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Economia Moral

Julio Boltvinik

Necesidades humanas

Concepto central, empírico y valorativo para la izquierda

La economía moral es convocada a existir como resistencia a la economía del "libre mercado": el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente

La importancia del concepto de necesidades humanas en las políticas públicas y en la lucha por una sociedad mejor, difícilmente puede exagerarse. Sin embargo, el concepto es rechazado por la teoría neoclásica dominante y minimizado por la mayor parte de los economistas marxistas. Para fundamentar las necesidades humanas es necesario reflexionar sobre la esencia humana. György Márkus (véanse todas las referencias al final del artículo) ha sistematizado la visión de Marx al respecto: el ser humano se distingue del animal porque su actividad vital, el trabajo, se orienta de manera mediada a la satisfacción de necesidades (animal que fabrica herramientas con las cuales produce otras herramientas o sus satisfactores), lo que convierte al hombre en ser natural universal, capaz de transformar en objetos de sus necesidades y de su actividad toda la naturaleza, al hacer lo cual desarrolla sus necesidades y capacidades humanas (fuerzas esenciales humanas) y se hace a sí mismo (ser histórico-universal). El trabajo da lugar a la ruptura de la fusión animal de sujeto (necesidades) y objeto, haciendo posible la conciencia y la auto-conciencia humanas, que tienden a la universalidad (ser conciente universal). En el trabajo (pero no sólo en él) están dadas las condiciones del ser humano como ser social (no puede llevar una vida humana más que en su relación con los demás): el trabajo es social porque los hombres trabajan los unos para los otros con medios y capacidades producidos por las generaciones anteriores (ente social universal). También es un ser libre que puede realizar en su vida las posibilidades objetivas, generadas por la evolución social, con base en su decisión conciente. La libertad debe ser entendida tanto en el sentido negativo: libertad de determinaciones y relaciones, como en el sentido positivo: dominio sobre las fuerzas naturales y desarrollo de la creatividad humana, de las fuerzas esenciales humanas. En síntesis, los rasgos esenciales del ser humano, ligados entre sí, son: a) su actividad vital es el trabajo; b) es un ser conciente; c) es un ser social; d) es un ser que tiende a la universalidad, lo que se manifiesta en los tres rasgos anteriores y que lo constituyen como ente: natural-histórico-universal, social-universal y con conciencia universal; y e) es un ser libre.

Según Maslow las necesidades humanas son instintoides, ya que de los tres elementos del instinto (impulso, actividad, objeto), el hombre sólo hereda el primero y debe aprender los otros dos. Según Fromm, en un cierto punto de la evolución la vida adquirió conciencia de sí misma y la acción dejó de estar determinada por instintos. Esta ruptura del dominio por el instinto presente en ambos autores coincide con la ruptura que supone el trabajo como actividad mediada, ya que la 'fabricación de herramientas' es una actividad no instintiva. Son dos aspectos de la misma ruptura que supone un gran salto en términos de libertad y resulta clave para entender la esencia humana.

Según Marx, las necesidades (salvo las biológicas originarias) son históricas, tan producidas como los productos y las capacidades; la producción no sólo crea el objeto de consumo, sino el modo de consumo, el impulso de consumo y el consumidor mismo. "La génesis del hombre es en el fondo la génesis de las necesidades", ha dicho Agnes Heller. Podríamos añadir que el desarrollo del ser humano es el desarrollo de sus necesidades y capacidades. El carácter histórico de las necesidades se manifiesta en la humanización de las biológicas y en la creación de nuevas necesidades sin raíz biológica: aprendizaje y necesidades estética y científica. Esta visión contrasta con la dominante o neoclásica que sostiene que la producción cumple una función meramente instrumental al servicio del consumidor soberano y sus preferencias preexistentes (Jerome Rothenberg). Wiggins ha distinguido entre necesidades y apetencias o deseos, y ha definido rigurosamente lo necesitado (satisfactores) y las necesidades. En los tres párrafos siguientes expongo sus ideas y hago concurrir la de otros autores.

Sobre la distinción entre necesidades y deseos. Wiggins sostiene que las necesidades no son deseos (o preferencias) fuertes o inconcientes, ya que mientras necesitar no es un verbo intencional y no depende del pensamiento, desear es un verbo intencional que sí depende del pensamiento. Así, si necesito algo porque es F, tiene que ser realmente F sin importar que yo crea o no que es F, mientras que si uno quiere algo porque es F, uno cree o sospecha que es F (sin importar que lo sea en realidad). Doyal y Gough (DyG) distinguen entre necesidades objetivas, concebidas como propósitos universalmente ligados a evitar el serio daño y apetencias subjetivas que no lo son.

Sobre necesidad y daño a los seres humanos. La fuerza especial del término y el carácter normativo de las necesidades (no instrumentales, sino absolutas o categóricas) viene del carácter fijo, no controversial, y que no requiere ser explicitado, de su propósito: evitar el daño a los seres humanos, señala Wiggins, quien distingue entre necesidades instrumentales (vg. necesito dos mil pesos para comprarme un traje) y las categóricas o absolutas (vg. necesito alimentos). DyG adoptan el concepto similar de serio daño pero aclaran que también podrían haber definido las necesidades en términos del concepto positivo de florecimiento humano y añaden el rasgo de universalidad de las necesidades con el que concuerdan Erich Fromm y Max Neef et al.: "Si aceptamos que todos los seres humanos tienen la misma capacidad para sufrir serio daño o para florecer, concluiremos que todos los individuos tienen necesidades humanas objetivas básicas concebidas como propósitos universalizables". Fromm y Maslow definen el daño como enfermedad física o mental, mientras DyG lo definen como estar fundamentalmente incapacitado para perseguir lo bueno (como la pérdida de la salud física o de la autonomía). Fromm, por ejemplo, identifica en el narcisismo, que en sus formas extremas es la locura (pérdida de contacto con la realidad), el daño que resulta de la insatisfacción de la necesidad de relaciones íntimas.

Sobre la definición de lo necesitado y las necesidades. Lo necesitado lo define Wiggins de la siguiente manera: "una persona necesita X absolutamente, si y sólo si, ante cualquier escenario aceptable en el periodo relevante, resultará dañada si carece de X". Define las necesidades como estados de dependencia (con respecto a no ser dañado) cuyos objetos son lo necesitado. A esta distinción entre necesidades y satisfactores concurren múltiples autores y Max Neef et al. han ido más lejos y distinguen necesidades, satisfactores y bienes: "Los satisfactores no son los bienes económicos disponibles sino que están referidos a todo aquello que, por representar formas de ser, tener, hacer y estar, contribuye a la realización de las necesidades humanas". Otro desarrollo al respecto es la elaboración de tipologías o listas de satisfactores. DyG adoptan tres tipos de satisfactores: objetos, relaciones y actividades. Partiendo de los rasgos de la esencia humana antes discutidos, he derivado la siguiente tipología de satisfactores, que tiene sólo dos diferencias con la anterior al distinguir bienes de servicios e incluir conocimientos y teorías: 1) objetos externos (bienes); 2) servicios; 3) actividades del sujeto; 4) relaciones; 5) información, conocimientos, teorías. A partir de la amplia gama de satisfactores que manejan Max Neef et al. en su "Matriz de necesidades y satisfactores", y previo tamiz crítico, añadí a la tipología anterior: 6) capacidades y 7) instituciones. Estas tipologías contrastan con el hecho que casi todos los economistas, incluido A.Sen, sólo consideran los bienes y servicios.

Como vimos, según Wiggins el término necesidades tiene un carácter normativo. Me parece que ésta es una visión correcta pero insuficiente, pues las necesidades son tanto normativas como factuales. Es decir, constituyen lo que Hilary Putnam ha llamado "conceptos éticos gruesos" en los que la descripción y la valoración se encuentran embrollados o entretejidos, como 'cruel' o 'justo'. Este planteamiento lo ha hecho Putnam como parte de la demolición que ha llevado a cabo de la dicotomía hechos/valores, pilar central del positivismo lógico, y que sirve como freno de la discusión y del pensamiento mismo. "Para usar estos términos con alguna discriminación, dice Putnam, uno tiene que ser capaz de identificarse con imaginación con un punto de vista evaluativo. Es decir, que incluso en el uso descriptivo, estos conceptos dependen de la evaluación."

Al sostener que la descripción factual y la valoración deben estar embrolladas, Putnam derrota las críticas frecuentes que pretenden descalificar un discurso científico porque incorpora valores, con consecuencias enormes. Ilustremos el asunto con dos casos. Primero, la crítica de Ross Fitzgerald a Maslow por incorporar juicios de valor en su discurso científico queda invalidada. Cuando dice: "Hablar de la necesidad de autorrealización es o tautológico o inequívocamente normativo" (es decir, no es sintético o falsificable), se sitúa en la clasificación tripartita de todos los juicios que llevan a cabo los positivistas lógicos: 1) sintéticos o falsificables; 2) analíticos (falsos o verdaderos sobre las bases de la lógica solamente, es decir tautológicos); y 3) sin significado cognitivo (juicios éticos, metafísicos y estéticos). Es decir, sostiene que la afirmación sobre la existencia de la necesidad de autorrealización se ubica en las categorías 2 o 3. Uno de los campos de aplicación más importantes del concepto de necesidades es el del estudio de la pobreza (comúnmente definida como insatisfacción de necesidades o como incapacidad para satisfacerlas). Los economistas defensores de la dicotomía hechos/valores, positivistas lógicos que además rechazan el concepto de necesidades humanas objetivas, y lo sustituyen con el de preferencias, dominan el campo de estudio de la pobreza. Como suponen, como todo positivista lógico, que en materia de valores no puede haber nada racional, suponen que la definición del umbral de pobreza, tarea cargada de valores, es un acto arbitrario del investigador y no puede ser de otra manera, facilitando así la tarea para que el BM y otros de su ralea, que buscan reducir la pobreza medida al mínimo posible, logren su objetivo. Enemigos de los juicios de valor, se mueven de manera muy incómoda en el campo del estudio de la pobreza y lo han empobrecido de la misma manera en la cual Putnam describe que empobrecieron el de la economía del bienestar.1

1 Las referencias bibliográficas citadas en esta entrega son: G. Márkus, Marxismo y 'antropología', Grijalbo, Barcelona, 1974; Abraham Maslow, Motivation and Personality, Addison-Wesley, Nueva York, 1987 (tercera edición); Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, Fondo de Cultura Económica, México, 1956; Karl Marx, Introducción a la crítica de la economía política (1857), en Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, Siglo XXI editores, México, 1971; A. Heller, Teoría de las necesidades en Marx, Península, Barcelona, 1978; J. Rothenberg, "Soberanía del consumidor", Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, Volumen 3, Aguilar, Madrid, 1974; David Wiggins, Needs, Values, Truth. Essays in the Philosophy of Value, Clarendon Press, Oxford, 2002; Len Doyal y Ian Gough, A Theory of Human Need, MacMillan, Londres, 1991; Manfred max Neef et al. Desarrollo a escala humana. Una opción para el futuro, Número especial de Developemnt Dialogue, Cepaur y Fundación Dag Hammarskjöld, santiago de Chile, 1986; julio Boltvinik, "Elementos para la crítica de la economía política de la pobreza", Desacatos. Revista de antropología social, N° 23, enero-abril, 2007; H. Putnam, The Collapse of the Fact. Value Dichotomy and Other Essays, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2002; Ross Fitzgerald, "Abraham Maslow's Hierarchy of Needs-An exposition and Evaluation", en R. Fitzgerald (editor), Human Needs and Politics, Pergamomn Press, Australia, 1977.

 
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