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El libro del silencio tiene la estructura de un vaso roto

Propone Ricardo Chávez abordar la lectura de modo no convencional

MONICA MATEOS-VEGA

Un rompecabezas, conformado por cientos de cristales de un vaso que se rompe al caer al suelo, una travesía por un laberinto de mil puertas, un diccionario que en realidad es un mapa sin indicaciones de entradas o salidas.

Así describe Ricardo Chávez Castañeda (DF, 1961) su recién publicada "novela sacrificio" El libro del silencio (Alfaguara), ganadora del Premio Nacional de Novela Ciudad de La Paz que otorga el estado de Baja California Sur por "su original estructura, lograda mediante la edificación de un conjunto de temas que se enlazan unos con otros sin entregar un todo".

Abordar de una manera "no convencional" la literatura "puede ser una provocación, pero en mi caso fue un respiro", explica el autor en entrevista con La Jornada.

Luego narra que a finales de los años noventa leyó el libro Diccionario Jázaro, de Milorad Pavic, un escritor yugoslavo, "es una novela diccionario, y recuerdo perfectamente el gozo, el placer, que me causó esa lectura. Fue como si no supiera leer y de pronto alguien me hubiera enseñado.

"Por eso pensé que esa experiencia debía compartirse, me hubiera gustado leerlo cuando fui adolescente, y escribí, para lectores jóvenes Miedo al mundo de al lado, con la misma idea: capítulos divididos en quince palabras que se pueden leer salteados, como se lee un diccionario, no de principio a fin, sino buscando palabras.

"Así como te contagias de temáticas, también uno se contagia de estructuras. Leer el Diccionario Jázaro me permitió tal capacidad de respiro que me di cuenta de que existe un mapa de las estructuras literarias, que entre todos podemos construir miles de posibilidades de contar una historia, y que eso es algo que se nos ha olvidado".

Chávez Castañeda, ubicado por los críticos en la llamada generación del Crack, afirma que la estructura tradicional de una novela "está ya tan probada y tan exitosa que creemos que es la única manera de contar una historia. Al conocer esta nueva estructura me di cuenta de que mis historias surgían de una manera distinta, ya no en el molde tradicional, sino amorfas, y que se valía.

"Esto me ha permitido ampliar el mapa de la creatividad de los lectores, porque hay muchas maneras de leer y todas son tan gozosas como esa que aprendimos: de principio a fin, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha. Es sólo una manera, porque hay mil formas posibles de leer.

"Por eso, de pronto me enoja que las personas lean una estructura como esta como si fuera una novela tradicional. Mi propuesta es que la lean como quieran, sí, pero no como siempre, no de la página uno a la 200.

"Mi novela es como un vaso que se me resbaló, se cayó y se rompió en pedazos. Leerla de una forma lineal, en lugar de facilitar el trabajo, lo hace más complejo, porque es una novela que no tiene pies no cabeza.

"Los pies y cabeza se los debe dar el lector. Elegir, un poco por azar, alguna de las palabras que dan título a los capítulos: 'búsqueda', 'cuerpo', 'enfermedad', 'fuego', 'inconsciente', 'Joaquín', 'lectura', 'recordar', 'Riaggoé', 'suicidio', 'tabú'.

"En cada segmento hay cuatro o cinco palabras subrayadas de esa lista. La curiosidad es la que debe guiar por alguno de esos cuatro o cinco túneles de topo para encontrar otra palabra. El lector se dará cuenta que de esta manera la historia sí se deja construir según las lógicas tradicionales de causalidad, de temporalidad, de asociación.

"El libro del silencio obliga a releer porque cada vez que rozas la palabra que ya habías leído desde un nuevo saber que te han dado las otras palabras leídas, te cambia todo el contexto y el contenido. Las palabras se van renovando. Por eso, según yo, este puede ser un libro interminable, cada palabra te cambia las coordenadas de lo que ya sabías.

"Al crecer se nos olvida la magia del rompecabezas: que hay algo oculto. Claro, si lo ves como una actividad mecánica puede ser aburrido. Lo importante que pienses es que la vida es un rompecabezas y que siempre estamos armándola."

Chávez Castañeda estudió sicología en la UNAM y es maestro en literatura por la Universidad de Nuevo México. Ha sido becario del INBA y del CNCA. Este libro se suma a títulos como La guerra enana del jardín (Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, 1993), Los ensebados (1993) y Las montañas azules (1998), entre otros.

En 1987 obtuvo el Premio Internacional de Cuento Jorge Luis Borges que se convoca en Argentina por su narración La zona de las mil puertas. Ha sido finalista de los premios internacionales de Novela Planeta-Joaquín Mortiz, Casa de las Américas de Cuba y el Hammett de Novela Negra de Gijón, España.

 
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