Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de abril de 2007 Num: 631

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Dos poemas
JOHN MATEER

Festival de Medellín, la poesía en tiempos de desesperación
JOSÉ ÁNGEL LEYVA entrevista con FERNANDO RENDÓN

Recuerdos y enseñanzas de Joan Miró
ALBERT RÀFOLS-CASAMADA

Miró: un espíritu vivo
ANTONI TÀPIES

Miró y sus constelaciones
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Reliliputiensear
RICARDO BADA

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Fischer tomó su fúsil

Leo Mendoza

RELATO


David Edmonds y John Eidinow,
Bobby Fischer se fue a la guerra.
El duelo de ajedrez más famoso de la historia,

Traducción de Eduardo G. Murillo,
Editorial Debate,
México, 2006.

Para muchos, el momento de mayor auge del ajedrez ocurrió en el verano de 1972, cuando Boris Spasski y Bobby Fischer se enfrentaron en Reykiavik por el título mundial, lo que fue catalogado como el match de todos los tiempos. En todo caso, la manera como Bobby Fischer se impuso al entonces jugador soviético, y la manera como llegó a disputar el campeonato, hicieron que ese momento fuera realmente excepcional. El niño genio de Brooklyn, berrinchudo, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el juego, llegó al encuentro precedido de una gran fama, luego de despertar la atención de sus compatriotas y lograr que, finalmente, los jugadores de ajedrez pudieran obtener pingües ganancias. Pero el match suponía también un enfrentamiento caliente en un mundo dominado por la guerra fría, y aun cuando ninguno de los dos jugadores era ciento por ciento representante de los sistemas donde se crearon, no se podía dejar de lado que, simbólicamente, era una batalla más entre las bondades del socialismo real y la supremacía del llamado mundo libre.

Cientos de anécdotas, desde la manera como un millonario decidió apoyar económicamente el encuentro hasta las extrañas costumbres de Fischer, forman ya parte de la historia del ajedrez, y a poco más de treinta años de aquel histórico match, dos periodistas británicos, David Edmonds y John Eidinow, han recreado para los aficionados la historia de aquel enfrentamiento en Reykiavik a partir de sus entretelones, lo que ha dado como resultado Bobby Fischer se fue a la guerra.

Este libro no reproduce una sola de las partidas del encuentro, porque cientos de libros se han dedicado a analizarlo debido tanto al brillante juego de Fischer como a los errores de Spasski, que finalmente contribuyeron a la debacle. Los autores han recogido las historias que se encuentran detrás de este célebre match, tanto la del campeón ruso como la del neoyorkino, ambos criados por su propia madre, ambos rebeldes que encontraron en el ajedrez una forma de expresión: Fischer con su actitud atrabiliaria y Spassky como un caballero, aun cuando tenía detrás de sí la terrible experiencia de la guerra que le tocó vivir como uno de los niños de la heroica Leningrado –hoy nuevamente San Petersburgo.

Los periodistas británicos no sólo indagaron las historias personales de los protagonistas de torneo –el hecho de que la madre de Bobby Fischer pudiera ser espía soviética le da un giro sorprendente al asunto–, sino que también trazan la historia de cómo los soviéticos convirtieron el ajedrez en un arma ideológica, y analizan todas aquellas versiones, algunas de las más absurdas, que se desarrollaron en torno al match, como el uso de ciertos trucos por parte del equipo de Fischer para desconcentrar al campeón, o las supuestas ayudas recibidas –argumento que también se ha esgrimido contra otros campeones.

El reportaje es emocionante y traza un panorama del mejor momento del ajedrez, pues luego, tras la negativa de Fischer para enfrentarse con Anatoly Kárpov, así como el rompimiento de éste con la Federación Internacional (fide) y la creación de su propio organismo, le restó cierto interés al juego.

Hace algunos años, Fischer y Spassky se volvieron a ver las caras en Belgrado, lo que le costó al norteamericano una condena por parte de su gobierno a pesar de que se alzó nuevamente con la victoria. Spasski, con la caballerosidad que lo caracteriza, pidió a las autoridades que a él también se le condenara por jugar en un país sancionado por la otan, pero sólo Fischer fue amenazado, lo cual le obligó a refugiarse en la isla donde la tarde del 11 de julio de 1972 comenzó aquel inolvidable match.


Son bigornios los carranclanes

Jorge Moch

NOVELA


Paco Ignacio Taibo II,
Pancho Villa. Una biografía narrativa,
Planeta,
México, 2006.

Bigornio, dice Don Diccionario de la Real, supone al ducho para atacar en bola pero cobarde sin su cuadrilla, igual (digo yo) que político mexicano, que cuando queda solo se torna dialogador o veloz presa en fuga. Carranclán llamaba la tropa villista al soldado carrancista. Los carranclanes siguen gobernando, carranceándose públicos dineros. Si subrayamos además que la bigornia es una especie de yunque, pues concluimos que sí, que en efecto, "son bigornios los carranclanes", frase atribuida a Pancho Villa. Por eso y porque la figura de Villa refrenda vigencia con cada injusticia que se comete en México, porque su muerte acrisola la de tantos otros, próceres o anónimos aplastados por el oprobio y la indiferencia, porque los más jodidos siguen siendo carne de cañón, ya electorero, ya policíaco, ya estadístico, porque no hay elector que aguante un cañonazo de torta, camiseta y calumnia televisada, ni policía que aguante un cañonazo de cincuenta o cincuenta mil dólares, ni encorbatadito funcionario que resista un cañonazo de cámaras de televisión y preguntas muy a modo por parte de reporteros lambiscones para que quede bien, por eso, decía, es oportuno, casi una ocurrencia cáustica escarbar, revisar, volver a narrar la vida, la obra y la muerte de un tipo tan pintoresco, representativo y retobón como Pancho Villa.

Sobran motivos por los que aplaudir la aparición nada discreta, con su magnífica portada y sus brutales ochocientas ochenta y tantas memoriosas páginas, del exquisito pero verídico libro de caballerías que es Pancho Villa, una biografía narrativa, escrito con cariño elzeviriano por Paco Ignacio Taibo ii y recién editado por Planeta en 2006. A juicio de este perplejo e impresionable lector, el Pancho Villa de Paco Ignacio es el más humano, el más de acá, de carne y tierra que ha encontrado, a diferencia de la momia acartonada que a conveniencia roban los papanatas del gobierno en turno para su retórica de mendacios. Tiene más sustancia este Pancho Villa alquitarado y verdaderamente histórico que sus lamentables caricaturas cinematográficas (casi todas), o que esas seudo históricas semblanzas que andan por ahí. Es este un Pancho Villa palpitante y vivo, porque Paco Ignacio realizó una exhaustiva investigación, haciendo a un lado el recurso facilón de suscribir rumores y leyendas, como hacen otros presuntos historiadores tan duchos en intrigas palaciego editoriales pero tan chambones para hacer el historiógrafo capaz de despojar al héroe de su carne y de sus errores. Paco Ignacio no. Para él la esencia del villismo radica, precisamente, en las rabietas de Pancho, en sus vaivenes políticos o amatorios, en su ferocidad a toda prueba, en sus conflictos lacanianos con la autoridad y en esa contradictoria proclividad a derramar, que diría Sancho de su señor, dulces y felicísimas lágrimas.

Paco Ignacio nos lleva en su Pancho Villa, que ya no es suyo, sino de todos sus agradecidos, educandos lectores, por la senda de altibajos en que transcurrieron los cuarenta y cinco años de vida del guerrillero cuya vida tanto ha sido enmarañada y Paco Ignacio, con dedicación de orfebre, se dedica pacientemente a desenredar para regalarnos ese otro Pancho vivo y ganoso. Taibo aporrea con delectación la leyenda cuando desmiente que Villa fuese borracho o mariguano empedernido siendo en realidad un abstemio muy poco tolerante, o como cuando nos ofrece pruebas de que a Villa le interesaban tanto las escuelas, a él que fue analfabeta buena parte de su vida, como el contrabando de pertrechos para su tropa. Esto, a pesar de la exageración y el mito, porque dice Paco Ignacio: "En la memoria de los supervivientes las vacas son más grandes, las montañas más altas, las llanuras siempre interminables, el hambre mayor, el agua más escasa, el miedo, apenas un destello fugaz. No exagera el que cuenta, es un problema de las pocas luces del que escucha. El narrador ha tratado de escuchar en medio de este rumor interminable que surge del villismo y de la figura de Pancho. Siente que en ocasiones lo ha logrado, no siempre."

Lo logra, y ofrece perfectamente bien documentado ese polivalente Pancho Villa capaz de pontificar, antes de largarse a taconear un pasodoble entre una batalla y otra, la frase lapidaria, destinada a marcar el futuro de este país de analfabetas funcionales y voraces consumidores de televisión para jodidos: "Una democracia es inútil a menos que la gente esté educada. Peor que inútil, peligrosa." A ver si nos cae el veinte.


Armas y Letras,
Revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León,
núm. 57

Marginación y apertura en la escritura es el tema principal de la más reciente entrega de esta publicación, que incluye textos de Eduardo Antonio Parra, Daniel Centeno, Armando Haro, Teresa Porzecanski y Katia Irina Ibarra, entre otros autores, así como imágenes de Jésica López.


Blanco Móvil,
núm. 103.

Ilustrado con fotografías esteropeicas de Silvia González de León, el más reciente número de la ya añosa publicación dirigida por Eduardo Mosches ofrece como tema principal "Crónicas y literatura virtual". Entre otros, escriben Antonio Ramos, Gabriel Trujillo, Luis Vicente de Aguinaga, Gabriela Valenzuela y Guillermo Vega.


El Perro,
números 1 y 2.

Revista literaria mensual editada en Pachuca, Hidalgo, que abre fuego con estos dos números en los que ofrece textos de autores de Hidalgo, Querétaro, Michoacán, Ecuador, Colombia, Perú, Chile, así como de otros lares no determinados. Bien editada e impresa es, al menos para esta redacción, la primera noticia literaria en años proveniente de tierras hidalguenses.


Gajes del oficio. La pasión de escribir,
Delia Juárez (selección y edición),
Ediciones Cal y Arena
México, 2007.

Al son de "el mono habla de ese tema", como diría Monterroso, este libro recoge las ideas que sobre su propio oficio han expresado decenas de autores insoslayables: Goethe, Conrad, Miller, Capote, Brecht, Cortázar, Onetti, Proust, Ionesco, Greene, Mishima y muchos más.


Imajica,
Clive Barker,
La Factoría de Ideas,
España, 2006.

Posiblemente ubique mejor al autor como el responsable de Hellraiser, película de terror de hace más o menos una década. Director de cine ocasional, Barker goza de fama como autor en los géneros fantástico y de terror. Como novela, Hellraiser también ha sido traducida, así como Libros de sangre, volúmenes 1 y 2.


Fiebre 107 grados,
Silvia Peláez,
Ediciones El Milagro/Conaculta,
México, 2006.

Uno más de los volúmenes de la colección creada y coordinada por Víctor Manuel Mendiola, que recupera "obras significativas" y colabora a la correcta valoración de sus autores, todos ellos nacidos en la década de los cincuenta del siglo pasado. Aquí, una pieza teatral de Peláez, autora de más de veinticinco obras.


In memoriam

Mercedes Iturbe
Promotora cultural

José Luis Martínez
(1918-2007)