Usted está aquí: lunes 5 de marzo de 2007 Opinión Aprender a morir

Aprender a morir

Hernán González G.

Temas atropellados

Si un analfabeto pudo ser electo presidente de la República y como ex mandatario cobra jugosas sumas por seguir diciendo sandeces, todo indica que políticos y "nuevos" funcionarios ya no se apartarán de este modelo que temerariamente separa el cerebro del corazón y ambos de la palabra.

El calculado proceso de dependencia e involución a que está sometido el país desde hace varios sexenios, su probada eficacia para retroceder como estado de derecho y la atrofia para pensar individual y colectivamente, conducen a una incapacidad de ver las cosas con perspectiva, no se diga para respaldar a connacionales brutalmente reprimidos o negligentemente sepultados en una mina.

Y si política y cordura se nos volvieron ciencia, imagínese el lector lo que a los mexicanos se nos vuelve el hecho de plantearnos, en público, la posibilidad de aspirar a una muerte digna, sin bendición papal ni encarnizamientos terapéuticos, auxilios espirituales e hipócrita defensa de idiosincrasias inducidas, sino con el imprescriptible derecho a decidir cada quien libremente su final, como corresponde a toda sociedad democrática y madura.

Al constatar costos y recovecos de la democracia, comprobamos fastidiados las calamitosas consecuencias de la impreparación y la falta de profesionalismo y ética en el ejercicio de las actividades respectivas. Así, nuestros flamantes legisladores lo mismo organizan entre ellos un equipo de futbol americano que emiten conmovedoras leyes sexistas que protejan a la mujer de "la violencia", como si ésta fuera invento y uso exclusivo de los varones en casa.

Puede seguir el país formulando candorosas leyes por tiempo indefinido y torcer irresponsablemente la realidad con tal de preservar añejos prejuicios y falsos valores -la vida individual es sagrada posea o no calidad, los hombres golpean y las mujeres aguantan, la televisión refleja lo que sucede, etcétera-, sólo que esa realidad que se pretende ignorar hace tiempo rebasó no sólo la legislación obsoleta sino la normativa más reciente.

Al Martínez del chocarrero mensaje radiofónico lo detienen por golpear a su mujer, lo conducen al Ministerio Público donde un agente determinará la gravedad de la falta y la índole del correctivo: multa, cárcel o ambas. Si aún queda espacio en algún reclusorio, pasará allí una breve temporada y, al salir, ¿habrá cambiado su mentalidad, empeorado la situación de la familia o aprendido la esposa defensa personal?

Una educación ciudadana en manos de concesionarios de televisión y de un magisterio enlodado es garantía de más violencia, no de mayor equidad y mucho menos de conciencia en las personas. Continuar tomando el rábano por las hojas para mantener un statu quo suicida que detenta privilegios a costa de la estabilidad social y la dignidad individual es apresurar el camino al colapso. Contraponer las desigualdades que persisten en el país a la autonomía y poder de decisión de los individuos es aferrarse al paternalismo que se niega a tratarnos como adultos.

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