Usted está aquí: sábado 7 de abril de 2007 Opinión La espiral sin fin de la violencia

Editorial

La espiral sin fin de la violencia

La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado se está convirtiendo en un calvario interminable, debido al considerable aumento de la violencia surgida de estos flagelos, la cual parece estar sin control. Entre el jueves y el viernes pasados, al menos 15 personas fueron ejecutadas en Sinaloa, Tamaulipas y Guerrero, entre ellas el periodista Amado Ramírez, corresponsal de Televisa, asesinado al salir de su programa de radio en el puerto de Acapulco. De hecho, Ramírez no es el único profesional de la información que ha sido presuntamente ultimado por el crimen organizado, lo que constituye un indicio de la gravedad que ha alcanzado la situación.

Al inicio de su sexenio, el presidente Felipe Calderón anunció una guerra sin cuartel contra el tráfico de estupefacientes y las organizaciones criminales que lucran con esta actividad ilegal. En más de una ocasión, el mandatario advirtió que este combate, que requerirá también cuantiosos recursos, se cobraría muchas vidas. Acto seguido, Calderón ordenó los diversos operativos conjuntos entre cuerpos policiacos y las fuerzas armadas en varios estados de la República para poner un freno al narcotráfico. Sin embargo, ante los numerosos hechos de violencia ocurridos en los primeros meses de 2007, queda claro que el gobierno federal subestimó la capacidad de respuesta de los cárteles de la droga y tal parece que las autoridades carecen de un plan, de una fórmula adecuada para garantizar la seguridad pública.

De acuerdo con estadísticas oficiales, las ejecuciones se incrementaron a niveles nunca antes vistos desde el sexenio del ex presidente Vicente Fox: así, de 2001 a la fecha se han consignado más de 9 mil 500 asesinatos. Pero lo más grave es que estos crímenes han aumentado de forma alarmante en 2007.

Datos de la Procuraduría General de la República señalan que en estos primeros tres meses se han registrado 678 ejecuciones, casi el doble en relación con el mismo periodo del año pasado. Además, los homicidios perpetrados durante este año presentan dos novedades: la mayor incidencia de muertes de agentes policiacos, unos 70 (el 11 por ciento del total de las víctimas), en aparente represalia por los operativos conjuntos, y la llegada de la guerra contra el narcotráfico a estados que antes estaban libres de esta pandemia, como Tabasco y Veracruz.

La ola criminal también ha alcanzado al gremio de periodistas desde principios del sexenio de Fox: según la Sociedad Interamericana de Prensa, de 2000 a la fecha 38 informadores han perdido la vida a manos de sicarios. Aunque no existen datos que den por cierto que estos asesinatos forman parte de las venganzas de las mafias, tampoco se puede descartar esa posibilidad, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría de estos crímenes permanecen impunes.

De esta manera, tal parece que la guerra contra las mafias del tráfico de drogas se está perdiendo, dejando al país a merced de una violencia que genera incertidumbre, zozobra e inestabilidad política y social.

 
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