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Una marcha conjuntó los temas de soberanía alimentaria, transgénicos y migrantes

Tensa calma en Rostock, en espera de los líderes del Grupo de los 8

¿Cómo podemos hacer del mundo un lugar libre de asesinos en serie como Bush, Merkel, Blair y todos los demás?, se preguntaron oradores en una gran concentración

MATTEO DEAN ESPECIAL PARA LA JORNADA

Ampliar la imagen En Berlín, la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro británico Tony Blair posan con mensajes que demandan terminar con la pobreza En Berlín, la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro británico Tony Blair posan con mensajes que demandan terminar con la pobreza Foto: Reuters

Rostock, 3 de junio. El día después de la ''batalla de Rostock'', como le dicen muchos de los activistas que ayer participaron en la marcha que terminó en violentos enfrentamientos, pasó tranquilamente, bajo un cálido sol que finalmente apareció sobre este cielo preferentemente gris. Los altermundistas, que estoicamente esperan la llegada de los ocho presidentes de los países industrializados y sus delegados, pasaron el día en una marcha por el Día Global por la Agricultura, algunos workshops sobre el tema migratorio, una pequeña protesta frente a la cárcel donde siguen presos algunos de los que fueron detenidos el sábado, y el concierto Move Against G-8.

Una calma tensa prevaleció en esta ciudad, turbada por los enfrentamientos de ayer: muchos policías paraban a cualquier persona que resultara sospechosa, revisaron a la mayoría y se llevaron a algunos.

Agricultura y migración

Cerca del mediodía comenzó una marcha que reunió unos 2 mil participantes entre organizaciones ecologistas, y muchos campesinos que abrieron la caminata al frente de sus tractores. Una rumorosa batukada acompañó a la muchedumbre que atravesó la ciudad desde la periferia hasta el centro histórico.

En el mapa de los organizadores aparecían los puntos sensibles de la protesta como Mc Donalds, Burger Kings, Lidl y otras grandes marcas involucradas no sólo con la producción y circulación de alimentos transgénicos, sino también con la explotación del trabajo de los migrantes.

Los escritos: ''Por el derecho a la tierra y a la actividad agrícola'' y ''Por la tierra y quienes la trabajan'', aparecían en las mantas que abrían la marcha. Todo en clara alusión a la conexión que los organizadores querían hacer entre el tema de la soberanía alimentaria, los productos transgénicos y los migrantes. ''La protesta de hoy es en contra de la producción OGM y sus comercializadoras'', explica Dida, uno de los organizadores, ''pero queremos denunciar que los mismos que hoy producen y comercializan, son los que explotan el trabajo migrante''.

La conexión es evidente, porque ''la producción OGM impide a la gente trabajar su tierra, la obliga a migrar y encima la explota en los lugares de trabajo de los países que los reciben'', sentencia Dida.

Finalizada la marcha, aparecieron los oradores, entre los cuales estaban un representante de los Sin Tierra, que habló sobre el cultivo de soya en Brasil (el mayor del mundo y propiedad de Monsanto) y un portavoz de Vía Campesina.

Acerca del tema de los migrantes, comenzaron los encuentros y discusiones organizados en el contexto de la cumbre alternativa al G-8, en preparación del 4 de junio, cuando se realizarán actividades sobre el particular. Cristian Massimo, representante de Melting Pot Europa, participó en la larga tarde de debate: ''Estaban todas las realidades del movimiento que se han organizado estos años alrededor del CPT (Centro de Detención para Migrantes) y del trabajo migrante, poniendo las bases para las movilizaciones en contra de la precarización de la vida de los migrantes y por el derecho a la movilidad. Se desarrolló la campaña a favor de los trabajadores agrícolas y organizamos una primera campaña en favor del sindicato de los trabajadores agrícolas migrantes SOC y en contra de la cadena de Lidl y de las grandes cadenas de distribución de fruta y verduras'', relató.

Una novedad de estas reuniones fue la presencia de delegados de Ucrania, Marruecos, Mali, Senegal y otros países de la llamada ''frontera externa'' de la Unión Europea.

Polémica por la batalla de Rostock

La prensa describió con abundantes imágenes la jornada de ayer. Si por un lado las declaraciones de los jefes de la policía como de los políticos alemanes y europeos siguieron refiriéndose a las ''violentas manifestaciones de unos cuantos'', buscando culpar sobre todo los ''Black Block extranjeros'', por el otro hay que destacar que la temida fractura del movimiento no se ha producido, como algunos esperaban.

Hans Mann, de la red Dissident, el ala radical del movimiento, comenta: ''La visión que ofrece la prensa no es correcta. Tratan de dividirnos y empujarnos a criticarnos entre nosotros. El debate se dará cuando todo termine. Lo cierto es que el movimiento sigue unido. Hay intercambio de opiniones entre nosotros y la Izquierda Intervencionista y críticas acerca de algunas exageraciones, pero nadie abandona el movimiento''.

La excepción está representada por ATTAC y algunas pequeñas organizaciones ecologistas, las cuales se han disociado de lo ocurrido ayer. ''Sin embargo, en el movimiento estamos diciendo que no sólo hay que hablar de la resistencia que se puede desatar en una marcha. Tenemos que hablar de la violencia diaria que las políticas del G-8 generan en... ¿Irak? ¿Afganistán? o ¿en contra de los migrantes?'', destaca Hans.

''Ser como ellos me hace sentirme mal''

John Holloway, autor del libro Cambiar el mundo sin tomar el poder, y catedrático de postgrado de la Universidad Autónoma de Puebla, tomó la palabra desde el escenario del concierto Move Against G-8, frente a unas 10 mil personas que acaban de escuchar las románticas pero combativas palabras de las melodías de Chumbawamba.

Tímidamente Holloway toma el micrófono: ''¿Cómo podemos hacer del mundo un lugar libre de Bush, Blair, Merkel y todos los asesinos en serie que se reúnen en Heiligendamm? Matándolos, es obvio''. La gente aplaude fuerte. ''Pero no, porque no somos como ellos'', continúa el analista, ''la sola idea me marea. No queremos ser como ellos, nuestra lucha es la asimetría. No muerte contra muerte, no violencia contra violencia, no. Un político es igual a un político. ¡Que se vayan todos!''. La gente grita, aplaude, se exalta. Regresa la calma y todos prestan atención. ''Odiamos a los políticos porque representan el capitalismo, porque lo administran y defienden un sistema detestable que destruye al mundo. No queremos matar políticos, queremos matar al capitalismo, y la única manera de hacerlo es rehusarnos a producirlo, y en su lugar crear algo distinto''. El público lo sigue. Holloway concluye: ''Nuestra arma es que no actuamos como ellos, no hablamos como ellos, tampoco nos parecemos a ellos. ¡Que se vayan todos!''.

 
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