que sí representan un verdadero problema de seguridad pública''.

El estudio se ubicó en cuatro centros urbanos: Tijuana, ciudad de México, Morelia y Tapachula, donde los investigadores registraron una significativa actividad de las pandillas juveniles, así como un alto grado de violencia y uso de drogas, ''pero no se registró una presencia fuerte de las bandas centroamericanas''. Sugiere que que la identidad cultural y social de México, así como las redes comunitarias, establecen límites a la actividad de estas bandas juveniles y que, de alguna manera, ello ha frenado esa actividad.

''Esto ha evitado que los maras centroamericanos establezcan una cabeza de playa en México o entre los jóvenes mexicanos. En parte, también, porque el crimen organizado no permite que nadie más se establezca en su territorio'', concluye.

 
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