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Iván Restrepo

Aspirinas contra el calentamiento global

Cuando le conviene, nuestro vecino del norte y socio comercial se muestra muy estricto con terceros países al exigir el cumplimiento de normas precisas en favor de la salud y el ambiente. Así pasa, por ejemplo, cuando detiene en la frontera cargamentos de melón, jitomate o fresa alegando que contienen residuos de plaguicidas, razón por la que no pueden estar en la mesa de los estadunidenses. Se ha probado varias veces que ese celo protector es para resguardar las cosechas agrícolas locales y reducir las importaciones de otros países.

Pero a veces en el propio Estados Unidos hay sorpresas. Un ejemplo: a finales del año pasado una docena de estados y varias ciudades acusaron al gobierno federal ante la Suprema Corte por no regular las emisiones de gases que producen sus coches y camiones, pues ello afecta la salud pública y contribuye al calentamiento global. Entre los que formularon la demanda destacan California y Massachussets, también ciudades más importantes, como Los Angeles, Boston y Nueva York. A la petición se sumaron los grupos ambientalistas más influyentes.

Alegaron entonces que la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) debe regular todo lo relativo a la Ley del Aire Limpio, arma principal que tienen para luchar contra la contaminación atmosférica ocasionada principalmente por la industria y el transporte automotriz. Los demandantes mencionaban en especial al dióxido de carbono, gas que debe estar sujeto a regulación estricta. Varios estados, incluido California, aprobaron ya normas avanzadas para limitar la emisión de ese y otros gases causantes del efecto invernadero y el calentamiento global.

La administración de Bush alegó siempre que no le correspondía intervenir en esos asuntos, pues la regulación de las emisiones era tarea de cada empresa y del sector productivo. La Corte analizó detenidamente el caso y finalmente dio la razón a los inconformes. Esto, pese a que dicho tribunal, dominado por el ala conservadora, es complaciente con el presidente Bush, como ocurre con los presos concentrados en Guantánamo y en el tema del aborto.

Cuando su popularidad está por los suelos y la mayoría demócrata en el Congreso le cuestiona sus políticas internas y externas, Bush tuvo que acatar el fallo. Y como una primera forma de cumplirlo, en un acto especial exigió a los titulares de transporte, agricultura, energía y a la EPA adoptar nueva normas para reducir el consumo de gasolina y diesel. No dejó de subrayar que así cumplía con el mandato de la Corte e inclusive habló de que es urgente reducir los severos riesgos que corre su país por consumir tanto petróleo, por ser el derrochador por excelencia de hidrocarburos en el planeta y depender extremadamente de otros yacimientos. Asimismo, señaló que hoy, a causa de la acción de regímenes que le son hostiles y por el terrorismo, Estados Unidos es muy vulnerable energéticamente, por lo que debe bajar su consumo de gasolina, depender menos del exterior (¿de Venezuela, Medio Oriente, México?) y cuidar sus reservas petroleras.

La primera meta propuesta es reducir una quinta parte el consumo de gasolina en los próximos 10 años, algo insuficiente. Dado que Bush termina su mandato el año próximo pide que los programas de ahorro se intensifiquen desde ahora, lo mismo que "revolucionar" tecnológicamente a la industria, en especial la automotriz, para que produzca vehículos que ahorren energía y contaminen menos.

Modernizar su aparato industrial puede beneficiar a México, porque así los vehículos nuevos y los paquetes tecnológicos provenientes del vecino país serán más limpios ecológicamente, lo que contrastaría con los miles de autos usados muy contaminantes (los chocolate) que se traen ilegalmente del otro lado y circulan por nuestras ciudades y carreteras.

Bush receta aspirinas al enfermo cuando necesita una intervención quirúrgica. Como se comprobó en la reciente reunión del G-8, el texano tiene su propio modelo contra el calentamiento global, ajeno al de la comunidad de naciones. Entre otras cosas, descarta atacar sus principales causas, como el derroche energético de su país, alentado por las poderosas compañías petroleras.

 
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