Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 13 de mayo de 2007 Num: 636

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La mordedura de Dios
RICARDO VENEGAS

Encuentro con Yi Munyol
LEANDRO ARELLANO

Cuando París tuvo su
diosa de ébano

ALEJANDRO MICHELENA

A cincuenta años de la publicación de Balún Canán
GERARDO BUSTAMANTE BERMÚDEZ

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR


Directorio
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Ana García Bergua

Ajo y agua

Los grupos conservadores, sobre todo la Iglesia católica, son una cosa muy extraña: están dando una tremenda batalla contra la ley de despenalización del aborto, que ya aprobó la Asamblea del Distrito Federal. Hace no tanto, hicieron también un escándalo –la inefable Asociación de Padres de Familia– para detener la publicación del libro de texto gratuito de biología, por explicar con toda claridad a los pequeños la sexualidad y la prevención de enfermedades y embarazos; también la Iglesia ha combatido, de manera criminal, el uso del condón incluso en países donde el vih acaba con miles de hombres, mujeres y niños, así como los métodos anticonceptivos, a excepción del ritmo (un ritmo como de vals). Al parecer, no vivirán tranquilos hasta que las mujercitas cierren sus piernitas antes de casarse y los hombrecitos cambien sus aficiones eyaculatorias por el rezo de jaculatorias. Nunca he entendido de dónde creen que esto puede funcionar para, por ejemplo, prevenir los embarazos en adolescentes, un problema gravísimo que trunca las posibilidades de salir del círculo de pobreza de muchas niñas, forzándolas a cambiar los estudios que las podrían ayudar a progresar un poco, por la obligación de trabajar y cuidar de una criatura. A no ser que pongamos unas fotos del cardenal Rivera en todos los antros y mesas de noche de los hoteles, para quitar la inspiración a los jariosos muchachos y muchachas, no se me ocurre otro método "naturalito", como los que tanto le agradan a la curia (al Señor no sabemos, porque ya ni lo dejan hablar). Hace un par de semanas, el New York Times publicó un editorial llamado, de manera más que elocuente, "El engaño de la sólo-abstinencia", que hablaba de los fondos que proporciona el gobierno de Bush para que en varios estados de la Unión Americana se efectúen entre los adolescentes campañas a favor de la abstinencia, en lugar de aquellas en las que se les enseñaba el uso de anticonceptivos. Dicho editorial subraya que varios estados han abandonado ya el programa, vista su total ineficacia: en efecto, un informe encargado por el Congreso a la firma Mathematical Policy Research dio como resultado que los estudiantes de las escuelas básicas y de educación media a quienes se martilló incluso a diario con la idea de la abstinencia, comenzaron su vida sexual exactamente a la misma edad que aquellos a quienes se había dejado tranquilos: a los 14.9 años en promedio, y tenían la misma cantidad de parejas sexuales (para colmo, no sabían cómo prevenir las consecuencias a falta de información sobre condones y anticonceptivos). En todo caso, la prohibición, como ocurre con muchas prohibiciones, no fomentó más que la hipocresía y las tragedias. Quizá cuando se publique este artículo la marea haya bajado, pero ya se han escrito toda clase de alegatos en pro y en contra de la despenalización del aborto. Leí algunos en contra, a ver si frente al problema los conservadores proponían algo que no fuera nada más aguantarse. Por ejemplo, me encontré una entrevista que realizó El Universal a Pilar Calva, una especialista en bioética que asesora al Consejo Episcopal Mexicano y afirma que la vida empieza desde la concepción. Cuando la entrevistadora le pregunta qué hacer ante la realidad de muertes por aborto y de embarazos no deseados, la doctora responde: "Hay que procurar que la relación sexual se dé en un contexto donde se pueda afrontar una responsabilidad de un embarazo, porque por más método anticonceptivo que se utilice, el resultado natural científico de una relación sexual es el inicio de la vida." Caramba, me dije yo, con ganas de irme a fumar un poco de marihuana al baño. ¿Qué hacer, en suma? Pues ajo y agua, como dicen por ahí, o quizá una foto de Elba Esther en la cartera de los muchachos, para que se les baje la temperatura. Pero ¿y la realidad de mujeres muertas por abortos mal practicados, la de niñas condenadas al sacrificio por un embarazo tempranísimo, la de mujeres pobres y ya de por sí cargadas de hijos, la de los niños no deseados que enfrentan destinos terribles (es muy elocuente el reportaje que se publicó en este periódico sobre la disminución de la criminalidad en Nueva York a partir de la legalización del aborto en esa ciudad)? ¿Por qué para ellos no existe la ternura devota que muestran los prelados y quienes los siguen por aquel montoncito de células que ya ni al limbo irá? Será que ya están sucios, feos y pecaminosos, y para ellos no hay de otra que el ajo y agua, o el clásico déjense ahí.