Usted está aquí: miércoles 7 de marzo de 2007 Política Sida y dignidad

Arnoldo Kraus

Sida y dignidad

Quienes reflexionan acerca de la condición humana saben no solamente de los vericuetos encerrados en el término dignidad, sino de la íntima e inseparable relación entre ambos. No es posible cavilar sobre nuestra especie sin desgastarse en los profundos piélagos de los significados de la dignidad humana, de la cual diré únicamente que es una característica esencial de las personas que permite distinguir lo humano de lo no-humano. En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Immanuel Kant aseveraba: "el hombre tiene dignidad, no precio", idea que expresa con profundidad el valor y la trascendencia de esta cualidad. Imposible pensar que en el siglo XXI la dignidad del ser humano no sea principio rector de cualquier organización y, sobre todo, de las entidades gubernamentales.

El debate reciente, suscitado por la demanda de amparo de militares que habían sido dados de baja del Ejército por ser portadores del VIH/sida, expone la inconstitucionalidad, de acuerdo con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del artículo 226, numeral 45, de la Ley del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas, el cual establece la inutilidad del afectado por actos cometidos fuera del servicio y, por ende, la baja de los militares infectados. Debido a que fue el Ejército el demandado, se tuvo que recurrir a la Suprema Corte para ventilar el caso; cuando los implicados son civiles, controversias similares no suelen publicitarse. Destaco dos puntos con la finalidad de fomentar la discusión.

Primero. A los soldados infectados se les pretendía dar de baja porque su enfermedad fue adquirida fuera del servicio militar, amén de que se les endilgó la etiqueta de inutilidad por la naturaleza del VIH. Si bien es obvio que la inmensa mayoría de los ciudadanos, dentro de los cuales me incluyo, desconocemos las leyes de los diversos institutos de la nación, incluyendo el de las fuerzas armadas, lo que no es ético es callar una vez que han sido expuestos algunos de los apartados de estas leyes.

Resalto tres puntos: 1) Es imposible aseverar que los militares infectados se hayan contagiado fuera del servicio. 2) Los actos de los militares, fuera del servicio, mientras no afecten a terceros, son decisiones personales, cuyas consecuencias les competen a ellos mismos. Me baso en el principio de autonomía por el cual tanto se brega en la actualidad. 3) Resulta difícil entender por qué se dice que los militares infectados por el VIH deben considerarse inútiles. Es del dominio común que el sida se ha convertido, gracias a los medicamentos retrovirales, en una enfermedad crónica que permite al afectado trabajar en forma normal y por tiempo indefinido. Muchos consideran que en la actualidad el sida, para quien puede pagar los medicamentos, no difiere mucho de otras enfermedades crónicas. Sería adecuado conocer la opinión de los médicos militares.

Segundo. Mucho se ha escrito acerca del papel que juegan las enfermedades como termómetros de la condición social. La tuberculosis en la antigüedad y el sida en la actualidad son sendos ejemplos de ese entramado. Los sujetos con sida han sido y siguen siendo motivo de estigmatización y discriminación, sobre todo porque al principio de la pandemia buena parte de los infectados eran homosexuales -situación que ha cambiado en la actualidad. La homofobia y los asesinatos de homosexuales siguen siendo un problema grave que no debe soslayarse cuando se discrimina a un enfermo de sida, aunque, aclaro, en ningún momento se ha utilizado este argumento en el caso de los militares infectados.

Ya que la salud se considera un derecho humano, resulta inadecuado e inentendible que a los militares infectados se les haya dado de baja, amén de que, como ya escribí, existen tratamientos adecuados que permiten llevar una vida "normal", si es que lo normal existe sin la necesidad de entrecomillar la palabra. No sobra decir que en Yucatán desde 2003 han sido cesados 20 soldados infectados; me imagino que lo mismo ha sucedido en otros estados.

Empecé este artículo reflexionando acerca de la dignidad. Lo finalizo de igual forma. Los vínculos entre el derecho a la salud (o al tratamiento de las enfermedades) y los derechos humanos son múltiples. La discriminación por padecer sida es una actitud decimonónica que atenta contra la dignidad. Muchos jóvenes ingresan al Ejército con el fin de mejorar su condición, para dignificar su vida y la de los suyos. La dignidad es uno de los pilares de los derechos humanos que se vincula con la libertad y con la capacidad de ser un ente moral. La discriminación por padecer VIH/sida es un profundo atentado contra los derechos humanos.

 
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