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Editorial

Aportaciones al exterior, gastos a revisar

Durante los dos últimos años del sexenio de Vicente Fox, México incrementó sus aportaciones a organismos internacionales en 35 por ciento, por un total de 442 millones de dólares. En un país con tantas carencias como el nuestro, es inexplicable que se destine tal cantidad de dinero a ese rubro, que en muchos casos no benefician los intereses nacionales.

Esta situación llamó la atención de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, que, a solicitud de los grupos parlamentarios de Convergencia, realiza un análisis sobre dichas aportaciones. Entre 2005 y 2006, del total transfferido al exterior, 12 millones de dólares se remitieron a la UNESCO, casi 10 millones al Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE), y más de 6 millones de dólares a la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica, entidades sobre las que no existen objeciones.

Además, cerca de 160 millones de dólares (40 por ciento de las aportaciones) se destinaron a la ONU. De esa cantidad, se aplicaron 31 millones y medio de dólares al pago de contribuciones para los Cascos Azules que operaron en la República Democrática del Congo (10 millones de dólares); Sudán (7 millones); Burundi (4 millones); Etiopía y Eritrea (cerca de un millón); Líbano (medio millón) y cantidades menores para otros países de Africa. Las Fuerzas de Paz de la ONU que operaron en Haití recibieron cerca de 3 millones de dólares.

Lo más increíble es que, de acuerdo con una encuesta mundial elaborada por Global Public Opinion, México es el país que mayor apoyo le da al organismo, lo cual choca de manera frontal con la realidad mexicana. No hay que olvidar que en nuestra nación más de 50 millones de personas viven en la pobreza y que existen rezagos en innumerables rubros, como salud, educación, generación de empleo y estímulos al desarrollo tecnológico, por mencionar algunos.

Como señalan el senador Dante Delgado y el diputado Alejandro Chanona, "México no puede continuar haciendo pagos a diversos organismos internacionales y foros multilaterales, que no reflejan beneficio directo, concreto y evidente a la sociedad mexicana. Menos aún se puede admitir que se destinen fuertes sumas de dinero a los Cascos Azules, cuando, según la propia ONU, países desarrollados, con economías más fuertes que la nuestra, no cumplen con sus aportaciones".

Tales argumentos toman más fuerza si se considera que una porción del dinero se usa para financiar instituciones permeadas por la corrupción, como las Fuerzas de Paz de la ONU, que han sido involucradas en redes de prostitución en Mozambique, Congo, Liberia y Kosovo, entre otros países, y en otros crímenes. En julio de 1996, el ejército canadiense reconoció que había pruebas suficientes que demostraban que 32 cascos azules de ese país habían golpeado, torturado y violado a pacientes y enfermeras de un hospital siquiátrico de Bosnia, por mencionar un caso. Esas barbaridades han sido cometidas también por cascos azules de otras nacionalidades, y no se trata de efectivos provenientes de naciones consideradas como de "mala reputación", sino de un organismo cuya estructura fue mal planeada y peor ejecutada.

Se trata, sin duda, de factores que deberían ser considerados por el gobierno mexicano para replantear prioridades y vigilar el destino de sus aportaciones. En este sentido, es sensata la petición de Convergencia de que se rescindan los acuerdos internacionales por los que el gobierno mexicano se obliga a financiar a los Cascos Azules, por un lado, y de que se analice seriamente el porqué del incremento de las aportaciones al resto de los organismos internacionales, teniendo en cuenta que aquí existen graves y urgentes problemas que atender.

 
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