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Reconocen el trabajo de Francisco López Bárcenas y Zósimo Hernández López

Defensores de los pueblos indígenas, a la Academia de Derechos Humanos

VICTOR BALLINAS

Los investigadores, académicos y consultores en asuntos indígenas Francisco López Bárcenas y Zósimo Hernández Ramírez son, desde ayer, miembros de la Academia Mexicana de Derechos Humanos (AMDH), por su trayectoria, sus méritos y trabajo como defensores de las garantías individuales de los pueblos indígenas.

Zósimo Hernández Ramírez, indígena nahua, consultor de organismos internacionales, pidió a los presentes en la unidad de posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): "¡ayúdennos, porque no queremos desaparecer!"

Hizo un rápido relato de un episodio de su vida, a partir del cual se involucró en los derechos humanos. "Hace 44 años, en mi comunidad, Embarcadero, en Ilamatlán, Veracruz, ocurrió una matanza, en la que estuvieron involucrados los caciques dueños de la comunidad.

"Nos despertaron a las tres de la madrudada los ruidos de disparos; no sabíamos de dónde venían, pero sí sabíamos que esos no eran cohetes. Tuvimos que aguzar el oído para saber de dónde venían esos disparos. Eran de los caciques, porque en la comunidad no se tenían armas de ese calibre, si acaso rifles para cazar conejos, pero no eran de esas armas las detonaciones que se oían.

"La balacera duró por lo menos hasta las 10 de la mañana. Hasta mi casa llegaron pistoleros y nos acusaron de haber matado a personas; eso fue el 26 de junio de 1986. Después, en Huayacocotla, fui torturado y desaparecido.

"La Jornada le dio seguimiento a mi caso. Para mí La Jornada es una mina de trabajo en el tema indígena. Soy lector y crítico de ese periódico", aclaró.

Después, prosiguió su relato, "tras una semana desaparecido y torturado, estuve dos años preso. Antes de que estuviera en la cárcel, no sabía qué eran los derechos humanos. Ahí supe de ellos, porque me fueron violados todos. Al final de 1987, salí libre por falta de pruebas. Ni siquiera me pidieron disculpas; tampoco las esperaba".

El embajador Fernando Ortiz Monasterio, quien le dio la bienvenida a Zósimo Hernández a la AMDH, explicó que "estaba en una coordinadora de derechos humanos y se me pidió investigar el caso. Zósimo era maestro rural, y me fui a entrevistar a la dirigente de la sección sindical 32 del magisterio. Ahí me dijeron que ese era un problema político, que el maestro estaba preso porque su papá era luchador social, y si tenían a su hijo en la cárcel, el padre estaría quieto".

Revisé las declaraciones de los testigos: "tres diferentes. Una mujer que decía que ella había visto cómo a machetazos Zósimo mató a tres personas. Que ella lo había visto. Otro testigo decía: 'yo vi cómo disparó de frente y los mató', y otro: 'yo vi cómo les disparó por la espalda'.

"Insistimos, y no fue sino hasta que bloqueamos el paso al gobernador Fernando Gutiérrez Barrios, que iba a tomar posesión, y Ofelia Medina le dijo: 'usted se comprometió a liberar a Zósimo Hernández', fue entonces que le concedió amnistía en julio de 1987, pero el maestro no la quiso, dijo que no saldría si no era absuelto de los cargos que le imputaban, porque eran falsos. Tres meses después salió libre por desvanecimiento de pruebas."

A Francisco López Bárcenas, indígena de Oaxaca, le dio la bienvenida a la AMDH el antropólogo Leonel Durán.

López Bárcenas resumió su trabajo: "antes pensaba que los legisladores no entendían el tema indígena, pero estuve equivocado, no es que no lo entiendan, lo entienden muy bien, y saben las implicaciones que tiene el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas", por eso se oponen.

Hizo un rápido repaso de las constituciones en el país y el tema indígena: "la primera Constitución, la de 1824, reconoce a los indígenas; el artículo 49, los reconoce. Dice que se faculta al Congreso de la Unión para arreglar el comercio con los países, los diferentes pueblos y las tribus de indios.

"Y saben por qué -explicó el investigador-, porque no se referían a México, los constitucionalistas copiaron textualmente el artículo 1.8.3 de la Constitución de Estados Unidos de América.

"La Constitución de 1857 tuvo errores, y por decisión de los diputados de Oaxaca, que se opusieron a todo lo indígena, el tema se borró por decreto. En 1910, con la Revolución Mexicana, los pueblos indígenas fueron a la guerra con el Plan de San Luis Potosí, pero iban pensando en el Plan de Ayala, en la restitución de tierras como territorios, restitución de gobiernos que el porfiriato les arrebató", concluyó.

 
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