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En esa cuestión participan estructuras cerebrales y cognoscitivas, explican expertos

Aportes científicos de la UNAM desvanecen idea romántica del amor

Académicos de los institutos de Fisiología Celular y de Biomédicas, en la investigación

JOSE GALAN

La idea romántica de que el corazón es el centro de las pasiones y del amor enfrenta los hallazgos de la ciencia. Así, en lugar de regalar corazones en el Día de San Valentín, habría que dar cerebros, porque es allí donde radica el origen de la emoción amorosa, de manera particular en las mismas neuronas que se activan con el uso de estupefacientes, el placer de la comida o la adicción al juego.

Todo un mundo peligroso, puesto al descubierto por profesores eméritos de los institutos de Fisiología Celular (IFC) y de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que, con sus hallazgos, apuntan a la desmitificación de la pasión más natural en el ser humano. Esas neuronas se encuentran en el sistema límbico y en la corteza cerebral, en los llamados circuitos de recompensa o de placer, donde se genera un estado de gran felicidad.

Y el amor presenta procesos semejantes a los de una adicción. "Uno quiere estar todo el tiempo allí, al lado de la persona que ama; el cerebro piensa constantemente en ella", explicó Herminia Pasantes Ordóñez, del IFC.

Ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes, la académica explicó que cuando uno está en la etapa del enamoramiento sucede un efecto similar al de la ingesta de anfetaminas: una sensación de gran bienestar. Eso sí, de acuerdo con los descubrimientos recientes, el lapso de pasión intensa dura en promedio sólo siete meses. Luego, se transforma y se procesa en otros sitios del cerebro.

Los avances científicos también han permitido descubrir que en cuestiones de amor participan estructuras cerebrales interconectadas ampliamente a la par de mecanismos de aprendizaje y memoria, impresiones visuales, olfativas, gustativas y corporales. No sólo eso. También estructuras cognoscitivas como el juicio, la abstracción, la creatividad o el lenguaje.

Vínculo de cariño con deseo sexual

De allí que Alfonso Escobar, profesor emérito del IIBm haya descartado el famoso mito del "flechazo" o amor a primera vista. El amor de pareja, dijo, es un vínculo de cariño con deseo sexual. Y se requiere que el cerebro esté atento, consciente y en actividad normal porque, explicó, las estructuras cerebrales valoran lo que el ojo ve, lo que el oído escucha, y lo que siente el tacto, sensaciones que tienen un desempeño importante en los recuerdos y experiencias vividas anteriormente.

"Todo lo que somos está en el cerebro", añadió por su parte Pasantes Ordóñez, ya que es allí donde surge la inteligencia, la creatividad, la autoestima y, desde luego, la emoción. El amor, así, se genera en la parte basal del cerebro, lo que el ser humano comparte con algunos animales.

Estudios recientes han investigado las bases neuronales de lo que se conoce como "amor romántico", o esa primera etapa, intensa, del amor, cuando las neuronas que se activan con la impresión amorosa inicial son las mismas que participan en la adicción al juego; cuando una persona satisface su necesidad de alimentarse, o cuando se utilizan estimulantes como la morfina o la cocaína. Es más, cuando se experimenta el placer sexual. Pero cuando el amor, como muchos saben, se acaba, no hay más retroalimentación, entonces ya no existe la sensación de euforia.

Y viene el mal de amor, que sucede cuando esas células neuronales no son activadas. En lugar de euforia viene la disforia, lo opuesto a la felicidad. La académica bromeó al afirmar que, ante tal situación, "sería bueno tener una pastillita que nos quitara la depresión del desamor", sensación que equiparó a la abstinencia de las drogas: una gran necesidad de obtener otra dosis.

Ni las pócimas ni el veneno, los afrodisíacos o los filtros de los curanderos pueden obligar a una persona a responder a una pasión. Alfonso Escobar consideró, sin embargo, que el amor no sólo está basado en la función cerebral, ya que también influyen otros estados afectivos como la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia, la ira, la tranquilidad, el odio, la pusilanimidad, la valentía, la vergüenza, la apatía.

Sobre todo, no hay duda de que el atractivo sexual generado por una figura femenina o masculina, junto con factores como la edad, las hormonas, las feromonas y las alomonas, influyen en los mecanismos de enamoramiento. Curiosamente, todo empieza con el atractivo social.

 
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