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Javier Aranda Luna

¿Crónica trunca o truncada?

Entre abril y junio de 1945 Octavio Paz publicó, en la revista Mañana, una de las críticas más severas a la naciente Organización de las Naciones Unidas (ONU), porque no se planteaba atacar de fondo los principales problemas de la comunidad internacional ni se definía bien a bien lo que significaba la paz.

Desde la Conferencia Mundial de San Francisco, instalada después de la Segunda Guerra Mundial, el escritor se preguntaba en su calidad de corresponsal: ''¿Nace la paz? ¿Cuál paz? ¿En dónde? ¿Qué clase de paz?" Esa pobre paz, decía, que muere apenas nace. Más aún: en la ruidosa conferencia de San Francisco -escribió en su crónica del 5 de mayo- ''no nace la paz, pero aquí se puede empezar a cavar su tumba". Los delegados de las naciones no sabían siquiera cómo es la paz: ''si le gusta la izquierda o si le gusta la derecha".

Tenía razones para dudar: la paz la hacían los que hicieron la guerra. Además, no se decidía nada sobre la España donde Francisco Franco seguía masacrando españoles ni sobre las dictaduras latinoamericanas; tampoco se había planteado siquiera la cuestión de las colonias. Salvo el Consejo de Seguridad Mundial, parecía ''vago" e ''incoloro" el programa de la Asamblea de Naciones propuesto para resolver problemas sociales, económicos y alimentarios de la comunidad internacional.

Gracias al investigador Antonio Saborit es posible consultar esas crónicas que durante más de 60 años permanecieron ocultas en las hemerotecas. Crónica trunca de días excepcionales es el nombre del pequeño volumen publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Varias sorpresas nos ofrecen las seis crónicas escritas con esa prosa clara y aguda característica de Paz: 1) la certeza de que la situación internacional poco ha cambiado; 2) que la idea de democratizar al Consejo de Seguridad de la ONU nació desde que nació ésta, y 3) que poco hemos aprendido en asuntos de seguridad nacional e internacional al seguirlo considerando sólo como un asunto policiaco.

Respecto de este último punto: Octavio Paz se oponía al concepto vacío y oportunista de la seguridad. ''La seguridad en sí misma no significa nada sino miedo, cansancio, tregua. Para que de veras quiera decir algo debe expresar un deseo de justicia y tiene que ofrecer algo concreto a los hombres: un plan de vida internacional, un concepto de justicia universal".

La seguridad por la seguridad -vacía de contenido- ''no sólo es un concepto insuficiente, sino que su aplicación nos llevará a otra catástrofe, mucho más profunda".

¿El poeta tenía razón? Sin duda. Abundan numerosas consecuencias de esa paz hueca: piense en Chechenia, las matanzas de Africa, las crecientes olas migratorias de las antiguas colonias a España, Alemania, Inglaterra Francia y Estados Unidos. Piense en el 11 de septiembre de 2001, en las explosiones de Atocha, en la peste de ETA -herencia del franquismo-, en la rebelión parisina de los migrantes de segunda generación que no pudieron asimilarse a la vida francesa, etcétera.

En otra de sus crónicas, Paz tocaba uno de los puntos medulares para la convivencia internacional: el asunto del hambre y la miseria. Toda estructura política y jurídica del mundo -escribió el poeta- debe estar al servicio de los hombres: ''Una política que no tome esos derechos y esas necesidades será una política bárbara".

Sólo con una estructura de esas características se podría combatir el hambre mediante nuevos sistemas de producción y distribución basados en las necesidades de los hambrientos ''y no en las de los empresarios", de los grandes trust que relativizan aún más la independencia de los países.

Algo más: en la crónica del 9 de junio de 1945 Octavio Paz anunció los temas que tratará en la que espera será su última entrega. Nunca se publica, aunque en ella el poeta debería dar cuenta de la conclusión de los trabajos del Congreso de San Francisco, con la consabida votación sobre la Carta de las Naciones Unidas.

Antonio Saborit atribuye a la sucesión presidencial mexicana el que no se haya publicado. Miguel Alemán era el candidato oficial y el canciller Ezequiel Padilla uno de los aspirantes más protagónicos. Aislar a este último de los precisos reportes del cronista y nulificar su presencia podría haber sido la razón, según Saborit, de que no se publicara la última entrega de Paz. Es posible que así fuera. Pero no creo que la decisión de no publicarse fuera del propio poeta: existen numerosos ejemplos de cómo Paz actuó a contracorriente del status quo arriesgando su propia estabilidad. Menciono sólo dos: cuando renuncia a la embajada de México en la India en una época en la que renunciar a la burocracia de esa forma era condenarse al desempleo y cuando enfrentó al empresario Lorenzo Servitje, quien organizó un boicot de anunciantes contra la revista Vuelta por haberse negado a censurar un ensayo sobre la Virgen de Guadalupe.

¿Crónica trunca o truncada? Truncada, me parece. Una de las más importantes novedades literarias de este 2007 son esas crónicas escritas hace más de 60 años.

 
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