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Recorrido en automóvil por la carretera hacia el puerto más popular del país

Sin daños graves, la Autopista del Sol, lista para el acapulcazo

En cuatro puntos fueron encontradas brigadas para aumentar señalización

Múltiples parches

JORGE CABALLERO ENVIADO

Ampliar la imagen Una de las brigadas de trabajadores que fueron encontradas ayer en el trayecto México-Acapulco de la Autopista del Sol Foto: José Antonio López

Acapulco, Gro., 31 de marzo. En recorrido realizado por La Jornada a lo largo de los casi 400 kilómetros de la Autopista del Sol no se advierten daños considerables en la carpeta asfáltica que serpentea hacia el balneario más popular del país: Acapulco, puerto que tradicionalmente en la Semana Santa es visitado por miles de turistas.

Eso sí, a lo largo del camino había innumerables tramos parchados y únicamente en cuatro puntos, brigadas de la compañía Gutza desarrollaban trabajos de reforzamiento de señalización, para ser precisos, en los kilómetros 140+606, 202+413, 228+900 y en el 263. Esto es, ningún daño de consideración que impida pisar el acelerador para que la diversión se inicie.

El viaje de reconocimiento para confirmar el estado de la Autopista del Sol comenzó a las 6 horas de este sábado en la ciudad de México. Al pasar la primera caseta de la autopista hacia Cuernavaca, la mayor aglomeración de paseantes se observó en la tienda sindical de los trabajadores de Caminos y Puentes Federales, quienes se surtían de agua, frituras, cigarros, refrescos y demás viandas para el trayecto. Hasta llegar a la caseta de peaje de Alpuyeca las cosas trascurren con normalidad, el conductor no tiene que ejecutar ninguna maniobra sobresaliente ni esquivar ningún bache o agujero. Una manta anuncia: "Desviación en puente Mezcala para tránsito pesado".

Unos tres kilómetros antes del puente Ixtla, el asfalto se torna ondulante y parchado a lo largo de 300 metros, además de escombros, piedras y tierra por los deslaves. El tránsito de vehículos es escaso; un paseante cambia un neumático a su camioneta.

Al alcanzar el kilómetro 140+606 se encuentra el primer grupo de trabajadores; amablemente uno informa: "Realizamos reforzamiento de señalamiento", que consiste en colocar tiras de color amarillo al lado de la autopista. Los neumáticos del auto recorren el asfalto sin contratiempos hasta el kilómetro 202, donde el enviado disminuye la velocidad para platicar con otros trabajadores. Informa un miembro de la brigada: "La madrugada del viernes estuvo cerrado este tramo (de 28 kilómetros) para su rencarpetamiento. Además, movimos un metro las barreras de contención centrales. Más adelante están otros compañeros que trabajaron la carpeta del siguiente tramo de la autopista". Otro agrega: "La estructura de la Autopista del Sol ya está lista y nivelada para que ya vengan los paseantes".

Al llegar al puente Mezcala, el de mayor longitud, por más atención que se puso no existía la desviación anunciada para el tránsito pesado. Ya estaba reparado uno de los tensores que hace unas semanas se dañó a causa del incendio de un camión. El vehículo siniestrado yacía en el terreno del mirador del río Balsas. El tránsito continuaba escaso.

Sin temor a la información que circuló recientemente en algunos medios sobre la precariedad y carencias de la Autopista del Sol, algunos autos deportivos circulaban a alta velocidad, pero no se presenció ningún accidente; algunos automóviles sobrecalentados y pinchaduras fue lo más relevante. Un anuncio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes con la imagen de un avión sentencia: "Las autopistas no son para volar. Respete los señalamientos de velocidad y seguridad".

Hasta el kilómetro 223, específicamente en el puente Xalostoc ninguna desviación ni doble circulación en uno de los sentidos de la carretera, únicamente algunas ondulaciones mejor conocidas como columpios. Una columna de humo se alza y extiende en uno de los cerros que resguardan este tramo del camino, impide un poco la visibilidad pero nada que requiera toda la atención.

En las curvas del kilómetro 296+560 se detectan residuos de grava, algunas piedras y vados. Unos 800 metros más adelante un convoy de ocho autobuses ocupa el carril de alta velocidad para eludir un derrumbe que invade unos 80 centímetros del carril de baja velocidad.

El puerto de Acapulco está a escasos 40 minutos y no se detectan daños que impidan circular libremente. Desde el kilómetro 302 y a lo largo de otros 10 el color negro del asfalto revela su reciente colocación. Al concluir este tramo la tonalidad del suelo cambia a gris; en los próximos tres kilómetros la carretera se ve parchada, lo que obliga a sostener el volante firmemente para sortear brincos en la dirección del automóvil.

Llegamos al final del recorrido. La autopista está lista para el acapulcazo.

 
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