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José María Pérez Gay

Documenten, señores, no inventen

Ampliar la imagen Campamento de la coalición Por el Bien de Todos en Reforma y Juárez, a raíz del conflicto poselectoral del año pasado Foto: Guillermo Sologuren /Archivo

Ayer por la mañana, el señor Carlos Tello Díaz afirmó, en una entrevista televisiva, que el mismo 2 de julio -título de su libro- Andrés Manuel López Obrador había admitido en el círculo de sus colaboradores más cercanos, a los que señala: Federico Arreola, César Yáñez y José María Pérez Gay, su derrota electoral. Desde hace varias semanas Tello Díaz me buscó -cuatro o cinco veces- para hacerme una entrevista sobre la noche del 2 de julio. "Busqué también a José María Pérez Gay, a quien le mandé un cuestionario por correo electrónico, una de cuyas preguntas hacía referencia a la reacción de AMLO frente a las elecciones en el hotel Marquís.

'Si respondo a tus preguntas me deja-rías sin la crónica histórica que con el título Explico algunas cosas publicaré en unos dos meses', me contestó Pérez Gay. Yo ignoro si los tres estuvieron presentes en el episodio que describo, pero sé que uno de ellos sí escuchó la confesión de Andrés Manuel y que la comentó en los primeros días de julio con al menos tres personas, a través de las cuales tuve conocimiento del episodio. Mis fuentes para recrear esta escena, que es clave, son entonces todas indirectas, pero confiables.''

No quise darle la entrevista a Tello Díaz por dos razones: en primer lugar, porque escribo una crónica no de la noche del 2 de julio, sino de los años con Andrés Manuel López Obrador. En segundo, porque no creo en su trabajo. Si el método de investigación de su libro La rebelión de las cañadas le funcionó sólo a medias, y mucha gente advirtió en él la crónica de una delación, aquí en su libro sobre el 2 de julio fracasa cuando intenta ''una crónica minuto a minuto del día más importante de nuestra historia contemporánea'', porque en realidad reduce el proceso electoral sólo a los dimes y diretes, a los rumores de fuentes anónimas y no fidedignas, a ''la crónica de sociales'' de los grupos cercanos, y al repaso de las cifras que todos conocemos y en las que demasiados no creemos.

Su método es el de la no-inexactitud de sus afirmaciones, y si en lógica la doble negación es un hecho, en el espacio de la moral es lamentable. En su momento más melodramático, Tello Díaz es cuando menos grotesco. Andrés Manuel López Obrador nunca dijo esa noche, y lo recuerdo con toda precisión, nada parecido a la admisión de una derrota, más bien lo contrario. Tello Díaz, infatigable explorador de Amazonas, debería regresar con los yanomami, porque lo que el Amazonas non da, periodismo non presta.

Tello Díaz insiste en no revelar sus fuentes, con lo cual tratándose de un asunto tan importante declara que esas fuentes no existen, y que yo sepa su palabra como la de cualquier periodista vale por lo que documenta, no por lo que inventa. Si Tello Díaz quiere ser fabulador ahí está el espacio de la novela, si quiere ser periodista ha empezado muy mal: con la calumnia y la mentira.

Al ver cómo Tello Díaz hace de
la mentira su Archivo General de la Nación, repito que es un calumniador, y yo sí puedo revelar mis fuentes: los testimonios de Federico Arreola, César Yáñez y yo mismo, y no la ridiculez de ampararse en lo que le dijeron que dijera sin decir quién se lo dijo.

 
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