Directora General: CARMEN LIRA SAADE
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Domingo 25 de febrero de 2007 Num: 625

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Gabriela Mistral a cincuenta años de su muerte
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Hugo Gutiérrez Vega

LUIS PALÉS MATOS Y EL CARIBE (I DE III)

El mare nostrum, las grandes joyas de las Antillas Mayores y el serpenteante juego geológico de las Antillas Menores; la poderosa presencia de la cultura de la madre África metamorfoseada por las verdes y azules realidades del profundo Caribe, parte del padre Atlántico, pero parte separada por fronteras invisibles, como el Egeo se separa y sigue perteneciendo al otro mare nostrum, el del sueño romano, son el fondo y la forma, la esencia misma de una de las vertientes principales de la obra del puertorriqueño Luis Palés Matos, poeta mayor de la lengua castellana.

Entender plenamente que la negritud (pido permiso a Senghor para usar su palabra castellanizada) en la poesía de Palés no tiene ninguna intención folclorizante, ni asomo alguno de paternalismo ni, mucho menos, contenido ideológico inmediatista. Es condición imprescindible para acercarnos a sus construcciones poéticas celebratorias de las características intransferibles de la cultura antillana. Palés canta y celebra la estética corporal y artística de los pueblos marcados por el signo del Caribe, como Homero lo hizo con los seres del mundo helénico; Virgilio con los huidos del incendio troyano y llegados a las costas soñadas durante el largo viaje, para inventarse las primeras formas de lo que sería el mayor imperio del mundo conocido; Camoens con los alucinados navegantes que partían de su patria cercada y estrecha para, venciendo océanos y tormentas, ensanchar la visión de la tierra de los hombres; Darío con la América mestiza, sus raíces y su lengua común; Whitman con los industriosos americanos del norte y sus sueños de democracia y tolerancia; Kavafis reconstruyendo las imágenes y los cuerpos helénicos en la ciudad capital del rescoldo helenístico, Vallejo con los descendientes desposeídos del imperio inca; García Lorca con la raza de la verde luna, perseguida, pero dueña de su mismidad irreductible; López Velarde con sus mitologías sollozantes y sus ídolos a nado... y otros más, muy pocos, capaces de reunir las características señaladas por Eliot para definir a los poetas nacionales.

Palés, como lo hacen los otros poetas mencionados, en sus lenguas y giros particulares, habla con la voz de las islas (voz plural, hecha por las mezclas y las hermosas indeterminaciones) y, al mismo tiempo, con su propio e intransferible sentido del lenguaje. Le exprime a las palabras sus jugos más recónditos y, cuando lo necesita, recurre al ritmo puro y a la repetición que con frecuencia enriquece y, junto con los silencios y las pausas, destila la sustancia misma de un poema, en el cual la forma es el fondo y lo permanente son las palabras y los mundos que evocan y convocan en el mágico momento de la lectura en voz alta o en el silencio del lector comulgante.

Su mar Caribe corresponde a la realidad y, al mismo tiempo, es un producto de su imaginación. Es un Caribe principalmente femenino y, por lo tanto, tiene el profundo sentido de la tierra, la gracia intacta del primer día de la creación, el ondular de las aguas en la playa, el movimiento acompasado de un "caderamen" rotundo como la comba del cielo. Los hombres ocupan un lugar discreto en las islas del matriarcado, que en ese tiempo estaba rico en deberes y pobre en derechos. Son ellos los que tocan el tambor en la noche de fiesta para que la mujer ondule y señale los rumbos del frenesí. Como afirma Mercedes López Baralt, el cantor logra un aliento bíblico para describir a su "mulata antilla":

Con voces del Cantar de los Cantares,
eres morena porque el sol te mira.
Debajo de tu lengua hay miel y leche
y ungüento derramado en tus pupilas.
Como la torre de David tu cuello,
y tus pechos gemelas cervatillas.
Flor de Sarón y lirio de los valles
yegua de faraón ¡Oh, Sulamita!

(Continuará)

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