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Basura y aguas residuales arrastra ya el cauce del río Magdalena

Se cierne amenaza sobre el único afluente vivo del DF

Pese a estar contaminado, es susceptible de ser rescatado, señalan ecologistas

BERTHA TERESA RAMIREZ

Ampliar la imagen El río Magdalena, considerado el último afluente vivo del Distrito Federal, aquí en su paso por la delegación Magdalena Contreras, enfrenta los embates de la actividad humana como basura y aguas residuales Foto: Víctor Camacho

Ampliar la imagen El río Magdalena, considerado el último afluente vivo del Distrito Federal, aquí en su paso por la delegación Magdalena Contreras, enfrenta los embates de la actividad humana como basura y aguas residuales Foto: Víctor Camacho

Hojas elegantes, helechos y majestuosos árboles pueblan la ribera del río Magdalena en aproximadamente 20 kilómetros que conforman su extensión y que lo convierten en el último afluente vivo en el Distrito Federal. Sin embargo, sobre su corriente de agua cristalina en la zona de Los Dínamos, en la delegación Magdalena Contreras, han comenzado a aparecer signos de su mayor amenaza: basura y aguas residuales de asentamientos irregulares.

La Fundación enCauce, la cual ha propuesto al jefe de Gobierno rescatar el afluente, considera que de quedarnos con los brazos cruzados el último río con vida de la ciudad en poco tiempo tendrá que ser declarado muerto.

Este es un afluente que brota como manantial y escurre por la Sierra de las Cruces, su cauce recupera parte de las aguas que pasan por los cerros y montes de las delegaciones Cuajimalpa, Magdalena Contreras y parte de Alvaro Obregón.

Se trata del último río vivo del DF porque la calidad del agua no rebasa los limites de contaminantes establecidos por la norma oficial mexicana respecto a la cantidad de materia orgánica que debe contener el líquido; "es un río que aún tiene oxígeno, a pesar de estar contaminado, y por ello es susceptible de ser rescatado", explicaron a La Jornada los coordinadores del proyecto durante un recorrido por suelo de conservación.

Nathali Seguin Tovar y Arnold Ricalde, coordinadores del proyecto, explicaron que el río Magdalena tiene una longitud aproximada de 20 kilómetros desde su nacimiento, en la delegación Cuajimalpa, luego cruza un poquito por Alvaro Obregón y llega a la Magdalena Contreras, toca una parte de Tlalpan y termina en el Eje 10 Sur, de nuevo en Alvaro Obregón.

Afortunadamente, indican, gran parte del afluente se encuentra en suelo de conservación, luego cinco kilómetros de su extensión se haya en suelo urbano, no entubado, y posteriormente se entuba y se transforma en drenaje.

Este río vivo tiene un afluente de 1.15 metros cúbicos por segundo, pero en época de lluvias puede subir hasta ocho metros cúbicos por segundo, y bajar hasta 400 litros cúbicos por segundo durante el estiaje.

El río Magdalena ha ofrecido desde siempre sus riquezas a la comunidad. Muy cerca de sus orillas todavía existen pueblos originarios que viven ahí desde antes de la Conquista, como San Nicolás Totolapan (que en náhuatl significa Lugar de los Guajolotes), pueblos que aún hoy mucha de su agricultura y sobrevivencia dependen del afluente, porque cultivan jitomate orgánico, entre otros productos.

Durante los siglos XIX y XX, varias fábricas se asentaron a las orillas del río para aprovechar los recursos que les proveía, una de ellas fue la fábrica de papel de Loreto y Peña Pobre, otras del ramo textil y también ahí se hicieron Los Dínamos, que generaron en su momento electricidad para la zona.

Actualmente existen asentamientos que impactan directamente al río, como los conocidos como Sayulita y El Ocotal, por lo que enCauce considera como parte de su proyecto crear ecobarrios que sean autosustentables con el fin de que no impacten en el río.

Al rescate

EnCauce está formada por un grupo de profesionales que trabajan a favor del agua desde hace varios años. Su propósito fundamental es aprovechar este recurso, rescatar su cauce y restaurar las barrancas, para lo cual incentivan la participación social.

El objetivo del proyecto, indicaron, es aprovechar el agua del río Magdalena, disminuir la presión que tiene en el sistema de drenaje al reducir el agua del mismo, así como la de lluvias que llega al drenaje por esta vía, e instalar varias plantas de tratamiento a lo largo de su cauce con la finalidad de utilizar sus aguas para el consumo por la comunidad.

Sobre los asentamientos irregulares, señalaron que en los ecobarrios podrían instalarse plantas de tratamiento comunitarias, programas para la utilización de productos biodegradables, recuperación de agua de lluvia en sus propias casas a fin de hacerlos autosustentables y no sigan impactando el medio ambiente.

El proyecto será dado a conocer en breve y de aprobarse participarían en él GDF, la Comisión Nacional del Agua, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, la UNAM, la sociedad civil y se buscaría el apoyo de instituciones nacionales e internacionales, así como de la iniciativa privada y del Banco Interamericano de Desarrollo.

 
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