Usted está aquí: martes 13 de febrero de 2007 Opinión 57 Edición de la Berlinale La competencia mejora con crisis sentimentales

Leonardo García Tsao

57 Edición de la Berlinale La competencia mejora con crisis sentimentales

Ampliar la imagen La actriz estadunidense Sharon Stone besa a su compatriota Richard Gere, en la gala de caridad Cine por la Paz 2007, que se realizó en el marco del festival de Berlín en apoyo a la UNICEF. El cantante irlandés Bob Geldof (al fondo a la izquierda) los observa sonriente Foto: Reuters

Berlin, alemania, 12 de febrero. Hoy apareció brevemente el sol en Berlín y la temperatura dejó de fluctuar en los valores negativos para alcanzar algunos dígitos positivos. La ligera mejoría también se dio en el nivel de la competencia, en un día signado por los temas de la soledad, los celos y los resentimientos. El conocido y desigual cineasta francés André Téchiné ha aportado una satisfactoria realización con Les Témoins (Los testigos), un melodrama que se sitúa a mediados de los años 80 para describir la pasión provocada por el joven gay Manú (Johan Libereau) en un doctor ya mayor (Michel Blanc) y un policía de origen árabe (Sami Buajila); éste a su vez lleva un matrimonio abierto con la escritora Sarah (Emanuelle Béart), insatisfecha con su nuevo rol de madre. Sucede que el primero es infectado de sida, una enfermedad aún misteriosa en ese entonces, causando una crisis en ese círculo de relaciones.

La película recuerda esos dramas sobre el sida que se hicieron frecuentes a principios de los años 90, pero evita el tono didáctico. Lo que le interesa a Téchiné es describir un momento en que la libertad sexual parecía estar amenazada de muerte. Su conclusión es optimista; a pesar de todo, la vida sigue adelante. Aunque acusa cierta dispersión en su acto final, Les Témoins se beneficia del buen oficio del director y un reparto solvente.

Por otra parte, Notas sobre un escándalo, coproducción angloestadunidense de Richard Eyre, comparte la perspectiva depredadora de una resentida maestra londinense (Judi Dench), lesbiana de clóset, que encuentra a su nuevo objeto del deseo (reprimido) en la nueva y linda colega (Cate Blanchett) a quien todos asedian. Sin embargo, esta pone en peligro su vida profesional y matrimonial al tomar como amante a uno de sus alumnos adolescentes.

Ya exhibido en México, este truculento melodrama coquetea con el Gran Guiñol ­sobre todo, gracias a la siempre insistente música de Phillip Glass­, pero encuentra su razón de ser en el extraordinario toma y daca interpretativo entre sus dos actrices, comparable a un vigoroso encuentro de tenis entre jugadoras en plena forma. Eso aunado a los corrosivos diálogos del guión de Patrick Marber resultan en un entretenimiento perversamente divertido.

Finalmente, la coproducción germano-canadiense When a Man Falls in the Forest (Cuando un hombre cae en el bosque), ostenta credenciales de cine independiente estadunidense por su director Ryan Eslinger. Es otro de tantos melodramas situados en el suburbio gringo cuyo enfoque son unas vidas cruzadas de soledad y callada desesperación. En el catálogo de tópicos usuales ­que encontraron su versión más elogiada en Belleza americana­ sólo convence el del paterfamilias en crisis existencial porque el actor Timothy Hutton aprovecha por una vez su cara de adolescente eterno para expresar algo. Lo demás es tan previsible como la aparición de Sharon Stone ­productora ejecutiva de la cinta­ en plan de actriz seria y, por lo tanto, calculadamente desmaquillada.

Si bien las cosas han mejorado, aún no se vislumbra ­a medio festival­ una fuerte candidata al Oso de Oro. A reserva, claro, de lo que opine el jurado.

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