Usted está aquí: martes 13 de febrero de 2007 Economía Los biocombustibles, de moda

Economist Intelligence Unit

BIOTECNOLOGIA

Los biocombustibles, de moda

Economist Intelligence Unit /The Economist

El chiste del estudiante según el cual su bicicleta corre más rápido cuando él come frijoles está próximo a hacerse realidad, y los frijoles podrían estar relacionados, pero no se trata de usar la fuerza del viento, sino de otra forma de energía renovable.

Frijoles, semillas de girasol, granos... todo puede servir y es la base de la incipiente revolución de los biocombustibles en Europa. La meta es que en lugar de depender de las importaciones de combustibles fósiles caros, los automóviles usen derivados de los cosechas y de otras sustancias naturales. Los defensores de los biocombustibles sostienen que las nuevas tecnologías sustentables pronto ofrecerán productos limpios, seguros y económicos que reducirán las emisiones de dióxido de carbono.

Sin embargo, existen grandes retos: producir y cultivar las materias primas adecuadas, perfeccionar la tecnología para procesarlas y comercializarlas de acuerdo con estándares establecidos requiere cuantiosas inversiones.

Los nuevos combustibles tendrán que ser compatibles con los actuales, con sus sistemas de distribución y con los vehículos existentes. Además, tardarán mucho más en volverse de uso generalizado si necesitan nuevos motores o si deben hacerse adaptaciones a las estaciones de servicio o a los tanques. Tampoco funcionarán si producirlos implica reducir la superficie destinada al cultivo de alimentos o si su procesamiento resulta muy caro o genera demasiados gases de efecto invernadero.

Hasta ahora, empresas de la Unión Europea han usado trigo y remolacha para elaborar etanol, un combustible que puede utilizarse en vehículos especialmente adaptados y, más importante aún, convertirse en un aditivo para gasolina (etil terbutil éter) que puede utilizarse sin necesidad de modificar los motores.

En la Unión Europea también se produce biodiesel a partir de oleaginosas (colza, girasol y soya, principalmente) que se convierten en ácidos grasos. Más de mil 500 estaciones de servicio en Alemania venden biodiesel puro, pero se usa principalmente en mezclas de baja concentración con diesel convencional.

También existe un nicho de mercado, encabezado por Suecia, para el biogás comprimido que se genera en instalaciones especiales a partir de desperdicios orgánicos o se recupera de los depósitos municipales de residuos sólidos, un método que ofrece la ventaja adicional de reducir los gases de efecto invernadero.

Sin embargo, para que los biocombustibles se consoliden como una alternativa se requiere más que incrementar la producción de materias primas, tecnologías avanzadas o grandes refinerías.

Una de las prioridades de corto plazo es usar una variedad más amplia de materias primas. Los optimistas prevén que en una década la industria de la biotecnología habrá diseñado cultivos especiales de alta productividad y bajo costo energético que puedan crecer en superficies pequeñas y que resuelvan problemas de suministro de alimentos.

No obstante, la clave serán las tecnologías que conviertan productos difíciles de procesar, como la celulosa o la lignina, en azúcares que a su vez puedan refinarse para hacer combustibles. Esto abriría las puertas a la explotación de abundante biomasa ­no sólo madera o paja­ y de materiales de desecho. La combinación de procesos innovadores y diseño de cultivos también reducirá las emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos que utilizan los llamados biocombustibles de segunda generación. Al abatir los costos de secuestrar carbono y reducir las emisiones, los cultivos que producen energéticos podrían redituar una ganancia neta al disminuir los gases de efecto invernadero.

Mientras, la tecnología está ayudando a resolver algunos problemas de los biocombustibles actuales. DuPont y Bitrish Petroleum (BP) lanzarán este año el biobutanol, diseñado para aumentar el rendimiento por litro, con mayor tolerancia a la presencia de agua y capaz de mezclarse con gasolina en concentraciones mayores a las de otros biocombustibles.

Los métodos actuales para convertir etanol en etil terbutil éter requieren isobuteno, un derivado escaso de los procesos convencionales de refinación que puede contaminar las aguas subterráneas. El biodiesel aún se produce con metanol, un derivado de combustibles fósiles, pero cada vez hay más posibilidades de usar biometanol o incluso producir bioetanol a partir de ácidos grasos metil-ésteres, lo que permitiría usar aceites de origen orgánico para elaborar biocombustibles sin depender en absoluto de los combustibles fósiles.

Para alcanzar volúmenes de producción comercialmente viables se necesitan refinerías que integren desde procesos bioquímicos y termoquímicos hasta la recuperación final y la purificación del producto. Sin embargo, esta flexibilidad ­por no mencionar la complejidad y el grado de control que ha alcanzado la industria química­ no se logrará de la noche a la mañana.

No obstante, la posibilidad de usar un kilo de frijoles para conducir un auto no está tan lejos... Y no será necesario que usted abra la ventanilla.

El caso estadunidense

En Estados Unidos los biocombustibles están de moda. El Consejo Nacional del Biodiesel de ese país (NBB, por sus siglas en inglés) incluye en su lista de simpatizantes a Neil Young, Willie Nelson, Melissa Etheridge, Pearl Jam, los Barenaked Ladies, las Indigo Girls, los Black Crowes y Bonny Raitt.

Según el consejo, Nelson, una estrella de la música country, utiliza la mezcla de biodiesel B100 para su Mercedes 320 CDI. La banda de rock Pearl Jam usa biodiesel en su autobús de giras.

Ayude o no a vender discos, al parecer los políticos estadunidenses piensan que apoyar los biocombustibles puede ganarles votos.

En su discurso sobre el estado de la nación, el 23 de enero, el presidente estadunidense George W. Bush hizo particular énfasis en la tecnología. Luego de anunciar que se buscará reducir 20 por ciento el consumo de gasolina en la próxima década, propuso elevar las metas de producción de combustibles alternativos y renovables. Las metas para los biocombustibles serían cinco veces más altas que las actuales.

Bush espera que para 2017 los estadunidenses consuman 132 mil millones de litros de biocombustibles al año. La producción actual es de 23 mil millones de litros anuales.

De hecho, la producción de biocombustibles ha estado creciendo rápidamente, aun antes del anuncio de Bush. En un texto publicado en noviembre pasado en European Voice, el embajador de Estados Unidos en la Unión Europea, C. Boyden Gray, describió la transición hacia los biocombustibles como "el más profundo cambio en la agricultura estadunidense en 200 años".

La mayor parte del biocombustible producido por Estados Unidos es etanol hecho con maíz. "Ellos realmente están incrementando la producción de maíz para bioetanol", dijo David Proudley, asesor en cultivos no alimenticios de la Asociación Nacional de Agricultores del Reino Unido (NFU, por sus siglas en inglés).

Los cabilderos de la agroindustria de Estados Unidos han actuado rápido para promover el bioetanol y se han concentrado en la necesidad de producir energéticos en ese país en lugar de importarlos.

Willie Nelson explica la razón por la cual prefiere usar biodiesel: "todos deberíamos hacer nuestra parte para reducir la dependencia del petróleo extranjero y contribuir con nuestra propia economía".

Para los estadunidenses, garantizar el abasto de energéticos y apoyar a los agricultores ­más que las preocupaciones sobre el cambio climático­ son los argumentos de mayor peso en favor de los biocombustibles. Si se considera cuanta energía consume la elaboración de bioetanol (la Agencia Internacional de Energía calcula que es 80 por ciento de lo que se produce) parece tener sentido.

Se prevé que en unos cuantos años 10 por ciento del combustible para transporte será bioetanol.

Sin embargo, Daniel Yergin, presidente de la consultora Cambridge Energy Research, advirtió hace un par de semanas que el cultivo de maíz para biocombustible en Estados Unidos enfrenta obstáculos y que el uso de tierras para producir energéticos en lugar de alimentos ya ha empezado a generar protestas.

Además, está por verse la reacción de otros agricultores e industriales al descubrir las ambiciones de Bush y de productores de maíz para biocombustible.

Traducción de textos: David Zúñiga

 
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