Usted está aquí: domingo 1 de abril de 2007 Cultura La historia de España es una gran mentira, asegura el autor Antonio Gala

En El pedestal de las estatuas revela parte de las leyendas negras del país

La historia de España es una gran mentira, asegura el autor Antonio Gala

Se repiten los hechos, como vemos con la derecha que sólo se mueve por el poder, afirma

ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL

Ampliar la imagen El escritor español Antonio Gala Foto: Armando Tejeda

Madrid, 31 de marzo. La "leyenda negra" o los grandes "mitos" de la historia de España han sido una obsesión para el escritor español Antonio Gala, quien desde pequeño cargó como una loza esa "herencia maldita" que le hablaba de grandes gestas heroicas, de reyes magnánimos y de empresas encomiables como la "cristianización" del Nuevo Mundo. Con el paso de los años y un estudio riguroso de las fuentes históricas, Gala llegó a una conclusión rotunda: "La historia de España es una gran mentira".

Para purgar todos estos aprendizajes de infancia, Gala escribió la novela El pedestal de las estatuas (Planeta), en la que habla de la historia de este país como algo "turbio", "incestuoso", "laberíntico", "corrupto" y "vil", en la que no sólo desnuda los devaneos amorosos de la corte real, sino que además desmitifica a personajes como Isabel La Católica -"esa hermosa envenenadora" y "megalómana espantosa"- y Felipe II -"un traidor y un sinvergüenza"-.

En entrevista con La Jornada, Gala advirtió que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, como está ocurriendo en estos momentos con una derecha "de ultras, que sólo se mueven por el poder, el dinero y la mentira".

-¿Por qué decide purgar los grandes mitos de la historia de España?

-Es un libro didáctico. Yo lo que aspiro con él es, primero, que el lector se entere, en segundo lugar que se divierta, porque algunas cosas que cuento son muy sorprendentes y después que reflexione sobre la historia de su país. Creo que un pueblo que no conoce su verdadera historia primero está condenado a repetirla, sobre todo los errores, y en segundo lugar porque un pueblo que no conoce su historia no es un verdadero pueblo. Porque la historia nos configura, es nuestro origen y nuestro proyecto, es la memoria y también es nuestra profecía. Somos porque la historia nos conforma, nos reforma, nos transforma y eso es lo que hace a un pueblo.

-¿Cómo es que dudó desde pequeño de la historia que le enseñaban?

-Así es. Tanto que cuando era muy niño le decía a mi amá que lo que me ensañaban era como el cuento de Barba Azul, que hay un cuarto al que no puedes entrar, pero que tiene en la puerta el rótulo de leyenda negra. La única diferencia entre la historia de España y la de Inglaterra, por ejemplo, es que los ingleses han tenido un Shakespeare que en todas sus tragedias nos contó las barbaridades de la historia de ese país. Mientras que nosotros tuvimos un Siglo de Oro cuyos autores de teatro se dedicaban a exaltar las supuestas proezas de los reyes y de la Iglesia. Decían que éramos maravillosos, designados por Dios y la Providencia en la tierra como las llamados a catolizar el mundo, los descubridores del Nuevo Mundo. Y que los demás nos han calumniado, nos han envidiado, nos han insultado y nos han apedreado. Por eso creo que hemos sido muy imbéciles creyendo todas esas milongas, como la veneración a Isabel la Católica, un personaje que yo detesto y que si hay un infierno lo llenaría ella sola, porque era vengativa, mala, envenenadora y sin ningún derecho al trono.

-Para contar todo esto, usted utiliza a un personaje ficticio y un manuscrito también inventado, pero ¿qué tanto de lo que cuenta se puede considerar verdad histórica?

-A mí me va muy bien inventar manuscritos porque adoro contar en primera persona. El narrador omnisciente, que lo sabe todo, lo que va a pasar y lo que ha pasado, no lo puedo ver. Me parece un pelmazo horroroso. Por eso me invento a Antonio Pérez y al manuscrito, pero lo que sí es cierto es el contenido. Por ejemplo, el primer contenido más grave es el de la reina mal llamada "católica", que se casa con Fernando de Aragón para formar una unión de dos reinos. Pero no una unidad, que es algo voluntario, terso, generoso, fraternal, mientras que la unión es una imposición que se crea sobre algo tan sutil como la religión. Isabel la Católica llevó al extremo la idea de que a los otros los ahorquen, que los decapiten, que los persigan y que los quemen.

-¿Qué novedades históricas tiene El pedestal de las estatuas?

-Yo soy muy aficionado a la historia, incluso tengo el doctorado en historia, pero en el libro no desvelo más que cuatro cosas, las demás ya son probadas. Por ejemplo, yo afirma con casi total seguridad que Isabel la Católica no era hija de Juan II, quien tenía como amante desde los cinco años a don Alvaro de Luna y que finalmente lo asesinó. Este hecho incluso lo registró en sus versos Jorge Manrique.

-También analiza la figura de Cristóbal Colón y su familia...

-Sí, todos ellos unos asquerosos y unos pendencieros. Está probado que mataron más los virreyes que los reyes, y que los primeros en llegar también llevaron enfermedades y muerte. No creo, a pesar de todo, que la intención fuera mala, pues iban arriesgando sus vidas, además de que en España hasta la fecha hay una especie de fraternidad con las llamadas colonias en cierto grado mayor que la que hay entre los pueblos de España. Por ejemplo, un andaluz se entendería mejor con un mexicano o un venezolano que con un catalán.

-¿Por qué elige el siglo XVI, cree acaso que ha sido una época clave en la historia de España?

-Sí, porque ahí sucede algo grave que se repite hasta la historia de nuestros días. Lo mismo que ocurre en la época de Isabel la Católica pasó durante la dictadura de Franco. Yo me di cuenta de que este libro tenía una proyección hacia el futuro corrigiendo galeradas, pues Franco hablaba de la España una, grande y libre, igual que la envenenadora de Isabel. Y eso es mentira. Cuando la derecha de ahora dice que España se desangra se basa en una impostura, en una mentira histórica enorme, pues España nunca ha estado unida de forma voluntaria.

-¿No le preocupa cómo está la situación política en estos momentos, con la postura de la derecha cada vez más intransigente?

Bueno, es parte de la historia también. La Iglesia aliada de los ultras es algo habitual. Porque los ultras no son idealistas, simplemente se mueven por el poder, el dinero y el odio al adversario, que consideran enemigo. Son los eternos traidores de este país, los que envenenan la convivencia.

 
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