Usted está aquí: miércoles 7 de marzo de 2007 Opinión China: entre modelos y algoritmos

Alejandro Nadal

China: entre modelos y algoritmos

El mercado bursátil de China se desplomó la semana pasada. A lo largo del martes 27 de febrero los inversionistas y especuladores buscaron frenéticamente deshacerse de sus acciones que habían alcanzado precios récord en los últimos meses. Al final del día, el índice de la bolsa de Shanghai, el más importante indicador bursátil chino, había caído 9 por ciento, la peor debacle en más de diez años.

El desplome arrastró a las mayores bolsas del mundo, desde Wall Street y Tokio, hasta las plazas europeas. Pero no hay razones para sorprenderse: la desconfianza ha sido uno de los rasgos característicos del mercado accionario chino. Las inversiones desmedidas han alimentado la incertidumbre desde hace varios años, sobre todo si se considera el exceso de capacidad instalada en numerosas ramas. La especulación en bienes raíces ha alcanzado dimensiones míticas, midiéndose en hectáreas el espacio inmobiliario que está desocupado al tiempo que persiste un extraordinario déficit de vivienda. La abultada deuda de los principales bancos chinos es la cereza del pastel, a tal grado que el gobierno ha tenido que imponer nuevos y más estrictos índices de reservas en el sector bancario.

El gobierno chino ha buscado moderar con cautela el ritmo de la expansión económica, imponiendo controles al volumen de préstamos de los bancos y mediante aumentos en la tasa de interés. Pero tanta prudencia sólo condujo a resultados decepcionantes. Por esa razón, la volatilidad del mercado accionario se respiraba en el ambiente desde hace semanas. Todos los participantes estaban a la espera de un detonante para salir en manada corriendo hacia inversiones más seguras.

La gota que derramó el vaso fue la información sobre el desempeño de la economía de Estados Unidos. Las interdependencias entre ambas economías ya son tan fuertes que la comezón en una desencadena instantáneamente un reflejo de rascado en la otra.

En Estados Unidos las señales de alarma respecto al mercado inmobiliario y la evolución de la industria manufacturera han estado sonando desde hace meses. Pero los datos de finales de febrero fueron contundentes. El desplome en la venta de casas alcanzó en enero 16.6 por ciento, lo que representa la caída más fuerte desde 1994. Eso elevó el número de casas nuevas en venta a más de 536 mil, suficiente para indicar que la burbuja está reventando en serio. Las repercusiones sobre el sector financiero ya se dejan sentir porque muchos créditos hipotecarios han caído en cartera vencida.

Por si fuera poco, el mismo día del derrumbe bursátil en China, el Departamento de Comercio estadunidense dio a conocer los datos sobre el comportamiento de la industria manufacturera. Los pedidos de bienes de capital, como máquinas, herramientas y computadoras, sufrieron en enero una contracción de 8 por ciento. Esos números son la culminación de una fuerte tendencia recesiva que se ha manifestado durante los últimos tres meses.

Los datos, en combinación con las noticias sobre el desplome en China, provocaron la venta de papeles considerados inseguros en el mercado neoyorquino. Cuando Wall Street abrió sus operaciones el 27 de febrero, las principales bolsas del mundo ya habían cerrado con resultados negativos. Un análisis detallado de las operaciones de ese día revela que el desplome más acentuado se produjo a partir de las tres de la tarde. ¿Por qué?

La explicación es que una buena parte de los inversionistas que manejan grandes volúmenes de transacciones concentran sus operaciones al inicio y al final de las sesiones. Ese es el caso de los grandes fondos de pensiones, cuyos precios están vinculados estrechamente con lo que indica el cierre del mercado. Los fondos de inversiones de alto riesgo también suelen funcionar con el mismo modus operandi. Los algoritmos de las computadoras de estos inversionistas y de las de muchas corredurías desempeñan un papel importante en vaivenes tan pronunciados como los de esta semana.

En 2005 Auxilio Alcantar publicó una excelente entrevista con el sinólogo francés François Jullien, quien señalaba que uno de los mayores contrastes entre China y Occidente radica en la concepción de las matemáticas. Según el investigador, mientras en Europa se pensó en las matemáticas como un lenguaje para construir modelos, en China el desarrollo de matemáticas avanzadas nunca siguió esa tendencia. Eso explica, a decir de Jullien, por qué China piensa la eficacia de manera discreta para inducir transformaciones silenciosas.

Un algoritmo es una lista de instrucciones que especifica una sucesión de operaciones necesarias para resolver un problema determinado. No es un modelo de la realidad, pero los algoritmos de las corredurías, aquí y en China, tienen una finalidad expresa: solucionar el problema de la maximización de ganancias y minimización de pérdidas. Los dirigentes chinos están por descubrir a un gran costo que todavía no se ha diseñado un algoritmo que resuelva ese enigma en un contexto de inestabilidad en mercados interdependientes. Ya podríamos darle la bienvenida al capitalismo crudo.

 
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