Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 18 de marzo de 2007 Num: 628

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Caminando con
Juan Gelman

MARCO ANTONIO CAMPOS

La contundencia emotiva de Louis Jolicœur
SILVIA PRATT

La Silla del Moro
(FRAGMENTO)

La izquierda requiere unidad
FABIÁN MUÑOZ
entrevista con ÁNGEL PARRA

Gabo de Aracataca
RICARDO BADA

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Columnas:
Mujeres Insumisas
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LUIS TOVAR

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Hugo Gutiérrez Vega

UN CORAZÓN CHILANGO

Hay, en estos tiempos descoyuntados, chilangos del sur, del norte, del oriente y del poniente; chilangos de los asentamientos y pueblos devorados por el monstruo tentacular y algunos, muy pocos, chilangos de verdad: me refiero a los que viven, gozan los misterios y consejas, las delicias gastronómicas y las glorias arquitectónicas del centro histórico de esta ciudad que han descrito y cantado don Bernardo de Balbuena, Cervantes de Salazar, don Artemio, Gutiérrez Nájera, Facundo, Micrós, Salvador Novo, León Portilla, Guillermo Tovar y Carlos Monsiváis, entre otros muchos centrochilangos.

"De la famosa México el asiento". Así comienza la Grandeza mexicana, de don Bernardo de Balbuena. Ángeles González Gamio, filomexicana desde hace varias generaciones, nos entrega en este libro una especie de tercera grandeza mexicana. El título nos lleva a terrenos contrastados: "Ay, eres mala y traicionera, tienes corazón de piedra", dice el bolero. Sí, mala y traicionera, sobrepoblada y violenta, sujeta a los horrores del tráfico y a las torpezas y contubernios de muchas de sus autoridades, pero entrañable, dueña de una historia riquísima en hechos y anécdotas y con una gigantesca carga de vida. En fin, que en el corazón de la ciudad hay hermosos latidos que revitalizan la piedra de las calles, los edificios y, a veces, a las conciencias y al espíritu de solidaridad de sus habitantes (recordemos la epopeya social que floreció en los días del terremoto del ’85).

Ángeles González Gamio, en este hermoso libro y con su elegante y directa prosa, nos descubre muchos momentos y lugares de la ahora interminable ciudad. La veo caminando por el centro, entrando a los palacios, algunos ruinosos, de épocas pasadas, y registrando los cambios y daños, pero sobre todo lo permanente en la capital de los aztecas y del Virreinato de la Nueva España.

Tenemos en las manos un libro de historia y de lo que José Luis González llamaba microhistoria. El personaje es la ciudad, sus fantasmas y sus actuales habitantes, la gastronomía y las tradiciones, las fiestas ("ocasiones de contento", decía don Bernardo) y los lutos, las reconstrucciones y las bárbaras demoliciones. Todo esto queda registrado en un libro ya indispensable para conocer esta moderna y antigua, opulenta y miserable, benévola y cruel corte de los milagros que es y seguirá siendo el México-Tenochtitlán que las aztecas sentían como eterno y triunfador sobre todos sus enemigos, los de dentro y los que llegaron en las casas navegantes de los conquistadores que hundieron en la angustia al Tlatoani, obligándolo a pedir que cesara la furia del dios del espejo humeante, el mal parado Tezcatlipoca.

Da la impresión de que Ángeles sabe todo lo que hay que saber sobre esta ciudad. Busca en medio de las ruinas y de los desfiguros las perlas escondidas, las saca a la luz, las limpia cuidadosamente con su enorme y siempre discreta erudición y nos las entrega con todos sus resplandores. Viene a mi memoria su elogio del rebozo, esa prenda milenaria que es cuna, canasta, monedero y mortaja ("en el hoy y el mañana y ayer junto pañales y mortaja", decía Quevedo). En este hermoso artículo no se limita a hablar de los rebozos de museo sino de los de todos los días, de los que cubren todavía a las mujeres de nuestros pueblos indígenas y de las habitantes de las barriadas. Este es un buen ejemplo de la función que cumple este libro lleno de información y de, como decían los cronistas del xix, de "cosa curiosas y de hechos extraordinarios" que tenemos frente a nuestros ojos y que no siempre registramos. Se necesita que una cronista ejemplar como Ángeles nos hable de ellos y nos haga verlas mejor y, sobre todo gozarlas. Por eso el libro Corazón de piedra está lleno de gozos de todos los sentidos.

Váyamos con Ángeles al viejo Zócalo en el que se concentran la protesta civil y el entusiasmo por las causas políticas. En su fondo late ese corazón de piedra que perdurará como lo querían los fundadores de México-Tenochtitlán.

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