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PETROLEO: PRESENTE Y FUTURO

Las nuevas Siete Hermanas

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Ampliar la imagen Plataforma petrolera de Cantarell, cerca de Ciudad del Carmen, Campeche. Se estima que el declive de este yacimiento propiciará que México, el tercer productor de crudo de América, se convierta en el transcurso de la próxima década en importador neto Foto: Archivo La Jornada

Ampliar la imagen Plataforma petrolera de Cantarell, cerca de Ciudad del Carmen, Campeche. Se estima que el declive de este yacimiento propiciará que México, el tercer productor de crudo de América, se convierta en el transcurso de la próxima década en importador neto Foto: Archivo La Jornada

Ampliar la imagen Instalaciones petroleras de la empresa rusa Yukos, en Tyumen, al oeste de Siberia. Luego de que fuera la compañía más grande del mundo en su ramo, actualmente enfrenta un proceso de subasta debido a su situación de bancarrota Foto: Ap

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Cuando Enrico Mattei, fundador de la moderna industria energética de Italia, acuñó enfurecido el término las Siete Hermanas para referirse a las compañías anglosajonas que controlaban el petróleo de Medio Oriente después de la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera imaginaba el profundo cambio que ocurriría en la correlación de fuerzas apenas medio siglo después.

Debido a que los precios del petróleo se han triplicado en los cuatro años recientes, un nuevo grupo de compañías gaseras y petroleras ha cobrado relevancia, ha consolidado su poder en la búsqueda y concentración de recursos energéticos y ha causado pánico entre los consorcios más grandes del mundo, aquellos que surgieron de las Siete Hermanas originales: ExxonMobil y Chevron, de Estados Unidos, y las europeas BP y Royal Dutch Shell.

Las nuevas Siete Hermanas, las compañías energéticas más influyentes provenientes de países no miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), han sido identificadas por el Financial Times, en colaboración con numerosos ejecutivos de la industria. Ellas son: Saudi Aramco, de Arabia Saudita; Gazprom, de Rusia; CNPC, de China; NIOC, de Irán; Pdvsa, de Venezuela; Petrobras, de Brasil, y Petronas, de Malasia.

Estas empresas, de propiedad abrumadoramente estatal, controlan casi un tercio de la producción mundial de gas y petróleo y más de un tercio de las reservas de ambos hidrocarburos. El contraste: las viejas Siete Hermanas -cuyo número se redujo a sólo cuatro durante la consolidación de la industria energética, en los años 90- producen alrededor de 10 por ciento del petróleo y el gas del mundo y concentran apenas 3 por ciento de las reservas; sin embargo, el hecho de ser compañías integradas -lo que significa que no sólo venden petróleo y gas, sino también gasolina, diesel y petroquímicos- les ha permitido obtener utilidades muy superiores a las de sus nuevos competidores.

Robin West, presidente de PFC Energy, consultora del sector energético, explica: "Las Siete Hermanas fueron importantes porque ellas fijaban las reglas: controlaban la industria y los mercados. Ahora las nuevas Siete Hermanas son las que imponen las normas y las petroleras trasnacionales tienen que acatarlas".

La Agencia Internacional de Energía (AIE), organismo que supervisa el sector energético en los países desarrollados, calcula que en los próximos 40 años 90 por ciento de los nuevos suministros de energéticos provendrán de países en desarrollo. Un estudio del Instituto de Políticas Públicas James A. Baker III de la Universidad Rice destaca que este es un gran cambio en comparación con las tres décadas anteriores, cuando 40 por ciento de la producción provenía de las naciones industrializadas y la mayor parte estaba controlada por los grupos occidentales mencionados.

El principal proveedor será Saudi Aramco, la compañía petrolera más grande y moderna del orbe y, por tanto, la primera en la lista del Financial Times. Luego del repunte de los precios del crudo en 2002, Saudi Aramco puso en marcha el programa de crecimiento más ambicioso en toda una generación, con el cual busca aumentar su capacidad de producción de 11 millones de barriles al día (13 por ciento del consumo mundial actual) a 12.5 millones y luego a 15 millones de barriles diarios.

De esta forma, Saudi Aramco consolidará su posición como la compañía petrolera más poderosa del mundo; ello le permitirá a Riad seguir siendo el banquero central del mercado de crudo, el que abrirá las válvulas cuando haya escasez global de suministro y las cerrará cuando los precios disminuyan por debajo de un nivel que le resulte confortable.

Las empresas petroleras internacionales y los líderes de los principales países consumidores han aprendido a aceptar el predominio de Saudi Aramco; sin embargo, la creciente influencia de otras compañías nacionales les resulta más difícil de tragar. A finales del año pasado, BP y Shell dejaron de estar entre los primeros lugares en los mercados bursátiles; en cambio, Gazprom, de Rusia, y PetroChina (88 por ciento propiedad de CNPC), se colocaron respectivamente en segundo y tercer lugar entre las firmas del sector energético que cotizan en bolsa.

ExxonMobil, quizás la única empresa del mundo desarrollado que puede competir con el nuevo grupo, sigue sola en la cúspide, mientras Gazprom, Petrobras y PetroChina también han opacado a las otras en ganancias obtenidas por el precio de sus acciones.

La principal causa de este giro en la correlación de fuerzas ha sido el resurgimiento de una tendencia nacionalista sobre el control de los recursos naturales, que empezó en México en los años 30 del siglo pasado, se extendió a Medio Oriente en los 70, y declinó -en algunos casos inclusive se revirtió- a finales de los 80 y en la década de los 90, con la caída de los precios del crudo. Los consorcios energéticos, incluido el de Mattei, Eni (empresa petrolera italiana), se han visto obligados a aceptar en Rusia y Venezuela contratos que sistemáticamente han devuelto a las compañías estatales el control de los yacimientos.

Este mes Venezuela aprobó una ley que le dará a Pdvsa control mayoritario sobre la franja de crudos pesados del Orinoco, la mayor fuente de este tipo de hidrocarburos en el mundo. A finales del año pasado, en Rusia, el Kremlin se apoderó del manejo de un proyecto de Shell para

explotar gas natural en la isla Sajalín, con una inversión de 20 mil millones de dólares. Asimismo, anunció que Gazprom desarrollará el enorme yacimiento gasífero de Shtokman, en el Artico, y relegará a las compañías internacionales al papel de meras proveedoras de servicios.

El director ejecutivo de BP, John Browne, viajó este mes a Moscú para tratar de impedir que su empresa fuera la siguiente víctima de Gazprom y propuso que BP comercialice en el extranjero el gas licuado natural de la compañía rusa, en un esfuerzo para evitar que Gazprom tome el control del yacimiento gasífero de Kovikta, uno de los principales activos de BP en Rusia.

El impacto del nacionalismo actual es diferente de aquel que se observaba en los años 70. En 1975, Gulf, una de las Siete Hermanas originales y hoy parte de Chevron y BP, retiró todas sus inversiones de los países en desarrollo y regresó a América del Norte y al Mar del Norte. Hoy las compañías petroleras internacionales no tienen nuevos campos petroleros en los cuales refugiarse. De hecho, desde el año 2000 -cuando el yacimiento Kashagan, en Kazajstán, se convirtió en el mayor hallazgo en 30 años- no han encontrado un solo lugar del cual puedan extraer más de un millón de barriles al día.

Mientras, las compañías petroleras nacionales se han unido para desarrollar conjuntamente sus reservas y han dejado el crecimiento de las industrias petrolera y gasera -y los recursos para el desarrollo económico mundial- en manos de las nuevas Siete Hermanas y de los gobiernos que las controlan. Las consecuencias de este hecho no podrían ser más serias. Fatih Birol, director de análisis económico de la AIE, calcula que se requieren unos 20 billones de dólares para garantizar el abasto adecuado de energéticos en los próximos 25 años; sin embargo, las inversiones actuales están 20 por ciento por debajo de esa suma.

Pemex, en el peor de los mundos

Muchas de las dudas sobre el futuro de los suministros provienen de la falta de voluntad de los gobiernos para permitir a las empresas petroleras nacionales reinvertir sus ingresos extraordinarios. En lugar de ello, destinan el dinero a gasto social o lo despilfarran.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, gasta dos tercios del presupuesto de Pdvsa en programas sociales populistas. En 2005 canalizó casi 7 mil millones de dólares a ese fin; en cambio, el gobierno anterior gastó sólo 77 millones de dólares en 1997, de acuerdo con un reporte de la Universidad Rice. Mientras, en Rusia, muy poco dinero de las ganancias de Gazprom se usa para modernizar la obsoleta red de ductos (la AIE advierte que 30 por ciento ya debe ser remplazada). En Irán, NIOC sigue siendo importador de gas a pesar de controlar South Pars, el campo gasífero más grande del mundo. Además, no puede incrementar su producción de crudo o reparar sus refinerías debido a la carga financiera que implica subsidiar la gasolina para venderla a sólo 10 centavos de dólar por litro.

Sin embargo, México es el ejemplo emblemático de lo que ocurre cuando un gobierno restringe la inversión extranjera y al mismo tiempo usa su compañía petrolera como si fuera una alcancía inagotable. Debido a su decadencia, Pemex no fue incluida por el Financial Times en la lista de empresas energéticas más influyentes del mundo en desarrollo.

Los pronósticos más pesimistas señalan que, debido al rápido declive del súper yacimiento de Cantarell, México -el tercer productor de crudo de América- se convertirá en un importador neto en el transcurso de la próxima década.

"La incógnita es el Congreso. Como Pemex está enfrascado en una constante lucha por conseguir financiamiento suficiente y un régimen fiscal razonable, no tiene certidumbre para hacer planes a largo plazo, lo cual limita su capacidad para enfrentar su deterioro", señala Ryan Todd, analista
del grupo financiero estadunidense Sanford Bernstein. Esta situación contribuirá a crear "un severo problema" de suministro mundial de petróleo dentro de tres o cinco años. Para México, ello podría representar la pérdida gradual de 40 por ciento de sus ingresos fiscales.

Sin embargo, las compañías petroleras internacionales no sólo compiten con aquellas que poseen los recursos energéticos, sino también con las empresas nacionales que se han convertido en buscadoras de hidrocarburos, lo cual pone de relieve el problema de la seguridad energética.

Durante la crisis de los precios del petróleo de finales de los años 70, el entonces presidente de Estados Unidos, James Carter, logró que se aprobara la reforma energética más amplia en la historia de ese país. En una entrevista reciente, Carter dijo que la inseguridad en el abasto de energéticos seguirá siendo "un problema grave que causará crisis cada vez más frecuentes en los años venideros". Hay una diferencia fundamental entre la situación actual y la que vivió Carter: "Hoy enfrentamos la competencia global de China e India, algo que no conocí cuando fui presidente".

El mayor de esos competidores es CNPC, una compañía apuntalada en las grandes reservas de China y en la posesión de 88 por ciento de PetroChina. Sin embargo, su poder radica precisamente en la rapidez con que ha acumulado reservas internacionales.

Apoyada por el gobierno de Pekín y por el febril empeño de éste en garantizar el abasto de energéticos para el desarrollo de China, CNPC se ha extendido a cerca de 20 países, desde Azerbaiján hasta Ecuador. Ha invertido más de 8 mil millones de dólares en la industria petrolera de Sudán, un país desgarrado por la guerra, donde las preocupaciones por violaciones a los derechos humanos han disuadido a otros inversionistas de hacer tratos con Jartum. "CNPC está imponiendo las reglas sobre el acceso a reservas en nuevos mercados y está transformando la competencia por recursos, servicios, capitales y mercados", señala Robin West.

CNPC no es la única compañía que está cambiando las reglas en esta carrera por la acumulación de activos. Empresas nacionales más pequeñas como Petrobras y Petronas también mantienen a sus ejecutivos despiertos de noche.

Por ejemplo, Petrobras ha estado a la vanguardia en tecnología para extraer petróleo de aguas muy profundas, como las que bañan las costas de Brasil. La compañía usa ahora esas habilidades para competir a la par con BP y ExxonMobil, tanto en Angola como en la porción del Golfo de México que corresponde a Estados Unidos.

Petronas, de Malasia, también ha ampliado sus operaciones al extranjero, especialmente a Sudán y Burma. Cerca de 30 por ciento de las utilidades del corporativo provienen del exterior: opera en más de 26 países y obtiene petróleo de unos 50 proyectos, de los cuales maneja más de la mitad, según el reporte de la Universidad Rice.

Compañías como Petrobras y Petronas tienen la ventaja de que pueden convencer más fácilmente a otras petroleras nacionales ricas en recursos naturales. En cambio, las firmas internacionales arrastran desde los años 80 y 90 una reputación de arrogancia y desdén por sus socios.

Malcolm Brinded, jefe de exploración y producción de Shell, reconoce este hecho cuando señala que las trasnacionales deben preguntarse: "¿Cómo vamos a hacer que este matrimonio funcione?" Según Brinded, Shell y otras firmas son "menos paternalistas que hace 20 años".

Algunos ejemplos de lo anterior van desde el tono usado por los negociadores hasta ofertas de capacitación y empleo a ingenieros locales o hacer obras de infraestructura, como plantas desalinizadoras, aunque ello no esté directamente relacionado con el proyecto.

Los ejecutivos de las petroleras internacionales hacen estas concesiones porque piensan que la actual correlación de fuerzas difícilmente cambiará en el corto plazo. Christophe de Margerie, el director ejecutivo de Total que destacó por cerrar tratos con petroleras nacionales en Medio Oriente y Africa, señala: "Creo que este nuevo orden seguirá aunque los precios del petróleo caigan un poco. La gente se quedará con la idea de que tiene el poder y pasará un tiempo para que eso cambie".

Sin embargo, también es optimista y cree que eventualmente las petroleras nacionales, muchas de las cuales tienen yacimientos en decadencia y otros problemas técnicos y administrativos, "podrían verse obligadas a decir: 'Como sea, vale la pena trabajar con esta gente porque los necesitamos para desarrollar nuestras reservas'."

El deseo expresado por De Margerie no podría estar más lejos de la posición confiada de CFP (el antecesor de Total) hace 60 años. Pero esto no sólo le preocupa a De Margerie y a sus pares. Si las nuevas Siete Hermanas no alcanzan todo su potencial, nada garantizará el crecimiento sostenido de la economía mundial, el desarrollo de China ni la comodidad y riqueza de los países desarrollados.

FUENTE: EIU

Saudi Aramco

Poseedora de 25 por ciento de las reservas mundiales de crudo y capaz de casi triplicar la producción de cualquier otro grupo, Saudi Aramco es la compañía petrolera estatal más exitosa del mundo. La Casa de Saud (la familia real) dicta la política energética de Arabia Saudita, pero deja la estrategia diaria en manos de tecnócratas. Saudi Aramco invertirá 50 mil millones de dólares en los próximos 15 o 20 años, pero sus yacimientos más grandes han empezado a decaer.

CNPC

Las tres principales petroleras chinas han realizado audaces maniobras en el extranjero, pero China National Petroleum Corporation, que tiene una participación de 88 por ciento en su subsidiaria, PetroChina, es la más grande y la que ha tenido mayor proyección internacional. PetroChina tiene la mayor parte de sus activos foráneos en asociación con su empresa matriz y opera en cerca de 20 países, desde Azerbaiján hasta Ecuador. CNPC mantiene el control sobre las controversiales inversiones en Sudán.

PDVSA

Este año el presidente Hugo Chávez aprobó una ley que permite a Pdvsa tomar el control de los proyectos para extracción de crudos pesados en la franja del Orinoco, donde se invertirán 30 mil millones de dólares. Aunque la producción de Pdvsa está disminuyendo, sigue siendo importante para el futuro de diversos grupos energéticos internacionales; sin embargo, muchos de los contratos están siendo modificados.

PETRONAS

La petrolera nacional de Malasia ha sido descrita como el modelo que otros quisieran seguir y figura entre los tres primeros exportadores de gas natural; sin embargo, está en riesgo de quedar a la zaga de los consorcios petroleros de Qatar, Nigeria e Indonesia.

PETROBRAS

La fortaleza de la brasileña Petrobras consiste en hallar y extraer petróleo en aguas profundas. Esta empresa utiliza la experiencia obtenida en su país para realizar proyectos en la costa occidental de Africa y en el Golfo de México, donde opera el yacimiento de Cottonwood.

GAZPROM

Esta compañía tiene a Europa y a cada vez más países asiáticos con el alma en un hilo. Gazprom, uno de los brazos económicos del Kremlin, ha estado involucrada en una disputa por precios del gas con Ucrania y en un debate con China y Japón sobre la instalación de ductos en Siberia. Asimismo, se quedó con la participación mayoritaria de Royal Dutch Shell en el proyecto de gas natural Sajalín II. Gazprom ha incrementado su influencia mediante acuerdos en Asia central, Irán incluido. En cambio, ha enfrentado obstáculos que limitan su acceso al mercado europeo.

NIOC

Irán es uno de los pocos países de Medio Oriente con enorme riqueza en hidrocarburos que está abierto a inversiones de compañías extranjeras. La National Iranian Oil Company está asociada con compañías italianas, francesas, holandesas y noruegas y colabora con grupos chinos y rusos. Sin embargo, South Pars, el yacimiento gasífero más grande del mundo, no ha sido aprovechado e Irán es un importador neto de gas.

Traducción de textos: David J. Zúñiga

 
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