Usted está aquí: domingo 22 de abril de 2007 Política Violencia en Argelia

Marta Tawil

Violencia en Argelia

Con los ataques terroristas del 11 de abril en Argel, reivindicados por la Organización Al Qaeda para el Magreb Islámico (OAMI), regresa el fantasma de los trágicos años 90, durante los cuales la guerra sucia entre islamitas y fuerzas de seguridad provocó entre 200 y 300 mil muertos. La OAMI conserva el objetivo de provocar la caída del régimen de Argel, aunque el carácter de su lucha ha evolucionado. La redefinición del enemigo, la reorganización de los grupos armados y la recuperación de redes en el extranjero son los instrumentos políticos, militares y financieros necesarios para alcanzar dicho objetivo.

Hasta enero pasado, la OAMI se llamaba Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Este se había escindido en 1998 del Grupo Islámico Armado (GIA), a su vez resultado de una escisión del Frente Islámico de Salvación (FIS), que a finales de los años 80 se opuso exitosamente por la vía electoral al partido en el poder desde 1962 (el Frente de Liberación Nacional). El GIA pasó a ocupar el espacio de la oposición global y terrorista, luego de que fracasara el proyecto islamo-nacionalista del FIS de establecer un Estado islámico por la vía institucional, y de que los gobiernos europeos apoyaran la política del gobierno argelino de erradicar a estos grupos, y evitar que el FIS se convirtiera en un actor político.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos se impuso la imagen del terrorista mártir sin territorio e implicado en redes trasnacionales. El temor que este nuevo actor inspira a la "comunidad internacional" se traduce en una guerra contra el terrorismo en que se incluye a todos los movimientos y grupos en una misma categoría. Sin embargo, existen varias diferencias entre ellos. Una de ellas se relaciona con los diversos significados que reviste el martirio. La figura del mártir tal y como ha estado presente en los casos palestino, libanés, iraní o incluso chechenio, no es la misma que la del GSPC argelino, como tampoco la de Al Qaeda. A diferencia de los grupos armados palestinos Hamas o Jihad (sunitas) y del Hezbollah libanés (chiítas), la violencia del GIA argelino se inscribe en el registro de la purificación ideológica. La violencia no es un instrumento de sacrificio de sí mismo ni en nombre de la comunidad nacional, sino un instrumento de cambio. A diferencia de los kamikaze palestinos que buscan acceso al paraíso mediante su martirio ante la falta de perspectivas sociales, políticas y económicas, los islamitas de Argelia consideran enemigos al Estado, el régimen y la sociedad argelinos que se oponen a su voluntad de instaurar un Estado islámico. Desde esta perspectiva, tanto la GIA y, en cierta medida también, el GSPC, se acercan más en términos ideológicos a ese extremo del espectro del activismo sunita en el mundo musulmán (árabe y no árabe), representado por Al Qaeda. Esta se inspira en una visión del Islam wahhabita (referente a la doctrina oficial de Arabia Saudita), salafista (salaf, ancestros piadosos), o "neofundamentalista", que circula en Internet, la televisión saudita o en algunas mezquitas de los países occidentales. Más que un cuerpo concreto de doctrina, se trata de un código estricto y simple de comportamiento, basado en la dicotomía de lo lícito e ilícito, con el cual se pretende regresar a lo que ellos suponen ser los "fundamentos" del Islam. Los miembros del radicalismo tipo Al Qaeda no son necesariamente producto de la exclusión social, o no tienen relación con las instituciones tradicionales de enseñanza islámica (por ejemplo, el mismo término de "talibán" revela una valorización del ser estudiante frente a la jerarquía tradicional de los enseñantes de la religión). Su lucha armada puede ser interna (contra gobiernos musulmanes considerados impíos) y global (destinada contra el "Occidente", considerado como depravado y opresor). Así, por ejemplo, en 1995-1996, redes asociadas al GIA lanzaron una campaña de atentados con bomba en Francia (ya que atribuían en parte el fracaso de la guerrilla al apoyo incondicional que París ofreció al régimen argelino).

En segundo lugar, el análisis de la violencia en Argelia de por lo menos los 10 últimos años muestra que la implicación de argelinos en las redes terroristas internacionales resulta de la pérdida de credibilidad y/o de la erradicación de sus organizaciones nacionales. La política de masacres de civiles (1993-1997) que encabezó el GIA en su lucha contra el FIS y su brazo armado (el Ejército Islámico de Salvación) lo alienó de la sociedad argelina y causó la reprobación de organizaciones islamitas internacionales. La extrema violencia del GIA provocó una escisión en 1998 de la cual surgió el GSPC, el que desde entonces ha redefinido a su enemigo (las fuerzas políticas, militares y económicas de la elite en el poder) y se ha abstenido de ensañarse con la población civil. En 2003, el GSPC rechazó la amnistía que le ofreció el presidente Abdelaziz Buteflika (quien lanzó en 1999 un plan de "concordia nacional"), y decidió continuar su jihad con la bendición de Osama Bin Laden. Así, con el nuevo apelativo de OAMI en enero pasado, el ex GSPC muestra su intención de beneficiarse del prestigio del grupo de Bin Laden con el fin de restaurar la credibilidad ideológica y sus redes en el extranjero.

 
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