Usted está aquí: lunes 7 de mayo de 2007 Economía Reporte Económico

Reporte Económico

David Márquez Ayala

Mundo. El gasto en salud

Finanzas y Desarrollo, la revista trimestral del Fondo Monetario Internacional publicó en su edición de diciembre de 2006 un artículo con el peculiar titulo de "Hablemos en serio del financiamiento de la salud". Si bien el texto aborda primordialmente el tema de la asistencia internacional para el rubro, sus estadísticas relativas al gasto mundial en sanidad por regiones y grupos de ingreso dan base a este Reporte.

Hoy se da más importancia -indica el texto- y se destina más dinero que nunca (sobre todo privado) a mejorar la salud de los pobres, tanto por el hecho de que la comunidad internacional se ha comprometido a cumplir ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, de los cuales tres se relacionan con el tema, como por el temor de que brotes aislados de alguna enfermedad se transformen con la globalización en una pandemia mundial.

No obstante, se acota, la salud mundial aun se encuentra en pésimas condiciones. De 1985 a la fecha la expectativa de vida en algunos países africanos ha disminuido entre 10 y 20 años, en gran medida debido a la pandemia del VIH/sida que ha matado a 25 millones de personas desde que fue reconocida en 1981. Cada día mueren 5 mil personas en el mundo de tuberculosis, una enfermedad prevenible y curable. Los países en desarrollo arrastran 90% de la carga de morbilidad mundial pues sólo realizan 12% del gasto mundial en salud.

Riqueza y salud

Es claro que la desigualdad de ingresos en el mundo tiene un correlato absoluto con el gasto en sanitario. A medida que aumenta su riqueza, los países gastan más en servicios de salud pública y en seguridad social.

El PIB por habitante (cifra de 2003) es de 30 mil 811 dólares en los países industrializados de alto ingreso; disminuye a 5 mil 596 dólares en los países de ingreso medio alto (entre los que se ubica México), a 1 mil 659 dólares en los de ingreso medio bajo, y sólo llega a 481 dólares por persona al año en los países de bajo ingreso (Gráfico 1).

Estas abismales diferencias entre el PIB per cápita de los países que concentran el avance científico, la tecnología, la industria y el excedente económico y los que no, se manifiesta con similar disparidad en el gasto per cápita en salud que realizan: 3 mil 466 dólares por habitante al año en los países de alto ingreso; 341 dólares en los de ingreso medio alto; 97 dólares en los de medio bajo, y únicamente 22 dólares por persona al año en los países más pobres (Gráfico 2).

Pero para los países avanzados el gasto en salud no es sólo cuestión de montos sino también una prioridad como política pública. Estos países de alto ingreso gastan en sanidad 10.7% de su PIB; los de ingreso medio alto, 6.4%; los de ingreso medio bajo, 5.6%, y los de bajo ingreso, 4.6% (Gráfico 3).

De este gasto en salud, además, la proporción que aporta el sector público es mayor entre más alto es el nivel de desarrollo. Del gasto total en sanidad, el gasto público representa 65% en los países más ricos; 55% en los de ingreso medio alto; 44% en los de ingreso medio bajo, y sólo 31% en los de bajo ingreso (Gráfico 4). La falta de recursos públicos en estos últimos, la carencia de empleo formal y la pobreza de la mayoría de la población hace que ésta quede virtualmente excluida de los servicios de sanitarios.

Recursos públicos y salud

La salud de los habitantes de una nación no es sólo una resultante del avance económico, sino también una condicionante del desarrollo. Es por ello que el gasto suficiente, eficiente y equitativo en materia sanitaria debe ser parte de una política pública prioritaria, y uno de los mecanismos de distribución del ingreso de interés general.

Elevar el gasto público en salud depende lógicamente de la eficiencia y equidad del sistema fiscal de las naciones. En los países avanzados el gobierno capta en promedio 32% de su PIB como ingreso público, del cual 26% corresponde a ingresos tributarios, y 7% es específicamente impuestos de la seguridad social (Gráfico 5).

En el otro extremo, el desempleo, la informalidad y los bajos ingresos de gran parte de la población, unidos a la falta de compromiso social de los gobiernos, a la administración pública "inercial", y a la pésima administración fiscal, dan como resultado que en los países de mayor atraso los ingresos públicos sólo representan 18% del PIB, los ingresos tributarios 14% y los ingresos por seguridad social 0.7%. Un círculo vicioso de incompetencia, avaricia, miseria y mortandad.

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