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Grave cornada se lleva El Glison al torear en una playa

LUMBRERA CHICO

Ampliar la imagen Momento en que el toro se venció por la derecha para darle a El Glison la histórica cornada de la playa Foto: Armando Rosales El Saltillense

Ampliar la imagen Momento en que el toro se venció por la derecha para darle a El Glison la histórica cornada de la playa Foto: Armando Rosales El Saltillense

Después de triunfar en el mundo entero con su más reciente largometraje, titulado En el hoyo, el cineasta Juan Carlos Rulfo ha puesto en marcha un nuevo proyecto, ahora sobre la vida de Jorge de Jesús Gleason, El Glison, un atleta que estaba destacando en los espectáculos de rodeo como jinete de potros salvajes al tiempo que estudiaba con notas sobresalientes para físico-matemático cuando, a saber por qué, decidió convertirse en matador de toros.

El jueves pasado, el realizador y el torero se encontraron en el puerto de Zihuatanejo, en una improvisada placita en forma de media luna a la orilla del mar, donde las trancas del incompleto redondel y las olas del Pacífico delimitaron un escenario surrealista. Y de tenis, vestido sólo con un calzón de baño, Jorge se reunió allí con un toro de Salvador Rojas para lidiarlo a muerte. Al menos ése era el plan.

Allí estaba, asimismo, con sus cámaras entre manos, Armando Rosales El Saltillense, uno de los artistas más grandes y menos reconocidos de nuestro tiempo, un muchachito que a los 13 años se ganaba la vida en las capeas del Bajío haciendo las suertes de don Tancredo, y que a los 20 era todo un novillero con méritos para tomar la alternativa cuando, en el cortijo de la hacienda de Galindo, una vaca malparida le sacó un ojo para transformarlo en el máximo fotógrafo taurino de México.

El rodaje iba muy bien. El toro de Rojas era bravo y metía la cabeza abajo, fascinado por el reto vertical de la muleta y el vaivén horizontal de la espuma, y El Glison estaba cuajando una soberbia faena cuando, en un rapto de locura, cambió la franela por una pequeña tabla roja de surf y trató de pegar una tanda de derechazos para que Rulfo la y lo y se inmortalizara filmándola. Pero todo, incluso la poesía tiene su límite, y confundido por tantos estímulos -la brisa, la marea, el bullicio del agua, la voz del matador-, el animal se venció por el lado derecho, empitonó al diestro y le asestó una cornada en el muslo izquierdo y una paliza que le rompió tres costillas.

Mientras El Glison era rescatado con una profusa hemorragia en la pierna, el toro intentó escapar a través del agua, y hasta allá fue a buscarlo el rejoneador yucateco Fernández Madera, que galopó entre las olas para arrearlo de nuevo a tierra firme, donde Guillermo Martínez, con la muleta y el estoque del herido y el crepúsculo como telón de fondo, acabó con el rumiante de un espectacular volapié.

Con este percance, que eleva a 36 y 18 el número de cornadas y fracturas que respectivamente ha sufrido en su carrera, El Glison pierde la corrida del 15 de abril que abrirá la segunda feria torista de la Plaza México, pero mientras unos lo tachan de "irresponsable", pues no se cuidó para su esperada reaparición, y otros lo regañan por haberle "faltado al respeto a la fiesta", lo cierto es que "la cornada en el mar", como ya le dicen, quedará a disposición de la posteridad gracias a esos tres poetas del infortunio que son El Glison, El Saltillense y Juan Carlos Rulfo.

 
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