Usted está aquí: lunes 5 de marzo de 2007 Opinión Gobiernos de latinoamericanos contra el terrorismo

Javier Oliva Posada

Gobiernos de latinoamericanos contra el terrorismo

Dentro de los puntos acordados en la reunión del Grupo de Río, realizada en Georgetown, capital de Guyana, del primero al 3 de marzo, además de los consabidos esfuerzos retóricos y diplomáticos de la integración regional para hacer frente a la pobreza y la marginación, sobresale un explícito rechazo al terrorismo, así como instrumentar algunas acciones intergubernamentales para lograr mantener a la macrorregión latinoamericana exenta de los escenarios de violencia.

Que dicha reunión haya tenido lugar en vísperas de la actividad diplomática de Estados Unidos es un antecedente muy importante. Como es sabido, del 8 al 14 de este mes, George W. Bush hará una extensa gira por Latinoamérica, que incluye a México, además de Colombia, Brasil y Uruguay. Lógicamente, dos de los temas centrales a tratar serán terrorismo y narcotráfico.

Ambos actos, tanto la reunión del Grupo de Río como la visita del presidente estadunidense, se dan en medio de un profundo proceso de reajuste de los bloques geopolíticos y de intereses regionales para las potencias. No debe olvidarse la anunciada disposición de Vladimir Putin para reactivar la fabricación e instalación de los SS-20 ante la probable construcción de plataformas de lanzamiento de misiles de medio alcance (Pershing) y un sistema de radares en Polonia y la República Checa, medidas precautorias y respuesta directa a la capacidad destructiva de los cohetes norcoreanos y el avance del programa nuclear iraní.

En sentido estricto no hay mucha diferencia respecto del lapso que va de 1946 a 1990 (la guerra fría). Nos encontramos ante el inicio de una nueva era, digamos de posguerra fría, con idénticas características a las de aquellos años: fabricación de armas, aviones, sistemas de intercepción espacial, a lo que hay que sumar la abierta disputa por el control espacial. Sin embargo, sí que hay una profunda y gran diferencia: no hay disputas ideológicas. Es decir, se trata de argumentos que reivindican el poder por el poder en sí, sin el menor ropaje ideológico. Se defienden o reivindican espacios geopolíticos considerados vitales. En ese contexto, ni la pobreza ni la depredación ambiental, ni ningún otro grave problema de la agenda social mundial tienen sentido.

Por eso, al tratar el tema del terrorismo como aspecto central de la agenda de los países latinoamericanos, los gobiernos de la región deben procurar que este mismo no diluya la relevancia y urgencia para atender la problemática de nuestros países. Sin duda, la coordinación y el establecimiento de programas de intercambio de información y otras medidas propician un ambiente de tranquilidad y paz para las inversiones. Pero la mejor inversión sigue siendo la que se destine a atenuar la marginación, la pobreza, la creación de empleos, inversión en educación y sistema de salud, así como la construcción de medidas dirigidas a procurar el desarrollo sustentable.

La verdadera preocupación en nuestras sociedades debe estar enfocada a las características legales, económicas y sociales que propician la tan extraordinaria como injusta concentración de la riqueza. En su libro, Riesgo y razón, Cass Sunstein apunta a la previsible tensión que en breve habrá de surgir entre las condiciones de vida y preservación del orden jurídico como resultado de la gradual extinción de mejores escenarios a corto plazo. La desobediencia y violencia sociales encuentran terreno fértil en un entorno de frustración y debilitamiento en la capacidad de los gobiernos para aplicar la ley. En ese ambiente, el terrorismo tiene opciones. Aunque pocas, aún hay opciones.

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