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Alejandro Nadal

Globalización financiera: las primeras 72 horas

El 14 de agosto de 1971 el presidente Richard Nixon reunió en su residencia de Campo David a John Connally, secretario del Tesoro; Paul Volcker, subsecretario para Asuntos Monetarios, y al presidente de la Reserva Federal, Arthur Burns. El objeto era discutir el plan para enfrentar la crisis económica que aquejaba a Estados Unidos. Los principales bancos centrales estaban convirtiendo sus dólares a oro a un ritmo desenfrenado. En 1948 las reservas de oro habían alcanzado un pico de 21 mil 682 toneladas. Pero en 1960 ese monto se había reducido a 15 mil 821, y para 1971 apenas eran de 8 mil 500 toneladas en Fort Knox.

En Campo David, Nixon escuchó los argumentos técnicos de Burns y Volcker. En mayo la economía estadunidense había experimentado un déficit en la balanza comercial por primera vez en lo que iba del siglo XX y el déficit fiscal del gobierno también era motivo de nerviosismo. Si se quería corregir el déficit comercial, era necesario ajustar a la baja el valor del dólar y eso implicaba abandonar el sistema establecido en 1944 en Bretton Woods, el cual consagraba al dólar estadunidense como la moneda de reserva del mundo, garantizando a cualquier país convertir sus dólares a oro y manteniendo fijo el sistema de paridades de las principales monedas del mundo.

Nixon sabía que la guerra en Vietnam había debilitado la economía estadunidense y cada acción del enemigo drenaba sus reservas, tanto en el plano militar, como en el económico. Faltaban dos años para el retiro de Vietnam, así que escogió el camino más sencillo: repudiar de las obligaciones monetarias y financieras de Estados Unidos.

El 15 de agosto de 1971 la historia financiera del mundo cambió para siempre. Nixon ordenó cerrar la ventanilla de cambios de oro por dólares y terminó así con el régimen de libre convertibilidad del dólar y el oro. Finalmente, se acogió al capítulo del GATT sobre medidas de emergencia en caso de crisis de balanza de pagos e impuso una sobretasa arancelaria de 10 por ciento sobre todas las importaciones.

Ese día el sistema de paridades fijas dejó de existir y comenzó la presión para eliminar las restricciones al libre flujo de capitales a lo largo y ancho del planeta. Pero lo más importante es que se sentaron las bases para la expansión del endeudamiento público, mediante la expansión de la oferta monetaria, fenómeno que ha alcanzado un ritmo exponencial en el último decenio.

La destrucción del sistema de Bretton Woods condujo por primera vez al sistema monetario mundial a un régimen de moneda fiduciaria. En este esquema la aceptación de una moneda depende de la entera fe y crédito del emisor, porque desaparecen las restricciones técnicas a la cantidad de moneda que puede crearse. Así, mientras la oferta de dólares creció apenas 55 por ciento entre 1945 y 1965, para el periodo 1970-2001, la expansión de la masa de dólares en circulación fue de 2 mil por ciento.

La falta de restricciones a la creación monetaria primaria también permitió incrementar el endeudamiento de manera exorbitante. En Estados Unidos, la deuda pública en 1971 era de 436 mil millones de dólares (mmdd). Hoy esa deuda rebasa los 8 billones de dólares; el incremento en 2005 fue de 571 mil mdd, monto superior al de la deuda total en 1971. Esa deuda ha minado irrevocablemente las bases del sistema monetario internacional.

El 16 de agosto de 1971, mientras los periódicos daban a conocer las decisiones de Nixon, Henry Kissinger se entrevistaba en secreto con el embajador de la República Popular China en Francia. El objeto de la entrevista era afinar los detalles del viaje que haría Nixon a Pekín en febrero de 1972. Tanto Estados Unidos como China buscaban contrarrestar los ímpetus soviéticos, pero sin saberlo, los líderes de Washington y Pekín estaban sentando las bases de la globalización financiera.

Hoy China es la economía que más dólares y bonos del Tesoro posee. Junto con Estados Unidos está interesada en mantener, por lo menos durante algún tiempo, la estabilidad del sistema monetario basado en el dólar estadunidense. Pero la falta de credibilidad en la moneda de Estados Unidos amenaza el sistema monetario basado en esa divisa. Un indicador preocupante es que desde 2005 las principales monedas del mundo han perdido valor frente al oro, la plata y el platino. Los especuladores también comienzan a comprar metales como protección frente a la pérdida de valor de la moneda fiduciaria.

No se sabe con precisión cómo va a concluir el reinado del dólar. A pesar del optimismo del último informe del Fondo Monetario Internacional, los nubarrones en el horizonte no presagian nada bueno. Una cosa es segura: los cambios que producirá el colapso del régimen actual serán mucho más dramáticos que los introducidos por las primeras 72 horas de la globalización financiera.

 
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