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Gustavo Leal F. *

ISSSTE: ¿"inexpertos" versus "incrédulos"?

En un estudio reciente, Carlos Soto, asesor actuarial del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), concluye que un trabajador con una vida laboral de 40 años habrá cotizado al instituto cerca de 22 años para apenas aspirar a una pensión equivalente a 25 por ciento de su último salario al momento del retiro.

¿Por qué? Sencillo: la tasa de densidad de su cotización sólo suma 56 por ciento. Entre otras garrafales fallas, la ley Zedillo, que privatizó las pensiones del IMSS en diciembre de 1995 e impuso el sistema de ahorro individual, soslayó la precariedad laboral, los bajos sueldos, el empleo informal y los periodos de desempleo que impiden a los trabajadores cumplimentar los aportes indispensables para alcanzar una pensión digna.

Los cosmopolitas técnicos del zedillismo no pisaron el México real y, como en todo diseño tecnocrático, se enfebrecieron con su universo virtual: no vincularon adecuadamente el sistema de ahorro con la realidad del empleo, que incluye trabajadores que al ganar poco pueden aportar poco y, por tanto, no alcanzarán esa dignidad en su pensión.

Por ello, sostiene Soto, el modelo actual de las Afore, al no incorporar el impacto negativo de la densidad de la cotización ni su efecto en la carrera salarial, proyecta a sus afiliados saldos inexactos: que en el mediano y largo plazos, enfatiza,"están fuera de lo real y lo posible".

Y ello sin siquiera considerar que entre 1997 y 2006 -como establece Eduardo Pérez Mota, desde la Comisión Federal de Competencia-, por el alto nivel de las comisiones que las Afore descuentan a los trabajadores (el doble de las que se cobran en el resto de América Latina), los "rendimientos netos anuales de las cuentas individuales que manejan resultaron prácticamente nulos en términos reales". Es decir, esas comisiones que se quedan las Afore pulverizaron la ganancia neta del ahorro forzoso de los trabajadores.

Pero aunque parezca increíble, Francisco Gil Díaz, ex secretario de Hacienda foxista, evitó sistemáticamente evaluar los impactos de la fracasada ley Zedillo, y todavía se atrevió a invocarla como la pauta de la "urgente" reforma al ISSSTE.

Tras él, como loros, repitieron el mismo absurdo sus subsecretarios, el foxista-calderonista Eduardo Sojo, Javier Beristáin Iturbide (director de la Afore XXI) y los ex directores González Roaro y Moreno Cueto. También el títere de todos ellos: el diputado priísta y presidente de la FSTSE, Joel Ayala, quien se apresuró a constatar la "viabilidad" de esa imprudente reforma.

Hay que agregar, ahora, al director entrante del ISSSTE, Miguel Angel Yunes, para quien esa reforma es "imprescindible", y aunque el instituto no esté "en quiebra" marchará "en el corto plazo".

Tal vez por la clara evidencia que puso sobre la mesa el actuario Soto -pero que los tecnócratas rehúyen sistemáticamente-, algunas Afore (Profuturo GNP, MetLife y Afore XXI) ya reconocen que hay que saltar del énfasis en las comisiones al factor del rendimiento, y que el sistema no garantizará pensiones dignas.

Por ejemplo, Adolfo Albo, del BBVA-Bancomer, acepta que los de la "generación de transición", que se jubilen (o jubilaron) al amparo de la ley Zedillo, "recibirán pensiones equivalentes -en promedio- a 70 por ciento del salario que percibieron durante los últimos 10 años laborados", aunque los de la "nueva generación" lo harán con pensiones aún "más bajas": apenas de 40 o 50 por ciento del sueldo obtenido en los pasados 10 años.

¿Qué hacer? Albo considera que una solución podría consistir en "aumentar las contribuciones a las Afore, de 6.5 a 9 por ciento del salario del trabajador".

Por su parte, Francisco González Almaraz, director general de la Afore BBVA-Bancomer y presidente de la Amafore, agrega que es preciso "generar conciencia entre los mexicanos de que deben ahorrar para su retiro". Inclusive, sugiere que ante las "reducidas jubilaciones" que cobrarán, las Afore "propondrán al próximo Congreso un aumento en la cuota patronal: medio punto anual, hasta llegar a 11 por ciento" (la actual es de 6.5 por ciento). Para ser realistas, puntualiza, "si no se actúa con rapidez, las pensiones futuras serán más malas de lo que eran antes, cuando las pagaba de manera directa el IMSS".

Pero Javier Beristáin Iturbide, desde la Afore XXI, ve las cosas de otra manera: "soy optimista en que ahora sí se realizará la reforma al ISSSTE". Aunque después estableciera que "ninguna" Afore "puede garantizar pensiones dignas para los futuros jubilados". Y ello porque esa garantía va "a depender de muchos factores. Entre otros, que el propio trabajador haga ahorro por su cuenta"

Y hasta el más incompetente de los tecnócratas, Santiago Levy, señaló cínicamente que los ocho años transcurridos desde las reformas al SAR han sido "perdidos". Lo que no se logró "en ese periodo", añadió, ya "no se recuperará. Lo perdido, perdido".

Así, optar por esa reforma al ISSSTE es optar por una reforma técnica y políticamente inviable. Antes de repetir las necedades de la tecnocracia hacendaria, el calderonismo está obligado a ocuparse del saldo de la fracasada ley Zedillo de 1997, que Francisco Gil Díaz pretendía usar como "espejo".

Después de que Córdova, secretario entrante de Salud, rechazara que -al asumir el cargo de director del ISSSTE- Miguel Angel Yunes "sea inexperto en temas de salud", el propio Yunes calificó de "incrédulos" a quienes reducen su experiencia a temas de seguridad nacional.

¿Será?

* Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco

 
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