Usted está aquí: viernes 23 de febrero de 2007 Cultura ¿Qué es el tiempo?

José Cueli

¿Qué es el tiempo?

El análisis del término alemán Nachtraglichkeit conlleva dos ideas. Es, por una parte, lo ulterior, y, por la otra, suplemento. Dicho de otra forma, entre dos acontecimientos síquicos, I y II, el segundo está reconocido en su nexo con el precedente, al que ahora da un sentido más abierto que su primera huella mnémica un sentido que no existía más que en estado virtual y que en nada predestinaba por adelantado que tomaría esa dirección, entre otras posibles en el contexto de la polisemia. La progresión del sentido conlleva, pues, un retorno que aumenta retroactivamente el contenido que tenía inicialmente y una elección ''captando'' una entre diversas posibilidades.

La idea de reprimir es la de una multiplicidad de ubicaciones de las conjugaciones del tiempo. Esta inhibición -es la intuición de Freud- está fuera del tiempo. Inusual, inalterable, guardada intacta, insensible a los ultrajes de los días que le siguen; pero en revancha, puede fingir las apariencias del cambio por necesidad de trasvertirse cuando llega a la proximidad de la conciencia. La marca del pasado no tuvo ningún pliegue. Nos sorprendemos cuando el esclarecimiento de un sueño viene a recordárnoslo.

El consciente ignora que el inconsciente ignora el tiempo; ignora también que el tiempo en su alcance es miserablemente pobre. Podría decirse entonces: nada desapareció, todo está ahí, aún presente, pero todo puede desaparecer de nuevo, en todo instante, arrastrando inclusive a veces al propio yo en esa desaparición.

Tal vez debiéramos pensar, como propone André Green, siguiendo a Freud, en una especie de ''memoria amnésica". Repetición en lugar de la rememoración, reproducción en lugar de la representación. Repetición que no se ancla más que en el vacío. Entre mayor repetición menor la posibilidad de rememoración y de evocación del recuerdo. Repetir para poner distancia de aquello que despertaría al sentido de lo que en él insiste y reitera ahí donde nadie comprende.

El yo desea olvidar, el ello insiste en acordarse de su mal recuerdo. La repetición parece sugerir alguna cosa, algo que parece desbordar al sujeto mismo y este desbordamiento se hace presente en la repetición misma, en un intento de búsqueda de sentido. Es decir, el sentido no tiene sentido si no renvía más que enunciados fijados, limitados, aún más sospechosos que una invariancia muy rígida para ser verdadera.

Lo que ''hace sentido" porque eso incluye la conjugación es, pues, por definición, no sólo ''génesis" sino 'generación" o engendramiento procesual, como lo demuestra la causalidad síquica. El sentido tiene implicaciones y, como tal, consecuencias. El sentido no puede no ponerse en futuro (como en el pasado), porque es una instancia dinámica y su movimiento se inscribe en las potencialidades transformadoras de lo posible, en que el por-venir como el anterior se inventan.

La concepción aristotélica newtoniana del tiempo concebía a éste como una flecha deslizándose del pasado al futuro. Sin embargo tal concepción no dejaba de plantear interrogantes.

Es así como San Agustín se pregunta, ¿qué cosa es el tiempo?, a lo cual responde: ''Si nadie me lo pregunta, yo lo sé para entenderlo, pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunta, confieso que no puedo".

Desde entonces surgió la afirmación de que no hay pasado ni futuro dado, el pasado ''ya no es" y el futuro ''aún no es" por lo cual se infiere que sólo existe un ''presente de lo pasado" y un ''presente de lo futuro".

 
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