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Gonzalo Martínez Corbalá

El sistema político y los apoyos del Ejecutivo

El sistema político mexicano, representado en el Congreso de la Unión, como es bien sabido está integrado por el PAN, el PRD, el PRI, el PVEM, Convergencia, el PT, Nueva Alianza y Alternativa. Como fuerzas políticas actuantes que son podrían considerarse organizaciones parecidas a los sindicatos y a ciertos grupos de presión que actúan para conseguir determinados objetivos de orden político, social o económico; en conjunto todos configuran lo que podría ser considerado el sistema político mexicano, que actúa en favor o en contra y en el contexto de las leyes vigentes para los poderes institucionales establecidos, que serían el Poder Ejecutivo federal, los legislativos, judiciales, federales y estatales.

Ahora bien, tanto el jefe del Ejecutivo como los representantes de la nación en la Cámara de Diputados y del pacto general en la de Senadores, tienen su origen político en alguno de los partidos registrados. Es una verdad de Perogrullo que todos los cargos en el servicio público de carácter electoral han debido ser llevados al Congreso federal o estatal, igual que a los gobiernos de los estados, por conducto de un partido político, aun cuando una vez en el cargo su verdadera función no sea representar a los partidos políticos, pues la Constitución federal define a los diputados como representantes de la nación, y por ello han de ver prioritariamente por los intereses de ésta y no por los de su partido de origen, lo cual en la práctica no sucede, pues es bien sabido que en la gran mayoría de los casos, con muy honrosas excepciones, no actúan de esta manera, sino en función de los intereses partidarios, organizados como están en bloques o fracciones de partido, y de esta manera es como son motivados para presentar iniciativas de ley para discutirlas y respaldarlas o desecharlas.

Y aquí es en este punto donde surge el gran problema: ¿el partido mayoritario, que en este caso corresponde a la fracción o el bloque de Acción Nacional, está obligado a respaldar indiscriminadamente las iniciativas del Presidente de la República, quien pertenece a su propio partido? ¿Sólo por este hecho, y a la inversa, el mandatario está obligado en reciprocidad política a respaldar sistemáticamente las iniciativas provenientes de los bloques panistas en el Congreso, de la Cámara de Diputados o em el Senado de la República?

Esto ha dado lugar, sobre todo recientemente, a enjundiosas polémicas en cuanto a quién debe apoyar a quién o si ambas partes, Ejecutivo y partido político, se deben de apoyar recíprocamente. La verdad es que se trata de un falso debate, porque las cosas, al menos teóricamente, debían funcionar de otra manera.

El Presidente de la República lo es de todos los mexicanos, de cualquier partido político al que pertenezcan, y esto ya lo diferencia de su partido, integrado por su propia membresía; está agremiado a él, respondiendo a una ideología determinada que corresponde a una declaración de principios y a un programa de acción, todo lo cual no necesariamente corresponde -ni tiene por qué ser así- al programa de gobierno que lleva a cabo quien fue llevado a la Presidencia de la República por ese partido político, ciertamente, pero que no le puede exigir a quien actualmente es el primer mandatario de la nación que siga comportándose como miembro activo de su partido.

El Presidente de la República, y todo el gobierno federal en este caso, aunque también vale el razonamiento para los gobiernos estatales, tienen que tomar en cuenta a todas las fuerzas políticas actuantes, aun a las económicas y a las sociales que no están afiliadas a ningún partido político, pero que constituyen una fuerza del sistema general de todo el país. Y el jefe del Ejecutivo tiene que hacer la composición de todo el sistema de fuerzas nacionales para de ahí obtener la resultante que corresponde y que debe ser la que rija especialmente la acciones del Poder Ejecutivo.

Esta resultante será distinta a la de todos los partidos políticos por razón natural, puesto que está influida por las de todo el sistema, aunque también por razones elementales debe estar más cercana al del partido mayoritario que a las demás. Y éste, el partido mayoritario, así debe comprenderlo y aceptarlo, y limitarse a actuar con toda claridad en función de su propia declaración de principios y de sus estatutos sin esperar que el Presidente de la Republica y su gobierno sigan igualmente su línea de acción señalada de esta manera.

No nos olvidemos de que el primer mandatario lo es de todos los mexicanos, así como es también el jefe del Ejército y de las Fuerzas Armadas Mexicanas que sirven indudablemente a toda la nación y a todos los compatriotas, y de ninguna manera a algún partido político en especial. Resguarda nada menos que la soberanía nacional.

Así, la mejor conducta política para servir a todos los mexicanos con la banda presidencial en el pecho es que el jefe del Ejecutivo tiene que tomar en consideración los intereses de toda la nación y de todos los compatriotas, así como se juramentó servir a México, respetar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y hacerla respetar.

 
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