Usted está aquí: viernes 16 de marzo de 2007 Opinión El entreguismo

Luis Javier Garrido

El entreguismo

La visita a Yucatán del presidente estadunidense George W. Bush a los 100 días del gobierno de facto de Felipe Calderón, no ha hecho más que confirmar que en México no existe un Estado nacional con un gobierno autónomo.

1. El paso del presidente estadunidense por Yucatán evidenció que en México no hay un Estado soberano con un gobierno nacional capaz de organizar la visita de un gobernante extranjero ni de defender los intereses nacionales. Mientras las fuerzas armadas de Washington actuaban impunemente en territorio mexicano dando órdenes y desarmando a las policías, como en 1847, Calderón y su séquito no plantearon una sola cuestión concreta en defensa de los intereses de México, y con su silencio sobre lo tratado no hicieron ver más que su total subordinación a los republicanos estadunidenses.

2. Los hechos no dejan lugar a dudas tras el bochornoso espectáculo dado por el gobierno calderonista en un Yucatán en estado de sitio. Bush afirmó de manera contundente que no se va a renegociar el Tratado de Libre Comercio, se manifestó en contra de una amnistía a favor de los indocumentados, no ocultó su entusiasmo por la construcción del muro y, a pesar de que en público midió sus palabras, no dejó de insistir en que el territorio mexicano es estratégico para la seguridad estadunidense.

3. Los 25 años de régimen neoliberal en México, bajo los gobiernos de la tecnocracia priísta-salinista (1982-2000) y del panismo empresarial (2000-2007) y los cambios institucionales que han conllevado, trajeron como consecuencia que no exista en México un gobierno nacional que vele por los intereses de la mayoría del pueblo mexicano, el que se halla en una situación de creciente desamparo institucional, relegado a la alternativa de hundirse en el desempleo o de huir del país.

4. Un gobierno no puede funcionar con base en el control del pueblo a través de los medios, y ése es el proyecto de Calderón como lo fue el de Fox. El grupo gubernamental, coordinado por el empresario gallego Juan Carlos Mouriño, diseñó para el viaje de Bush una estrategia "de comunicación" que pretendía presentar a un Calderón supuestamente fuerte e independiente, y ha logrado lo contrario: mostrar su sumisión y la inexistencia de un gobierno independiente.

5. La pretendida ayuda que le prestase Bush a Calderón para levantar su imagen de gobernante espurio y sumiso, a petición sin duda de éste, declarando en la conferencia de prensa del miércoles 14, que las elecciones mexicanas de 2006 fueron democráticas y aseverar que la privatización de Pemex es cosa de los mexicanos, dando marcha atrás en sus afirmaciones de hace una semana, no han logrado, por otra parte, más que hundir aún más al panista.

6. La imagen que han dado los diarios estadunidenses e incluso muchos medios mexicanos sobre el comportamiento bochornoso de la comitiva encabezada por la canciller Patricia Espinosa, extasiados ante el delirio por Bush y babeando de admiración, no testimonian únicamente la incapacidad de esos individuos para actuar en una reunión bilateral en defensa de los intereses de México, sino de la inexistencia de un gobierno autónomo.

7. Los esfuerzos propagandísticos de Calderón no están logrando más que evidenciar su origen espurio. Los 100 días de una militarización que lejos de luchar contra el crimen organizado, al que se encuentra asociado Calderón a través de Salinas, pretenden amedrentar a los movimientos sociales, evidenciaron no la autoridad del gobierno, sino su debilidad política. La campaña en los medios no está haciendo a su vez más que mostrar el carácter antipopular de sus políticas.

8. El gravísimo deterioro del aparato de poder, que actúa hoy al margen de la Constitución, bajo reglas no escritas y sometido a intereses facciosos, ha hecho crisis con la imposición de Calderón. En los años de los gobiernos priístas anteriores a 1982, con todo y la derechización, el autoritarismo y la corrupción que los marcaron, el régimen conservaba un mínimo de compromiso social y una visión institucional, rasgos que hoy ha perdido. Con Calderón, el Estado nacional no es ya soberano y el gobierno no es más que un conjunto de burócratas al servicio de consorcios empresariales.

9. La propaganda no puede ocultar que los colaboradores de Calderón están entregados a abiertas prácticas de corrupción. En los últimos días se han hecho públicos actos de corrupción del propio Calderón a su fugaz paso por Banobras y de su secretario particular César Nava en Pemex, el PRD documentó que el "cuñado incómodo", Diego Hildebrando Zavala, ha establecido su imperio de corrupción en las instancias gubernamentales firmando contratos de tráfico de influencias y todos los días hay nuevos escándalos por los negocios privados del grupo en el poder, como los de los familiares de Elba Esther Gordillo, cuya hija lucra con un inmueble histórico (La Jornada, 12-15 de marzo de 2007).

10. La nueva privatización de las carreteras que se pretenden entregar a corporaciones a las que se hallan asociados los salinistas que causaron el quebranto, la amenaza de desmantelar al ISSSTE, el proyecto bushiano sobre seguridad nacional que pretende imponer Calderón y que coartaría gravemente las libertades y el cinismo con el que se enfrentan las alzas de precios, como en el caso de la tortilla, plantean una cuestión de urgencia.

¿No hay suficientes elementos para proceder constitucionalmente contra Calderón e impedir que siga llevando al país al abismo?

 
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