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Alvaro Angoa medió para que tomaran un curso en el Centro de la Imagen

Sexoservidoras se retratan a sí mismas y exponen en La Merced

Muestra fugaz en hotel de paso con la que celebraron el Día Internacional de la Mujer

Tristeza, alegría y complicidad, captadas sólo por quien conoce de cerca su realidad

TANIA MOLINA RAMIREZ

Ampliar la imagen "Todos tienen derechos, menos las sexoservidoras" Foto: Marco Peláez

Las damas con la profesión más antigua celebraron el Día de la Mujer: las que ofrecen caricias y consuelo, las que rescatan a los hombres en los momentos más terribles, las que dan placer, las que sacian el deseo y las ganas.

Afuera del hotel Las Cruces, donde las sexoservidoras de La Merced festejaron el 8 de marzo y el cumpleaños de una compañera de oficio, Greta, se juntó un grupito de hombres que husmeaban, indagaban."¿Qué hay?", se preguntaban, quizá alborotados por la presencia de tantas mujeres que ofrecen placer.

Adentro estaban las tímidas, tras abanicos, juntitas, recargadas en las paredes de los corredores del edificio, como si estuvieron en alguna de las calles donde a diario trabajan.

Y sobre las paredes, una muy temporal exposición -sólo por ese día- de fotografías tomadas por ellas mismas a sí mismas, acompañada de cartulinas con sus escritos.

Las imágenes mostraban lo que un fotógrafo ajeno a ellas difícilmente logra: miradas de complicidad, sonrisas relajadas, jugueteo entre ellas, y también, miradas de absoluta seriedad, incluso reflejan tristeza.

Como la que acompañó esta mañana a chiapaneca Roxana: "No tenía quién me felicitara". Por primera vez, en conversación con este diario se le quiebra la voz y se muestra frágil.

Lo que la sostiene, como a sus compañeras, es la solidaridad: "Todas somos unidas; es nuestra segunda familia".

"La sociedad nos ve como una mugre", se lamenta Roxana, cuando lo que hacen es ofrecer un descanso, un refugio: "A veces los clientes no vienen a tener sexo, vienen a tener una amiga".

Las imágenes en las paredes fueron tomadas y montadas por 20 sexoservidoras que tomaron un curso en el Centro de la Imagen en 2002, gracias a la mediación del antropólogo Alvaro Angoa Martínez, quien lleva nueve años trabajando con ellas.

Vivir entre sombras

Una buena cantidad de textos no fueron exhibidos por falta de espacio. Las mujeres esperan que en otra ocasión se pueda montar una exposición mayor.

Las cartulinas cuentan por su propia voz quiénes son, cómo llegaron ahí, qué sienten. Las razones se repiten: la falta de oportunidades para estudiar, de empresas donde acepten a madres solteras y de sueldos que alcancen para sostener a una familia; no haber podido cruzar la frontera; patronas que despiden a sus empleadas domésticas sin pago de sueldo.

Yudith Hernández P., de 14 años, escribió: "Es muy feo vivir entre sombras pero es más feo vivir entre la basura y entre tanta pobresa y es más feo escuchar como mis hijos lloran por hambre... Mis hijos no saben y espero en dios que nunca lo sepan".

Las quejas también se repiten: el abuso de las autoridades, el maltrato de los clientes, la impunidad con la que los transeúntes las agreden, al grado de que el pasado 2 de febrero un autobús "sin placas" las embistió en la esquina de avenida Circunvalación y Zavala. El chofer está libre, mientras que dos mujeres sufrieron heridas, una de ellas de gravedad, según denunció, ante algunos medios presentes, Angélica Flores López, representante de las sexoservidoras en la zona de La Merced (donde trabajan mil 500, según sus cálculos), una valiente mujerona, que ejerció ese oficio.

Flores López resumió: "Todos tienen derechos, menos las sexoservidoras".

Ahora, dijo, andan con temor: "Hay rumores de que van a limpiar el Centro Histórico, pero a nosotras no nos van a limpiar porque nosotras no ensciamos", dijo la representante de La Merced, a La Jornada.

Antes, en la ceremonia de inauguración, afirmó: "Ustedes los medios van a ser nuestra voz: Estamos dispuestas a reordenarnos: (a) bajar la falda y subir el escote; pero no vamos a permitir un retroceso a hace 20 años, cuando había razzias, y violaban a las muchachas en las camionetas".

Y concluyó: "También somos mujeres y formamos parte de esa sociedad que no nos acepta".

Partido el pastel, abiertos los regalos, tomadas las fotos, terminadas las declaraciones a la prensa, las mujeres regresaron a su chamba diaria, porque, no por ser el Día de la Mujer podían dejar de trabajar.

 
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