Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 10 de junio de 2007 Num: 640

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Julián Carrillo: la reivindicación de la utopía
NATALIA NÚÑEZ SILVESTRI

El gobierno de la música
JOSÉ ÁNGEL LEYVA Entrevista con ENRIQUE ARTURO DIEMECKE

Coachella 07: el sonido
y la furia

ROBERTO GARZA ITURBIDE

OK Sargento
ALONSO ARREOLA

Fred Frith: música para
un momento

JAVIER ELIZONDO

Coda a Shostakovich
CARLOS PINEDA

Leer

Semblanzas de Carlos

Columnas:
Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

A Lápiz
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Hugo Gutiérrez Vega

EN EL CENTENARIO DE ANDRÉS IDUARTE

Andrés Iduarte ha tenido más reconocimientos fuera que dentro del país. La politiquería barata y el fundamentalismo patriotero lo obligaron a renunciar a la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes y a salir del país para encontrar ámbitos más propicios para el desarrollo de la libertad de pensamiento. Tuvo razón al respetar la voluntad de Frida Kahlo, quien dispuso que su ataúd fuera cubierto por la bandera de la Unión Soviética que, en esos momentos, representaba a todos los grupos afiliados a la Internacional Comunista. Los fariseos y los escribas de siempre se rasgaron las vestiduras, se cubrieron la cabeza de ceniza y exigieron la renuncia de quien era uno de los más brillantes directores del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Iduarte emigró de México, por primera vez, a los veinticuatro años. Vivió la Guerra civil española y, en su calidad de corresponsal oficioso del gobierno cardenista, ayudó a muchos españoles republicanos a refugiarse en México que, en ese momento trágico de la historia moderna, era el país que abría los generosos brazos a los perseguidos de la tierra. Pasó largas temporadas en Francia, Cuba y Estados Unidos; conoció a Gabriela Mistral y la convirtió en su hermana mayor y en su tutora. La correspondencia que mantuvieron hasta la muerte de Gabriela es un modelo de espontaneidad amistosa y de sabiduría literaria. Fue amigo de David Alfaro Siqueiros y de otros mexicanos que auxiliaban a la República Española. Su título de abogado, revalidado por la unam, es de la Universidad de Madrid.

Veo a Iduarte, sobre todas las cosas, como escritor, estudioso de la literatura iberoamericana y maestro de muchas generaciones de estudiantes de universidades estadunidenses. La tesis con la que obtuvo el título de doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Columbia, en Nueva York, y que es uno de los análisis más lúcidos y profundos de la vida y de la obra de José Martí, es un ejemplo magistral del ensayo literario y ha sido reconocida por la critica cubana como el mejor trabajo escrito por un escritor extranjero sobre la poesía y la prosa, tanto literaria como política, del prócer iberoamericano. Los lectores podrán encontrar en Martí escritor las claves de una obra dictada por el talento y por la más arriesgada de las honestidades.

Su cátedra de Historia en la Escuela Nacional Preparatoria, abrió un mundo de inquietudes por nuestra desventurada y, muy pocas veces feliz historia patria. Octavio Paz fue uno de sus alumnos. Lo recordaba como un maestro a la vez paciente y provocador, pues amaba la polémica y defendía con alma y vida la libertad de expresión.

Hace poco, su sobrino Leonardo French Iduarte me recordó que don Andrés dirigió la Revista de la Universidad de México entre 1930 y 1932. Asimismo, recordamos que en 1953 recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, y pensamos en su larga estancia en la Universidad de Columbia, en Nueva York, de la q ue fue profesor emérito.

Leí, y releo con frecuencia, la que para mi es la obra fundamental de Iduarte: Un niño en la Revolución mexicana. En ella, la historia y la novela se dan la mano para crear un cuadro de costumbres y la reseña de una de las etapas más complejas en la historia de nuestro país. Creo que, para conmemorar el centenario de su nacimiento, debería hacerse una edición especial y muy amplia de este libro fundamental para entender algunos aspectos de la historia de la Revolución. No hace falta insistir en el tema de la claridad y belleza de su prosa así como en su fuerza lírica.

Estudiante preocupado por los temas sociopolíticos, participó en muchos encuentros y congresos literarios; perteneció a las juventudes vasconcelistas, fue secretario de Narciso Bassols en la sep, y como ya lo he dicho, director del inba y víctima del macartismo mexicano siempre tan obediente a las órdenes imperiales. Rafael Gaona en su excelente libro, Andrés y Diego en la muerte de Frida, narra esos momentos oscuros de la vida política de nuestros país.

Conocí a don Andrés en uno de sus viajes a Londres. Recuerdo una tarde en la que lo obligué a hablar de sí mismo (tema que no le interesaba demasiado) y lo acorralé para que no se saliera por la tangente de sus admiraciones por otros artistas y escritores. Guardo con cuidado la memoria de esa tarde en la que brillaron las palabras de un maestro, de un escritor notable y de un patriota que conservó su amor por el país a pesar de los avatares y de los olvidos e intrigas de enemigos de poca monta.

Quiero recordar, por último, algunos de los trabajos que aparecen en las obras completas de Iduarte publicadas por Joaquín Mortiz en 1983: sus ensayos sobre la Guerra civil española, sus admiraciones por Rómulo Gallegos, Sarmiento, Martí, Lincoln, Edgar Allan Poe, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán (recuerdo especialmente el prólogo para las obras completas de nuestro miglior fabbro prosístico), así como sus numerosos artículos, semblanzas y estampas.

Recordemos al hombre integro, al maestro insigne, al gran prosista. Repasemos sus admiraciones, pues de ellas sacaremos muchos datos fundamentales para el conocimiento de la historia y de la literatura.

Sus cenizas fueron esparcidas en los dos ríos principales de su vida, el Grijalva y el Hudson. De esta manera se cumplió nuevamente el augurio de don Jorge Manrique: "Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar/ que es el morir."

jornadasem@jornada.com.mx