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Toman como refugios estaciones del Metro, puentes peatonales y edificios

Muchos niños prefieren la calle que soportar maltratos en casa o escuela

Unos limpian parabrisas o roban a transeúntes, y otros afirman: ''mejor no hubiéramos nacido''

De mis padres ni me acuerdo, además a nadie le importa lo que me pasa, dice Carlos, de 8 años

JOSEFINA QUINTERO M.

Ampliar la imagen Saúl, de 7 años, trabaja de limpiaparabrisas en semáforos de la ciudad, donde llega a recaudar desde 50 hasta 170 pesos diarios Saúl, de 7 años, trabaja de limpiaparabrisas en semáforos de la ciudad, donde llega a recaudar desde 50 hasta 170 pesos diarios Foto: Víctor Camacho

"Mejor no debí haber nacido"; "a nadie le importa lo que me pasa"; "la mejor madre es la calle", son expresiones de niños que viven o trabajan en cruceros viales y puentes peatonales en diferentes zonas del Distrito Federal. Pocos son los menores de edad que viven en la calle, pero la gran mayoría de ellos trabaja.

Las historias son adversas. Entre ellos se conocen, pero si no están en grupo muestran indiferencia, no les gustan los extraños y cuando alguien se acerca ''lo cabuleamos, para ver si aguanta, porque a veces solo vienen para que les pongas a la banda". Comparten la comida, la bebida, y muy pocas veces el activo; saben dónde se juntan, inclusive mencionan como refugios a las estaciones del Metro Indios Verdes, Hidalgo, Insurgentes, Bellas Artes, Central Camionera y Sevilla, así como algunos puentes peatonales y zonas cercanas a los edificios delegacionales.

Israel Arizpe duerme en el puente de Municipio Libre y Tlalpan, lleva ocho años viviendo en la calle; salió de su hogar porque no le gustaban los malos tratos, ni que su padre golpeara a su mamá; es del rumbo de Iztapalapa, a donde no piensa regresar.

Salió con dos de sus hermanos, pero en el andar se separaron. Al hablar de su vida, Israel recuerda las veces que estuvo en el Consejo Tutelar y reconoce que roba a transeúntes.

A sus casi 18 años ha recorrido varias instituciones de apoyo a niños de la calle, como Casa Alianza y Hogares Providencia, y hace poco estuvo en Reto a la esperanza, de donde escapó porque lo maltrataron.

No le gusta hablar de su familia: cuando se le pregunta por su madre, baja la mirada y cambia el tema. Sólo recuerda la última vez que habló con ella porque todo el tiempo eran pleitos: "Le hablé porque estaba en el Consejo Tutelar y quería que me ayudara, pero me dijo: olvídate que tienes madre, así que le hice caso y la olvidé".

Pese a su libertad, pues fakirea cuando tiene ganas, aseguró que hubiera sido mejor "no haber nacido".

La mayoría de quienes viven en la calle son ya adultos, de entre 20 y 30 años, "los morritos llegan a la central", comenta El Pelón.

Carlos, un niño de ocho años proveniente de Oaxaca, duerme en los puestos del mercado que están justo en la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO); llegó de aventón hace como cuatro meses huyendo de la reclusión. Trabaja limpiando comercios, hace mandados y hasta cuida los coches que le encargan a los franeleros. Es escurridizo cuando sabe que lo buscan, desconfiado y no habla mucho.

El pequeño cambia su semblante cada que se le pregunta por sus padres: "no me acuerdo, además a nadie le importa lo que me pasa".

De 30 a 100 pesos diarios

Los relatos son diferentes en los niños dedicados a trabajar en la calle en compañía de sus padres, quienes se han apoderado de cruceros viales y ahí han hecho su familia.

A los nuevos que intentan instalarse en alguna de las vialidades de la ciudad se les cobra una cuota por vender o limpiar parabrisas. En las intersecciones del Eje Eduardo Molina hay quienes deben pagar 400 pesos mensuales o 100 por semana.

Para algunos es mejor limpiar que estar en la casa o en la escuela, muchos de los niños ni siquiera terminaron la primaria y las pequeñas se embarazan entre los 14 y 17 años.

Mario tiene nueve años, limpia parabrisas en el cruce de Eduardo Molina y Mineros y abandonó la escuela porque no le gustaban las tarea y los números ''nomas no me entraban'', pero es bueno para contar monedas. El pequeño empieza su trabajo entre dos y tres de la tarde, a la hora que quiera y según las ganas que tenga. En días buenos se lleva hasta 100 pesos, pero en los malos saca sólo 30, o menos.

Con él está Laura Cruz, su cuñada, una menor de 17 años quien ya tiene dos hijas y se juntó con Sergio, quien no ha dejado el activo y hace dos meses fue ingresado por un operativo, por lo que ella tuvo que regresar a limpiar.

Para su trabajo sólo necesitan una botella de agua, una bolsita de champú y una gomita para jalar el agua, "no me gusta limpiar, pero si llego temprano y me apuro saco 50 o 100 pesos, según los ánimos de la gente", asegura Laura.

Sin embargo, Maricela Francisco Velásquez prefiere vender cacahuates "a aguantar las jetas de la pinche gente. La limpiada no me gusta, porque terminas toda mugrosa y hasta te ven feo".

El Sapo, El Tuercas y El Toluco se salieron de su casa porque los golpeaban. Han intentado regenerarse, pero la última vez que El Toluco estuvo en un centro "querían que limpiara el comedor, cuando les dije que nel, el consejero me intentó pegar. Yo se la menté y me salí de ahí". Los tres adolescentes afirmaron que "no hay mejor madre que la calle".

 
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